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Press kit con link de descarga fotos Thomas Demand: El tartamudeo de la historia![]()
Prensa Publicada
La primera gran retrospectiva del alemán Thomas Demand llega a Fundación Proa: más de sesenta obras que reconstruyen espacios históricos con papel y cartón para interrogar la veracidad de las imágenes que moldean nuestra memoria.
Fundación Proa presenta Thomas Demand. El tartamudeo de la historia, la primera retrospectiva en Argentina del reconocido artista alemán, con curaduría de Douglas Fogle y organización conjunta con la Foundation for the Exhibition of Photography (FEP). La muestra reúne más de sesenta obras —fotografías de gran formato, videos y wallpapers— que recorren tres décadas de una práctica situada entre la escultura, la fotografía y el arte conceptual, luego de su paso por el Jeu de Paume de París y el Museum of Fine Arts de Houston.
El método de Demand es tan personal como riguroso: parte de fotografías publicadas sobre episodios emblemáticos de la historia para reconstruir esos espacios a escala real usando únicamente papel y cartón. La sala de control de Fukushima tras el tsunami de 2011, el refugio de Edward Snowden en Moscú, la oficina de la Stasi en Berlín Oriental, el dormitorio universitario de Bill Gates y el cuarto de hotel donde cenó Whitney Houston por última vez forman parte de un repertorio de arquitecturas vacías donde las personas nunca aparecen pero sus huellas permanecen. Una vez fotografiadas las maquetas según las tomas originales, Demand las destruye: la imagen final es el único vestigio de un proceso que puede tomarle meses de trabajo artesanal.
La muestra permanece abierta hasta noviembre.
Foundation for the Exhibition of Photography (FEP) y Fundación Proa presentan "Thomas Demand: El tartamudeo de la historia", la primera gran retrospectiva del artista alemán en la Argentina.
Junto con la Foundation for the Exhibition of Photography (FEP), Proa presenta la muestra curada por Douglas Fogle, que reúne más de sesenta obras —fotografías de gran formato, videos y wallpapers— que recorren tres décadas de una práctica situada entre la escultura, la fotografía y el arte conceptual.
La llegada de Demand a Buenos Aires constituye uno de los acontecimientos más relevantes de la temporada cultural. El artista trabaja con un método muy personal: parte de fotografías publicadas en diarios, revistas, archivos e Internet sobre episodios emblemáticos de la historia para reconstruir esos espacios a escala real utilizando únicamente papel y cartón. La sala de control de Fukushima tras el tsunami de 2011, el refugio de Edward Snowden en Moscú, la oficina de la Stasi en Berlín Oriental, el dormitorio universitario de Bill Gates y el cuarto de hotel donde cenó Whitney Houston por última vez son parte de un inquietante repertorio.
Una vez terminada la construcción de las maquetas, Demand las fotografía según las tomas originales y luego las destruye. La imagen final es el único vestigio de un proceso que al artista puede tomarle meses de trabajo artesanal. En el contexto de un momento histórico atravesado por la circulación incesante de imágenes y el avance de la inteligencia artificial, la obra de Demand adquiere una dimensión clave para reflexionar sobre lo que vemos, cómo procesamos lo que vemos y la veracidad de esas imágenes que moldean nuestro imaginario.
Thomas Demand. El tartamudeo de la historia
“Thomas Demand: El tartamudeo de la historia” es la primera gran exposición retrospectiva en Argentina dedicada al destacado artista alemán Thomas Demand. Organizada junto a la Foundation for the Exhibition of Photography (FEP) y bajo la curaduría de Douglas Fogle, la muestra se presenta en Fundación Proa
Thomas Demand. “El tartamudeo de la historia”
Una retrospectiva del reconocido artista alemán, con curaduría de Douglas Fogie, de sesenta obras que recorren tres décadas de una práctica situada entre la escultura, la fotografía y el arte conceptual. Demand trabaja con un método muy personal: Parte de fotografías publicadas sobre episodios emblemáticos de la historia para reconstruir esos espacios a escala real utilizando papel y cartón. La sala de control de Fukushima tras el tsunami de 2011; el refugio de Snowden en Moscú; la oficina de la Stasi, en Berlín oriental y el dormitorio universitario de Bill Gates. Viernes, sábado y domingo, de 12 a 19, en Fundación Proa, Av. Pedro de Mendoza 1929.
La sala de control de Fukushima, el refugio de Snowden en Moscú y el dormitorio de Bill Gates, construidos en cartón, retratados y destruidos.
septiembre 30, 2026
Hasta noviembre, junto con la Foundation for the Exhibition of Photography (FEP), Proa presenta Thomas Demand: El tartamudeo de la historia, la primera retrospectiva en la Argentina dedicada al reconocido artista alemán. Curada por Douglas Fogle, la exhibición reúne más de sesenta obras -fotografías de gran formato, videos y wallpapers- que recorren tres décadas de una práctica situada entre la escultura, la fotografía y el arte conceptual.
La llegada de Demand a Buenos Aires constituye uno de los acontecimientos más relevantes de la temporada cultural. Luego de su presentación en instituciones como el Jeu de Paume de París y el Museum of Fine Arts de Houston, la exposición desembarca en las salas de Proa con un recorrido que permite acercarse en profundidad a una obra tan única como oportuna.
El artista trabaja con un método muy personal: parte de fotografías publicadas en diarios, revistas, archivos e Internet sobre episodios emblemáticos de la historia para reconstruir esos espacios a escala real utilizando únicamente papel y cartón. La sala de control de Fukushima tras el tsunami de 2011, el refugio de Edward Snowden en Moscú, la oficina de la Stasi en Berlín Oriental, el dormitorio universitario de Bill Gates y el cuarto de hotel donde cenó Whitney Houston por última vez, entre otros, son parte de un inquietante repertorio. Sin mostrar nunca a las personas involucradas, estas arquitecturas vacías conservan las huellas de acontecimientos que permanecen grabados en la memoria colectiva. Una vez terminada la construcción de las maquetas, Demand las fotografía según las tomas originales y luego las destruye. La imagen final es el único vestigio de un proceso que al artista puede tomarle meses de trabajo artesanal.
"Hago esculturas de cartón, las fotografío y luego ya no las necesito. Reflejan algo que quizás hayas visto antes. Se basan en imágenes que conocemos de las noticias, del cine o de la historia. Lo que ves es una copia de una copia, algo familiar pero nunca del todo confiable", explicaba el artista durante su primera visita a Buenos Aires. "Todos conocemos el Despacho Oval o el escondite de Saddam Hussein aunque nunca hayamos estado allí. Compartimos esas imágenes globalmente. La memoria colectiva es como un maravilloso bloque de mármol del que puedo hacer mis esculturas".
En el contexto de un momento histórico atravesado por la circulación incesante de imágenes y el avance de la inteligencia artificial, la obra de Demand adquiere una dimensión clave para reflexionar sobre lo que vemos, cómo procesamos lo que vemos y la veracidad de esas imágenes que moldean nuestro imaginario. "Mi fotografía lleva meses. Esa lentitud le da profundidad y revisión. La pantalla siempre miente; hacer algo con las manos produce una experiencia distinta de la realidad", afirma Demand.
Thomas Demand: El tartamudeo de la historia podrá verse hasta el mes de noviembre en Proa, Av. Pedro de Mendoza 1929, La Boca, Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Argentina.
En su célebre examen de los mitos contemporáneos, Roland Barthes advirtió que el simulacro no es una mentira vulgar, sino un sistema de signos que suplanta a lo real. El signo se independiza de su objeto, se devora a sí mismo y funda una mitología nueva: una verdad de segundo grado que el espectador consume con voracidad y sin sospechas. Bajo esta luz, la irrupción de Thomas Demand adquiere el carácter de un acontecimiento filosófico. El tartamudeo de la historia en las salas de Fundación Proa en La Boca alberga un conjunto de imágenes que no documentan el mundo, sino que lo desarman frente a nuestros ojos. La propuesta de Demand resulta una afrenta saludable contra la aceleración contemporánea. Habitamos una época de flujos digitales incesantes, de inteligencias artificiales capaces de fabricar rostros e historias de la nada, un presente donde la noción misma de verdad se ha disuelto en fachadas, imposturas, engaños y falsificaciones. En este escenario, el artista alemán regresa a la materia. Elige el camino de la sospecha y nos interroga sobre la naturaleza de lo que vemos, sobre los modos en que procesamos la información visual y sobre la fragilidad del imaginario global.
El método de este creador exige una paciencia monacal y un rigor que desafíos la inmediatez del milenio. El punto de partida es un fantasma: una fotografía de prensa, una captura de pantalla, una imagen de archivo que circula por internet y que ya pertenece al depósito de la memoria colectiva. De ese repertorio público, Demand extrae escenarios donde la historia humana dio un vuelco irreversible o donde la intimidad se transformó en fetiche mediático. La lista de los espacios elegidos es un catálogo de la zozobra contemporánea. Con el auxilio de tijeras, pegamento y papeles de colores precisos, el artista levanta maquetas a escala real en su taller. Reconstruye la sala de control de Fukushima tras el azote del tsunami en el año 2011. Levanta el búnker anónimo donde Edward Snowden buscó refugio en Moscú. Pega los paneles grises de la oficina de la Stasi en Berlín Oriental. Arma el modesto dormitorio universitario donde Bill Gates ideó su primer imperio informático, o recrea la habitación de hotel donde Whitney Houston comió su última cena. Construye un imperio de simulacros para sostener el valor de lo analógico y artesanal. Tartamudear será, entonces, subsidiario de esa repetición sonora, levemente desfasada, que agrieta la palabra, la quiebra y la suelta. Un habla dificultosa, imperfecta y entrecortada, que altera la serie y tropieza en la pronunciación de los eventos de la historia.
El cromatismo en estas composiciones no busca la vivacidad de la naturaleza, sino la neutralidad del catálogo. Demand utiliza una paleta que parece extraída de una oficina estatal o de un manual de instrucciones: grises administrativos, verdes institucionales, tonos crema que saturan el espacio sin estridencias. Es un color plano, sin la vibración que la luz natural otorga a las texturas cotidianas. Al eliminar la sutileza de los degradés e impurezas del desgaste real, el color se transforma en un agente anestésico. Esta homogeneidad cromática cumple una función precisa. Despoja al objeto de su pátina histórica y lo reduce a su arquetipo. Un teléfono sobre el escritorio no es un aparato específico con marcas de uso: es la idea misma del teléfono, un volumen puro de color mate. El papel y el cartón, en su uniformidad, absorben la luz en lugar de reflejarla. Esta opacidad material genera una atmósfera extraña, una quietud de quirófano donde el tiempo parece detenido por defecto. Las superficies son perfectas, pulcras, aterradoras en su falta de imperfección. Creemos ver una lapicera roja, cuando en verdad, es un sorbete que recorre varias de sus producciones. Pero al interactuar en un mismo campo semántico visual se transforma en lo que vemos y deja de ser lo que es.
La renuncia a la figura humana constituye el núcleo conceptual de esta propuesta. Las maquetas registran el escenario inmediato a la catástrofe o al pacto secreto, el instante justo donde el cuerpo humano se ha retirado o está a punto de ingresar. No es un vacío pasivo; es una ausencia densa, un silencio cargado que pesa sobre el espectador. Los objetos —una silla volcada, un monitor apagado, unos papeles desparramados en el suelo— actúan como índices de una acción que ya ocurrió. Esta ausencia es sentida, pesada, logra espesor y volumen. Deja ver el hueco de su retirada y de su falta. La paradoja es absoluta. La fragilidad del papel, un material que asociamos con lo efímero, sirve aquí para fijar arquitecturas vinculadas al poder, el trauma o la memoria colectiva. Al sustituir el hormigón de Fukushima o el acero de la Stasi por láminas de cartón, Demand desestabiliza la supuesta solidez de la historia. El peso del acontecimiento político se traslada entonces a la mente de quien observa. Ante estas salas mudas, el visitante se ve obligado a activar su propio archivo mental, a rellenar la falta de cuerpos con los fantasmas que guarda en su memoria.
Al postular que “la imagen es la huelga del sentido”, Barthes define ese instante donde la representación satura el entendimiento, pero se niega a entregar una respuesta unívoca. Es lo que denomina el sentido obtuso: un exceso material que desborda al dato puramente informativo u obvio. En la obra de Thomas Demand, esta suspensión se manifiesta con una potencia perturbadora. Ante el registro de la oficina de la Stasi o del refugio de Snowden, el espectador capta de inmediato el sentido obvio, es decir, el dato histórico y político que el título o el archivo periodístico proveen. Sin embargo, una vez que la mirada procesa esa primera capa informativa, irrumpe este detenimiento: la perfección artificial del cartón, la ausencia de polvo y la pulcritud inhumana de los pliegues detienen la lectura lineal del hecho.
En ese punto exacto, la fotografía de Demand abandona la mera ilustración de la historia y abre paso al sentido obtuso. El objeto de papel no comunica un mensaje cerrado; por el contrario, suspende el flujo lógico de la información y obliga al observador a habitar el desacuerdo entre lo que sabe y lo que ve. No hay un significado que descifrar detrás de esa escenografía muda. La imagen se convierte en un puro significante que resiste a la voracidad del consumo mediático, un espacio huérfano donde la historia oficial entra en huelga para que comience la verdadera experiencia estética.
Lo que el visitante contempla en las paredes de Proa no son las maquetas en sí mismas, sino fotografías de esas construcciones de papel. El proceso es un bucle conceptual perfecto, una verdadera mise en abyme de la representación. Demand encuadra su cámara en el mismo ángulo exacto que dictaba la toma original de la prensa o el archivo. Dispara el obturador. Captura la tridimensionalidad del cartón y, de inmediato, destruye la maqueta. El fuego o el tacho de basura deshacen el trabajo artesanal de meses. La escultura desaparece y solo sobrevive el registro fotográfico. Asistimos, de este modo, a la copia de una copia. El hecho original ya era una imagen mediática; la maqueta fue su traducción física; la obra final es la foto de esa traducción. Es en este punto donde las palabras de Demand resuenan con fuerza en las salas: el espectador se topa con algo familiar, pero descubre que esa confianza es una trampa. Todos creemos conocer el Despacho Oval de la Casa Blanca o el sótano donde se ocultó Saddam Hussein. Esas arquitecturas del poder y del miedo forman parte de unas certezas globalizadas, duras como el mármol. Demand toma ese bloque virtual y lo devuelve bajo la fragilidad del cartón.
Hay una dimensión política profunda en esta obsesión artesanal. Frente a la pantalla táctil que exige un parpadeo constante y que devora los acontecimientos antes de que alcancen a sedimentarse, la obra de Demand opone el peso de la materia y el valor del tiempo suspendido. La pantalla miente porque es fluida, inmediata y superficial. En cambio, el acto de modelar el cartón con las manos reintroduce la experiencia física de lo real. Hay sudor y error milimétrico, una arruga en el papel que exige una atención sostenida, un compromiso corporal que la era digital intenta abolir. Demand hace de la lentitud su trinchera y la foto analógica es su arma.
Escribir sobre estas imágenes monumentales exige desconfiar de las certezas de la superficie. Algo que funciona como espejos rotos de la memoria. Al recorrer la muestra, el espectador experimenta un extrañamiento poético. Es la perplejidad al notar que los recuerdos públicos están hechos de un material tan endeble como el papel de escenografía. En la penumbra de la sala, las imágenes susurran que la historia oficial es un montaje; un decorado frágil que se sostiene con cinta y pegamento, que esta puesta está muy cerca del abismo, al borde, para precipitarse y destruir toda ese tiempo demorado y hecho a mano en pocos segundos.
Thomas Demand (Munich, 1964)
Escultor y fotógrafo alemán. Cursó sus estudios en la Academia de Bellas Artes de Düsseldorf y completó su formación en el Goldsmiths College de Londres. Su producción artística se sitúa en la intersección de la escultura, la fotografía y la historia contemporánea. A lo largo de su trayectoria, ha exhibido de forma individual en las instituciones más prestigiosas del circuito internacional, entre las que destacan: El Museo de Arte Moderno de Nueva York (MoMA), La Tate Modern de Londres, La Neue Nationalgalerie de Berlín, El Centro Pompidou de París
En la actualidad, reside y trabaja entre las ciudades de Berlín y Los Ángeles, donde continúa su investigación sobre los mecanismos de la representación visual y la memoria colectiva.
Ficha técnica
"Thomas Demand. El tartamudeo de la historia"
Del 22 de agosto a noviembre 2026
Organiza: Foundation for the Exhibition of Photograph (FEP) - Fundación Proa
Curaduría: Douglas Fogle
7 minutos de lectura
“No hay intervención digital”, aclaró Gastón Deleau, director artístico de Arte x Arte, al presentar días atrás la primera exposición en la Argentina del artista francés Georges Rousse. Se refería a las treinta fotografías que sintetizan más de cuarenta años de carrera, y que demandaron una producción mucho mayor de lo que parece a simple vista: como en el caso de su colega alemán Thomas Demand, que protagoniza en Fundación Proa su primera retrospectiva en el país, el clic en la cámara es el paso final de un largo trabajo manual.
Ambos contaron en Buenos Aires cómo son sus procesos creativos para crear obras en las que nada es lo que parece. A la manera de colegas como el brasileño Vik Muniz, que crea escenas complejas con materiales no convencionales -desde azúcar hasta basura y diamantes- con la intención de “crear conexiones alternativas a la realidad”, de Dino Bruzzone y Leandro Erlich con sus maquetas e instalaciones o de Esteban Pastorino con sus cámaras especiales, hay que prestar atención para descubrir cuál es el truco que desafía nuestra percepción.

Por ejemplo, Rousse realizó una intervención en la planta baja de la fundación de Villa Crespo, para mostrar hasta qué punto sus imágenes realizadas desde la década de 1980 son una “trampa al ojo”: esas figuras geométricas de colores que parecen flotar en la sala al verlas impresas sobre el papel o dibujadas en el boceto previo, se forman en realidad cuando alguien se para en un punto específico señalado en el piso y observa las paredes pintadas. Al moverse de allí, se deconstruyen para revelar su tridimensionalidad.

“El año pasado vinimos para ver el espacio y nos enteramos de que este año se celebraban los cuarenta años del fallecimiento de Jorge Luis Borges. Eso me llevó a releer su literatura y ver la analogía con estas fotografías, la relación de los dos con el espacio”, contó la curadora franco-peruana Marisa Sanabria Sequeiros, quien se inspiró en los objetos imposibles, los espejos, la multiplicidad y el infinito para concebir esta exposición.

En tiempos en que la IA genera imágenes muy realistas en pocos segundos, son varios los artistas que continúan creando a contracorriente. En el caso de Demand, también lo analógico supera a lo digital. Su exposición en La Boca, curada por el estadounidense Douglas Fogle, reúne más de sesenta obras -fotografías de gran formato, videos y wallpapers- que recorren tres décadas de una práctica muy particular: este artista parte de fotografías publicadas en diarios, revistas, archivos e Internet sobre episodios emblemáticos de la historia para reconstruir esos espacios a escala real con papel y cartón. Una vez terminadas las maquetas, las fotografía según las tomas originales y las destruye. “La imagen final es el único vestigio de un proceso que puede tomarle meses de trabajo artesanal”, señalan desde Fundación Proa.

“En este momento hay demasiadas imágenes –dijo Demand en una entrevista con Marina Oybin para LA NACION, cuando visitó Buenos Aires en agosto para montar El tartamudeo de la historia-. Por eso, las cosas en las que trabajo buscan apartarse de este ritmo vertiginoso, de este bombardeo constante que recibimos todos los días. Necesito ir mucho más despacio, para pensar y descubrir qué es lo que realmente permanece”.

“Me suelen preguntar si yo le copiaba a David LaChapelle”, comentaba a pocas cuadras de allí unos meses antes Marcos López, mientras su retrospectiva en Fundación Larivière se convertía en la más visitada en la historia de la institución. El creador del Pop Latino se refería al colega estadounidense que también construye sus escenarios de la misma manera en que un director de cine trabaja junto a un director de arte, y convierte la escenografía en parte fundamental del significado de su obra.

“‘Sí, sí, le copiaba’ –reconoció López-. Mi generación copiaba todo. En el error y en el bajo presupuesto está el eje de la estructura de identidad de mi obra. Quería hacer una foto como LaChapelle, que hacía una producción de 50.000 dólares con catorce asistentes. Yo la hacía solo, con mi tía sosteniendo un jabón de lavar”.
Entre las fotografías exhibidas se contó una de sus favoritas: el retrato que le realizó por encargo del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires a Isabelle Huppert, la actriz francesa que visitó la Argentina en 2015. “Ella tenía solo una hora para vestuario, maquillaje y fotos -recuerda ahora López en diálogo con LA NACION-. Demoró 45 minutos en vestuario y maquillaje, y solo tuvimos 15 minutos para la foto. Yo le propuse que interpretara a una cantante de tango borracha. Ella aceptó. Empapelamos el living de mi casa, lo avejentamos con mi equipo de dirección de arte y conseguimos mesas de bar. Al piano sumamos un bandoneón, un atril de piano, unas pinturas antiguas. Hicimos lo que se llama ‘pintura extendida’: extendimos un óleo sobre la pared, para crear un clima melancólico y decadente. Hicimos la iluminación con un extra. Y cuando ella llegó al set, no hubo necesidad de dirigirla. Es tan buena actriz, que solo puso esa mirada de la foto. Hice clic, clic y en diez minutos terminamos la sesión. Solo hice 15 fotogramas y no hubo retoque digital”.

Una aproximación similar tiene Leandro Katz, artista, escritor y cineasta que protagoniza en el Bellas Artes su primera muestra antológica en un museo argentino. Por series como Proyecto Catherwood, un metódico registro de las ruinas mayas que integra la colección del MoMA de Nueva York, él se define como un “agricultor de imágenes”.

“La idea viene de la antropología –explicó a LA NACION-. La diferencia que yo hacía, como fotógrafo, era que yo no era un cazador de imágenes como la mayoría de la gente, que sale a sacar fotos y que encuentra oportunidades a la manera de [Henri] Cartier-Bresson. Me cansé de llevar cámaras en el hombro, y dije: ‘Me voy a concentrar en proyectos específicos’. De ahí salen la disciplina y la rigurosidad de cultivar imágenes. Y a veces me perdía oportunidades de cazador, porque decía: ‘Tengo un número limitado de negativos que puedo exponer, y no voy a gastarlos en hacer fotografía incidental’”.
!["El Castillo [Chichén Itzá]" (1985), de la serie "Proyecto Catherwood" (1985-1995)](https://www.lanacion.com.ar/resizer/v2/el-castillo-chichen-itza-1985-de-la-serie-LJVKP4YLK5H33LEQY2KBAWLSBU.jpg?auth=30d8e637eaddb3019ff0002e9fbcce72d37611c203267ea6ad06e07ad8c750db&width=420&height=538&quality=70&smart=true)
En la era de duplicación digital del mundo y el realismo engañoso de la IA, las fotografías de Thomas Demand solo pueden desconcertar. A primera vista, Oficina (1995), pongamos por caso, bien podría pasar por la foto de una oficina con hojas de papel desparramadas por todas partes, como por efecto de un cataclismo. También Claro en el bosque (2003) podría ser una panorámica de un bosque, con un primer plano tupido de árboles frondosos, tras el que asoma la luz del sol. Y sin duda Refugio II (2021) bien podría pasar por la fotografía de una habitación austera de hotel, con una cama prolijamente tendida arrinconada en una esquina del cuarto, un enchufe y una lámpara circular de pared. Pero hay algo, indefinible en cada caso, que invita a mirar las fotografías con más atención.
Basta observar los detalles, o mejor, la falta de detalles, para comprobar que las fotos no muestran lo que los títulos prometen. O, más bien, que las fotografías son y no son lo que dicen ser. Porque, con un método ya clásico en su obra, a partir de alguna referencia fotográfica, Demand ha construido escrupulosas maquetas de papel y cartón de la cosa en sí a escala real ─la oficina, el claro del bosque, el refugio─, que luego ha fotografiado copiando el encuadre de la foto original, y más tarde ha destruido, hasta darle a la fotografía resultante una naturaleza paradójica que nunca antes había tenido. La oficina, el claro en el bosque y el refugio han ganado una doble vida de escultura y fotografía, materialidad artesanal y abstracción conceptual, instantaneidad y duración, ficción y realidad.
Porque, aunque no siempre lo sospechemos frente a las fotos, cuenta también la Historia que palpita por detrás. Las imágenes cargan a menudo con los rastros imprecisos que los hechos han dejado en los medios que los dieron a conocer, y se han fijado en la memoria colectiva e individual. La oficina de Oficina puede ser un despacho del cuartel general de la Stasi, saqueado en 1989 después de la caída de la República Democrática Alemana, y el Refugio, la habitación de hotel del aeropuerto de Sheremetyevo en la que el ex empleado de la CIA Edward Snowden se refugió antes de conseguir exilio político en Rusia. Pero también puede que se trate de imágenes de la naturaleza o instantáneas del entorno cotidiano, y que Claro en el bosque sea sencillamente un claro en el bosque. Y si con todo su artificio las fotos parecen reales, es en parte porque la escala 1:1 de las maquetas es capital: el propio Demand ha podido habitar las esmeradas reconstrucciones de los espacios “originales”, y por lo tanto también quien mira podrá imaginarse inmerso en ese entorno. Invariablemente vaciadas de presencia humana, abiertas a lo que puede haber sucedido o lo que podría suceder, cobran vida en un instante de efímera fragilidad. Pero si la escala gravita en el “efecto de realidad” de la escena, la falta de detalles, por el contrario, la “desrealiza”. Las superficies netas, sin marcas de uso ni inscripciones, el sutil juego de colores, la iluminación fría y uniforme, convierten a los objetos en calcos deliberadamente imperfectos, alegorías de sí mismos, que sin los detalles superfluos pierden en parte su capacidad de provocar, diría Barthes, la ilusión referencial. La eficacia de las imágenes ─“convincentemente reales y extrañamente artificiales”, se ha dicho─ se juega en esa tensión.
"Oficina", 1995, C-Print/Diasec, 183,5 x 240 cm (izquierda), y "Refugio II", 2021, C-Print/Diasec, 160 x 200 cm (derecha). © Thomas Demand, VG Bild-Kunst, Bonn, cortesía del artista y de Matthew Marks Gallery / Sprüth Magers / Esther Schipper, Berlín / Taka Ishii Gallery.
Conviene detenerse en esa reformulación epistemológica de lo real. La transmutación de las imágenes originales en fotografías sin marco cubiertas de plexiglás de sus dobles escultóricos ─ventanas al mundo y a la vez piezas autónomas─ las despoja de su carga anecdótica y las vuelve copias ambiguas de sus referentes. Porque ¿qué relación guardan las fotos con las cosas reales que quieren evocar? Metáfora, alegoría, señuelo artificial, facsímil de un original y al mismo tiempo registro indicial de sus copias ficcionales, la fotografía de Demand ha encontrado una forma inquietante de representación en la frontera difusa entre la realidad y la ficción, que extraña la percepción. Y si ya no damos por sentado el valor de verdad de la imagen fotográfica, las suyas han concebido un nuevo realismo que usa el artificio para que lo real pueda volver a ser real. Como sus títulos, precisos, minimalistas y a la vez genéricos, su obra figura el mundo con imágenes ciertas, reconocibles, palpables, y a la vez abiertas para activar la imaginación del espectador. No sorprende que Demand reconozca la marca que Bertrand Russell, Wittgenstein, Carnap y otros filósofos analíticos dejaron en su formación. Su obra es una dilatada reflexión muda sobre los hechos y las cosas, el relato de los hechos y la vida de los objetos, su capacidad ficcional y, al mismo tiempo, una forma de resistencia frente a la evanescencia de las imágenes virtuales y el realismo algorítmico. “Lo real se ficcionaliza”, concluyó alguna vez Jacques Rancière, “para poder ser pensado”.
Pero no todo es alquimia conceptual en la trasmutación del mundo según Demand. Decenas de hojas de papel en blanco cubren efectivamente los muebles y el piso en Oficina; 270.000 hojas de árboles hechas de papel componen el bosque frondoso de Claro en el bosque; 36 toneladas de cartón dieron forma a una caverna subterránea con estalagmitas y estalactitas en Gruta (2006). No parece casual que el papel se haya convertido en el ADN de la obra, piedra de toque de su representación paradójica del mundo real. También el papel es metáfora contradictoria de aquello que, como los documentos y los libros, está destinado a perdurar, y a la vez de lo efímero, como las linternas chinas o los castillos de naipes. Pilar de la preservación de la memoria histórica y la democratización del conocimiento, en cualquier caso, el papel desaparece poco a poco en un irrefrenable proceso de digitalización del que la obra de Demand habla sin énfasis, al tiempo que se autorrefiere sutilmente. Siete fotocopiadoras parecen haberse congelado en un Centro de copiado (1999), un escenario como todos vacío, pero triplemente elocuente: las copias de papel pronto desaparecerán, como desaparecerán las resmas que las alimentan y hasta quizás los libros que se fotocopian. Pilas de carpetas se despliegan sobre una mesa en Carpetas (2017), una reconstrucción de la presentación de pruebas que los abogados de Donald Trump desplegaron en 2017, puro teatro político de dossiers de hojas en blanco, como los de la propia obra. En Taller (2014), en cambio, los recortes que colorean el piso son el rastro preciado de los collages de Matisse, que las copias de papel de Demand recrean amorosamente. También las velas y cartas de un santuario espontáneo que guardan la memoria de los muertos de una tragedia en Tributo (2011) son tan frágiles y efímeros como los dobles de papel y cartón con que Demand los ha reconstruido.
"Carpetas", 2017, C-Print / Diasec, 125 x 195 cm. © Thomas Demand, VG Bild-Kunst, Bonn, cortesía del artista y de Matthew Marks Gallery / Sprüth Magers / Esther Schipper, Berlín / Taka Ishii Gallery.
Y es que las maquetas, parece decir la obra por extensión, son una especie de matriz del mundo, su barro primordial. De ahí que, en una especie de homenaje, con un gesto especular y sin las mediaciones que esta vez serían redundantes, Demand haya fotografiado maquetas del estudio del arquitecto californiano futurista John Lautner y los moldes del diseñador de modas tunecino Azzedine Alaïa. Frente al avance de la virtualidad, las maquetas y los moldes, como su propia obra, celebran la materia y la destreza artesanal. “El trabajo artesanal”, propone Richard Sennett en una extendida reivindicación del rol social y cultural del artesano, “pone el foco en los objetos mismos y las prácticas impersonales, atempera la obsesión, estimula la curiosidad y la reflexión sobre el uso y el sentido de las cosas”.
Pero hay más. Si las maquetas le dan a la foto la ilusión de un espacio tridimensional, también dejan una etérea constancia del tiempo que llevó montarlas. Y es como si con ese pase de magia, la fotografía, fatalmente plana y condenada al instante, se dilatara en el tiempo. No contento, sin embargo, con esa expansión, Demand ha conseguido incluso darle movimiento a su mundo de cartón. Después de años de trabajo con animación stop-motion, consiguió, por ejemplo, poner en escena dos minutos de la coreografía loca que el mobiliario del salón de un crucero compuso en medio de una tormenta tropical (Pacific Sun, 2012), o registrar el ir y venir de las sombras de unos globos que se mecen con el viento (Globos, 2018). Así extrañado, el caos repentino que irrumpe en un viaje de placer se convierte en un ballet absurdo, minuciosamente orquestado hasta con los objetos más banales. Pura gracia del ocultamiento y la precisión escenográfica, el movimiento de los globos solo se adivina por las sombras y las cintas que los anclan al piso con un broche de tender la ropa. Lo cómico en la obra de Franz Kafka, observa Roberto Calasso, nace de una atención obsesiva y exacta a lo minucioso.
Imágenes de "Pacific Sun", 2012, animación en video, 2,02 min, sonido: David Cunningham. © Thomas Demand, VG Bild-Kunst, Bonn, cortesía del artista y de Matthew Marks Gallery / Sprüth Magers / Esther Schipper, Berlín / Taka Ishii Gallery.
En 2008, con todo, una nueva serie provocó un giro inesperado en la obra. Las imágenes de The Dailies, creadas a partir de fotos incidentales tomadas con el celular y luego reproducidas en maquetas de cartulina —un jabón en el borde de una pileta, una gomita en un plato, dos vasos de papel incrustados en una cerca de tejido de alambre—, consiguen una condición táctil mayor que la de la realidad indicial de la foto original y, metafóricamente, sustraen a las cosas de esa condena a la virtualidad plana del mundo digital. Para contrariar la uniformidad prefabricada de los filtros de Instagram y dar una vibración especial a los colores de la imagen, Demand recurrió en la serie a la ya casi desaparecida técnica de impresión por transferencia de tintes usada por la fotografía comercial y publicitaria hasta principios de los noventa (y por el fotógrafo William Eggleston), y a uno de los pocos artesanos aún capaces de hacer las copias: cada una requirió cuarenta horas de trabajo y meses de preparación. Paradójicamente, con toda su mediación y su artificio, un detalle nos mira desde la foto aquí enmarcada y, por ese llamado y su concisión, Demand reconoce en la serie la economía poética del haiku. “Una suerte de perfección asoma cuando las cosas no son totalmente perfectas”, asegura. “La perfección sucede cuando las cosas, en su fragilidad, quedan abiertas a la imaginación”. El extrañamiento, se diría, funciona como una especie de antídoto a la percepción anestesiada por las pantallas: Atienda, espectador. Mire otra vez eso que usted mira a diario y ya no ve. No mire el mundo a través de la pantalla plana y vuelva a mirar las cosas en sus tres dimensiones, sus formas, sus colores. Tóquelas, huélalas, pálpelas.
"Diario #21", 2013, impresión por transferencia de tintes enmarcada, 59,8 x 45,4 cm (izquierda) y "Diario #15", 2011, impresión por transferencia de tintes enmarcada, 73,8 x 59 cm. © Thomas Demand, VG Bild-Kunst, Bonn, cortesía del artista y de Matthew Marks Gallery / Sprüth Magers / Esther Schipper, Berlín / Taka Ishii Gallery.
Sesenta obras de Demand, incluidos dos videos y unos empapelados gloriosos que envuelven el recorrido, se pueden ver en la Fundación Proa hasta noviembre. Las reproducciones de las pantallas solo consiguen un pobre anticipo de la experiencia real. Corra a La Boca, lector, a ver la cosa en sí en obstinadas copias de papel. La magia completa solo sucede ahí.
Thomas Demand, El tartamudeo de la historia, curaduría de Douglas Fogle, Fundación Proa, Buenos Aires, 22 de agosto – noviembre de 2026.
Imagen de apertura: Thomas Demand, Claro en el bosque, 2003, C-Print/Diasec, 192 x 495 cm. © Thomas Demand, VG Bild-Kunst, Bonn, cortesía del artista y de Matthew Marks Gallery / Sprüth Magers / Esther Schipper, Berlín / Taka Ishii Gallery.
Thomas Demand. “El tartamudeo de la historia”
Una retrospectiva del reconocido artista alemán, con curaduría de Douglas Fogie, de sesenta obras que recorren tres décadas de una práctica situada entre la escultura, la fotografía y el arte conceptual. Demand trabaja con un método muy personal: Parte de fotografías publicadas sobre episodios emblemáticos de la historia para reconstruir esos espacios a escala real utilizando papel y cartón. La sala de control de Fukushima tras el tsunami de 2011; el refugio de Snowden en Moscú; la oficina de la Stasi, en Berlín oriental y el dormitorio universitario de Bill Gates. Viernes, sábado y domingo, de 12 a 19, en Fundación Proa, Av. Pedro de Mendoza 1929.
ETCÉTERA
Thomas Demand ¿Qué sucede cuando una imagen pasa de una fotografía a un archivo, de una pantalla a un espacio físico, o de un documento a una nueva representación? En Simulacros de la información, los especialistas de arte Mercedes Lozano y Juan Cruz Pedroni ofrecen un recorrido por la retrospectiva del artista conceptual alemán. La visita pone el foco en los espacios asociados con la producción, circulación y conservación de información: oficinas, depósitos, lugares de tránsito y otras arquitecturas que en las obras aparecen como escenarios aparentemente neutros pero que contienen rastros de hechos, decisiones y memorias.
A las 17, en Fundación Proa, Av. Don Pedro de Mendoza 1929. Entrada: $7000.
Thomas Demand. “El tartamudeo de la historia”
Una retrospectiva del reconocido artista alemán, con curaduría de Douglas Fogie, de sesenta obras que recorren tres décadas de una práctica situada entre la escultura, la fotografía y el arte conceptual. Demand trabaja con un método muy personal: Parte de fotografías publicadas sobre episodios emblemáticos de la historia para reconstruir esos espacios a escala real utilizando papel y cartón. La sala de control de Fukushima tras el tsunami de 2011; el refugio de Snowden en Moscú; la oficina de la Stasi, en Berlín oriental y el dormitorio universitario de Bill Gates. Viernes, sábado y domingo, de 12 a 19, en Fundación Proa, Av. Pedro de Mendoza 1929.
Thomas Demand. “El tartamudeo de la historia”
Una retrospectiva del reconocido artista alemán, con curaduría de Douglas Fogie, de sesenta obras que recorren tres décadas de una práctica situada entre la escultura, la fotografía y el arte conceptual. Demand trabaja con un método muy personal: Parte de fotografías publicadas sobre episodios emblemáticos de la historia para reconstruir esos espacios a escala real utilizando papel y cartón. La sala de control de Fukushima tras el tsunami de 2011; el refugio de Snowden en Moscú; la oficina de la Stasi, en Berlín oriental y el dormitorio universitario de Bill Gates. Viernes, sábado y domingo, de 12 a 19, en Fundación Proa, Av. Pedro de Mendoza 1929.
Por: Marina Sepúlveda
“La memoria colectiva es como un maravilloso bloque de mármol del que puedo hacer mis esculturas”, comenta Thomas Demand en su paso por Buenos Aires con motivo de la retrospectiva “El tartamudeo de la historia”. Es el artista alemán conocido por recrear en maquetas de papel y cartón escenas extraídas de los medios de comunicación a las que fotografía, y deja como único testigo de ese acto creativo la copia de una copia.
Más allá de Walter Benjamín y su libro La obra de arte en la época de su reproductibilidad técnica, el trabajo de Thomas Demand se inscribe en una tradición donde lo artesanal y el “pensar con las manos” dicta una paciencia infinita y la atención al más mínimo detalle, bien lejos del uso explosivo de la IA, tanto desde lo creativo como en su faceta negativa en la generación de las abundantes noticias falsas que pueblan las redes.
Así, pequeñas flores de cerezo se despliegan acompañando el ascenso por una escalera y tréboles de tres hojas de intenso verde contrastan con el interior de una gruta y se distancian de una sala de control de la Central de Fukushima o las más cotidianas imágenes de un par de vasos descartables dejados en un enrejado de la vía pública, forman parte de ese imaginario común que interpela y utiliza el artista para reconstruirlas en escala real y cuestionar la memoria, y la realidad. Todos parecen ser instantes, y momentos de tensión.
“¿Qué recordamos realmente de los acontecimientos históricos? ¿Cuánto de esa memoria es alimentada por la experiencia y cuánto de las imágenes que consumimos a través de los medios?”, se preguntan desde Proa. La respuesta está en esas más de 60 obras fotográficas y dos animaciones de stop motion del artista que funcionan como una experiencia narrativa completa, al menos para el curador Douglas Flogle. Pero son imágenes sin personas. Esa es la condición del ejercicio de memoria.

En su sexta itinerancia y proveniente del museo de fotografía Jeu de Paume parisino previo paso por Shanghái, Jerusalén, Houston y Taipéi, la muestra es curada por el norteamericano Fogle, y traza una cronología biográfica y temática de Demand en el barrio de La Boca hasta el 29 de noviembre, organizada por la Foundation for the Exhibition of Photography (FEP) y la local Fundación Proa.
Además la exposición aborda cuatro enfoques de una producción de tres décadas comenzando por algunos hitos de la historia alemana y de la infancia del artista. Pueden observarse fotografías a gran escala de maquetas basadas en imágenes prestadas de los medios de comunicación, hasta llegar a una última serie en desarrollo como son los Dailies (Diarios) iniciada en 2008. En esta última serie usa imágenes tomadas con su teléfono celular de su cotidianeidad, en clave biográfica y divertida: broches, tazas, jabones en un baño, envases vacíos. El trabajo artístico de largo aliento es transformar la imagen en escultura de papel y ésta en imagen, en un proceso que termina con la destrucción de la maqueta, y la exposición fotográfica.
Del cartón y las maquetas a las fotosFormado en principio como pintor, su paso a la escultura fue atender un desafío. En cuanto al uso del papel fue por un motivo económico y a la sencillez de tirar lo que no saliera bien o lo que no pudiera guardar, según relata. Y fue el profesor de escultura quien le sugirió fotografiar las maquetas para dejar un registro previo a la destrucción, dando inicio, como sin más, a su práctica.

La única maqueta que no destruyó es Gruta (2006), que creada con 36 toneladas de cartón se encuentra exhibida en la italiana ciudad de Milán, y cuya fotografía puede apreciarse en el primer piso de la muestra mide 198 por 440 centímetros, y fue realizada a partir de muchas fotos de grutas, sintetizando un ideal.
En cuanto a la serie Estudios de modelos (2011) se trata de fotografías de toma directa realizadas por el artista sobre maquetas y moldes de reconocidos arquitectos como Kazuyo Sejima y Ryue Nishizawa (del estudio de arquitectura japonés Sanaa) y patrones del diseñador de moda Azzedine Alaïa, explica el curador. En este caso las imágenes evitan el paso de la reconstrucción en papel, pero habilitan un reencuadre especial de otras facturas estéticas.
Por último, están las animaciones realizadas con la técnica de stop motion como Pacific Sun (2012) -con un lugar central en la exhibición- en donde recrea el interior de un crucero azotado por las olas a partir de un video de YouTube, y Globos (2018), en una serie iniciada con la reconstrucción del accidente mortal de Diana Spencer con Tunnel (1999). Al respecto de esta obra inicial el artista pregunta: ¿saben cómo murió, cómo fue el accidente, qué recuerdan?

Como dato curioso, Pacific Sun de unos 2 minutos de duración demandó tres años de trabajo en Los Ángeles, realizado a partir de un video de seguridad del barco homónimo. El corto es “un increíble ballet del caos que Thomas recreó, y que además tuvo la dificultad de hacerlo con papel y realizar la animación stop-motion en una ciudad sísmicamente inestable”, cuenta irónico el curador.
Pero hay una característica especial del artista interesado por la composición del espacio y la arquitectura, y es la inexistencia de personas en sus obras. “Si veo el espacio vacío, me siento invitado a imaginarme en ese espacio”, explica Demand y agrega que mucha gente fotografía personas “y lo que realmente me interesa es el espacio y su potencial, y nuestra memoria, lo que aportamos a los espacios”, y reflexiona acerca de la noción de naturaleza que es “muy parecida a una construcción” porque “nuestras interpretaciones de los espacios nos acompañan constantemente cuando los reconocemos, aunque nunca los hayamos visto antes”.
Entre las obras se destacan temas políticos como los de Habitación (1994) -ecos de un atentado fallido a Hitler-; Archivo (1995) con cajas de películas de Leni Riefenstah, directora censurada después de la guerra; Gangway (2001), la escalera de acceso a un avión en una pista; y Studio (1997) un set de televisión de Alemania Oriental. Otros son Sala de control (2011) que recrea un instante del desastre de Fukushima; la policial Vault (2012) sobre el caso de robo pinturas; un Atelier (2014) de artista; y una maravillosa explosión rosada en Hanami (2014) que retoma la tradición japonesa de la contemplación de los cerezos en flor; o bien una misteriosa Workshop (2017) de un taller de luthería; y por supuesto, la serie de imágenes cotidianas.
¿Dónde visitar la obra?“El tartamudeo de la historia” puede visitarse en PROA, Av. Pedro de Mendoza 1929 (CABA), de miércoles a domingo, de 12 a 19, con entrada gratis los miércoles, y entrada general de 6000 pesos.
Cada imagen es un misterio que invita a descubrir su significado, y la ayuda viene en breves textos que anclan cada historia aunque no sea esto necesario. “Pero sí las imágenes te despiertan curiosidad, los textos son pequeñas joyas de un lenguaje maravilloso que aportan información adicional para una experiencia más enriquecedora”, invita Demand. Ante una producción de maquetas que lleva meses e incluso años, Demand señala: «Mi fotografía lleva meses. Esa lentitud le da profundidad y revisión. La pantalla siempre miente; hacer algo con las manos produce una experiencia distinta de la realidad».
La formación de DemandThomas Demand (Munich, 1964) estudió en la Academia Akademie der Bildenden Künste de su ciudad natal (1987), dos años después en la Staatliche Kunstakademie de Düsseldorf donde conoció al escultor Fritz Schwegler quien lo animó a investigar las posibilidades de las maquetas; después pasó por la Cité des Arts (París) en 1992 y el Goldsmiths’ College de Londres. Vivió en Los Ángeles, y en 2011 pasó a enseñar en la HFBK de Hamburgo. Recibió los doctorados honoris causa del Royal College of Arts de Londres (2012) y la Accademia di Brera (Milán) en 2019, y fue nombrado Caballero de la Orden de las Artes y las Letras (Francia) en 2024.
¿Por qué El tartamudeo de la historia como título? “Surgió al reflexionar sobre la forma en que Thomas aborda su material y su contenido”, porque tras destruir el modelo “lo que queda es este doppelgänger fantasmal de una imagen del mundo en el que vivimos, y esta obra vuelve a introducirse en el mundo”, reflexiona Flogle. Y agrega: “es la parte desconcertante, misteriosa y mágica de la obra de Thomas, y esa conexión entre la historia, la imagen de la memoria y el mundo, y la forma en que interactúan es el tartamudeo. Es como un tropezar con imágenes o recuerdos”.

Por Eleonora Jaureguiberry

Tengo un recuerdo amarillo. Amarillas eran las tablas del arenero que cada primavera se rellenaba con la arena traída en la caja de un camioncito que entraba marcha atrás al jardín; amarillas eran la luz del sol que teñía todo y la escalera de caña que mi papá construyó para que las hermanas menores se iniciaran en el deporte familiar de trepar árboles, empezando por el que daba sombra allí; amarillo el pantalón jardinero de pata corta de la más chica, y amarillo también su flequillo. ¿O ese jardinero pertenece a otro recuerdo?
Thomas Demand (Munich, 1964) también recuerda una escalera. En Treppenhaus (Escalera), el artista apela a su memoria para reconstruir y fotografiar la escalera de su escuela. La paleta de colores, el rigor arquitectónico, la baranda roja, la iluminación precisa, el tamaño y la calidad de la copia —cubierta por una capa de plexiglás brillante y matérico— parecen pertenecer a un recuerdo fiel. Pero Demand despeja el equívoco: en la imagen no hay puertas porque no las recuerda; cuando volvió al lugar, encontró curvas en la escalera.
Thomas Demand. El tartamudeo de la historia es la primera retrospectiva del artista en la Argentina. En exhibición en la Fundación Proa hasta noviembre, la muestra propone una reflexión inteligente y bella sobre la memoria histórica y el acto de recordar.

El artista parte de fotografías domésticas, así como de imágenes y filmes de reporteros gráficos y otros artistas. Las reproduce a escala 1:1 en cartón y papel; después de fotografiarlas, Demand recicla los materiales. La obra final es la fotografía de una maqueta que reconstruye una imagen instalada en la memoria colectiva. Allí reside el núcleo de su trabajo: en hacer visible la operación de resignificación de los hechos que implica evocarlos.
Como le interesa que su obra sea recordada como una experiencia, Demand interviene los espacios de exhibición con estrategias inmersivas. En la planta baja de Proa, un empapelado abstracto de columnas parece evocar el poema de Borges: “De fierro, de encorvados tirantes de enorme fierro (tiene que ser la noche), para que no la revienten y la desfonden las muchas cosas que mis abarrotados ojos han visto, las duras cosas que insoportablemente la pueblan”. En la escalera, en cambio, eligió Hanami, un motivo de flores de cerezo que se repite hasta envolvernos en la belleza efímera y desmesurada de la naturaleza.
En la primera sala domina la escena una gran imagen del salón donde un miembro del ejército alemán cometió un atentado fallido contra Hitler. Demand construyó primero la maqueta del espacio y luego reprodujo con precisión el estado en que quedó tras la explosión. También se exhibe una imagen de la oficina de la Stasi, la policía secreta de la RDA, asaltada por sus víctimas después de la caída del Muro de Berlín.

Los trampolines de El triunfo de la voluntad y el estudio de Leni Riefenstahl, la cineasta oficial del nazismo, remiten a las fronteras permeables entre estética e ideología. El humor aparece en Folders (Carpetas), donde Demand recrea la presentación de Trump de supuestas pruebas ante la prensa, documentos que luego no podían consultarse. Aunque en las escenas no hay gente, el poder evocador de las imágenes produce escozor inmediato.
También aparecen escenas cotidianas: un jabón al borde de la bañadera, un vaso de helado con cucharita plástica de color, el santuario espontáneo de velas tras una estampida mortal en una fiesta rave. Se suma a ellas la reproducción monumental de una caverna inspirada en una postal, cuya maqueta, realizada con impresoras 3D, pesa varias toneladas y es la única que no fue destruida.
Demand es un artista conceptual. Su obra más sintética, la que quizás mejor represente su programa, es la fotografía de una cortina vertical reconstruida a escala real en papel y cartón, que reproduce con precisión los pliegues y la textura del material original. La obra funciona como una metáfora eficaz de la estopa de la que está hecha la memoria: a través de sus pliegues hay cosas que vemos, otras que creemos ver, y otras que permanecen ocultas. La cortina es amarilla.
*“Thomas Demand: El tartamudeo de la historia”, en Fundación Proa, Av. Pedro de Mendoza 1929, CABA. De miércoles a domingos, de 12 a 19h. Entradas: Miércoles, sin cargo; jueves a domingos, general $6000, estudiantes, docentes y jubilados, $4000 y menores de 12: sin cargo.

La Fundación Proa presenta “El tartamudeo de la historia”, la primera retrospectiva en Argentina del artista alemán Thomas Demand, una exposición que propone explorar la relación entre memoria, imágenes y reconstrucción de hechos.
Demand, nacido en Múnich en 1964, trabaja a partir de fotografías domésticas, imágenes periodísticas y registros de otros artistas. Con cartón y papel reproduce esas escenas a escala real, construye las maquetas y luego las fotografía. Después, los materiales utilizados para las reconstrucciones son reciclados.
El resultado son fotografías de escenarios que parecen reales, aunque en realidad registran espacios creados artificialmente. De esta manera, el artista pone el foco en cómo los acontecimientos son reconstruidos y resignificados cuando pasan a formar parte de la memoria colectiva.
Entre el nazismo y la caída de la Stasi
En la primera sala de la exposición se encuentra una gran imagen del lugar donde un integrante del ejército alemán llevó adelante un atentado fallido contra Adolf Hitler. Demand reconstruyó el espacio y reprodujo el estado en que quedó después de la explosión.
Otra de las obras representa una oficina de la Stasi, la policía secreta de la República Democrática Alemana, que fue tomada por sus víctimas después de la caída del Muro de Berlín.
La muestra también incluye referencias al nazismo a través de los trampolines de “El triunfo de la voluntad” y del estudio de Leni Riefenstahl, cineasta oficial del régimen. Estas obras plantean la relación entre estética e ideología.
El humor aparece en “Folders”, donde Demand recrea la presentación de Donald Trump ante la prensa de supuestas pruebas que posteriormente no podían ser consultadas.
La memoria también está en lo cotidiano
El recorrido no se limita a acontecimientos políticos e históricos. Demand también reconstruye escenas domésticas y situaciones reconocibles, como un jabón junto a una bañadera, un vaso de helado con una cucharita de plástico y un santuario improvisado con velas luego de una estampida mortal durante una fiesta rave.
Entre las piezas se encuentra además una monumental representación de una caverna inspirada en una postal. Su maqueta fue realizada mediante impresoras 3D, pesa varias toneladas y es la única de la exposición que no fue destruida después de ser fotografiada.
Uno de los trabajos que sintetiza la propuesta del artista es la fotografía de una cortina vertical reconstruida en papel y cartón a escala real. Demand reprodujo sus pliegues y textura con precisión para convertir un objeto cotidiano en una reflexión sobre aquello que la memoria permite ver y aquello que mantiene oculto.
Un recorrido construido para ser recordado
La exposición también interviene los espacios de Proa. En la planta baja, un empapelado abstracto de columnas modifica el ambiente, mientras que en la escalera aparece “Hanami”, un motivo de flores de cerezo que envuelve el espacio.
Otra obra vinculada directamente con la memoria es “Treppenhaus” (Escalera), basada en el recuerdo que Demand conserva de la escalera de su antigua escuela. La reconstruyó y fotografió respetando elementos que recuerda con precisión, aunque eliminó las puertas porque no forman parte de su memoria. Cuando regresó al lugar, además, descubrió que la escalera tenía curvas que no recordaba.
“El tartamudeo de la historia” permanecerá en la Fundación Proa hasta noviembre y propone, a través de estas reconstrucciones, una mirada sobre la forma en que las imágenes, los acontecimientos y los recuerdos se transforman con el paso del tiempo.
Thomas Demand: “El tartamudeo de la historia”
Fundación Proa, Av. Pedro de Mendoza 1929, CABA.
De miércoles a domingos, de 12 a 19.
Miércoles: entrada gratuita.
Jueves a domingos: entrada general $6000; estudiantes, docentes y jubilados, $4000; menores de 12 años, sin cargo.

Una oscura nube de lana flota en la sala de Fundación Larivière, en La Boca, y su olor transporta de inmediato a los visitantes hacia los campos de la Patagonia. Debajo de ella se exhiben fotografías de las ovejas que son separadas por su color, porque solo las blancas tienen valor en el mercado. También un antiguo portarretratos que incluye las imágenes de tres hombres deja constancia de una ausencia: el de Delia, su tía abuela, que eligió volver a Italia para poder elegir su propio destino. “La historia familiar es un disparador, pero la fuerza de la exposición está en la potencia del vacío y el descarte”, aclara a LA NACION Laura Ferro en referencia a su muestra, curada por Gonzalo Golpe y titulada Lana negra.
“En el mundo industrial, que es el de lana blanca merino, la ‘lana negra’ es equivalente a una mala palabra. Una de las principales razones es que no tiene la versatilidad de poder teñirse. Entonces no quieren ni que entre en un lavadero ni en los galpones, porque contaminan los lotes de lana blanca. Lo mismo pasa con la oveja negra: cuando nace una, la excluyen del rebaño porque contamina la genética. Por otro lado, en el mundo artesanal no quieren saber nada con la lana industrial, porque las fibras sintéticas les contaminan la materia. Son dos universos que conviven en un mismo territorio y la intención es integrarlos en este espacio; uno no tiene por qué anular al otro”.

La unión de situaciones que podrían considerarse opuestas inspira también las obras que integran Prefiero fierro, la primera exposición de Luciana Lamothe en la galería Barro, curada por Sofía Dourron sobre la vereda de enfrente. Entre los dibujos, pinturas sobre madera, un video y violentas intervenciones sobre el espacio se destacan varias esculturas monumentales, una de las cuales supera los tres metros de alto. Demuestran cómo esta artista que representó al país en la Bienal de Venecia puede transformar caños de hierro -que pesan más de una tonelada y se usan en la industria del petróleo- en formas de apariencia flexible y orgánica.
“Yo trabajo mucho con la idea de la crisis de los materiales. Me interesa ponerlos a prueba y hacer hincapié en ese momento de tensión. No propongo una solución sino preguntas, o en todo caso una solución en la que contemplo la contradicción”, explicó a LA NACION Lamothe, preseleccionada para instalar un proyecto similar en el High Line de Manhattan. Hasta el 8 de septiembre hay tiempo para votar por su escultura, diseñada con elementos de andamiaje para una ciudad donde esas estructuras temporales conviven como en ninguna otra con las fachadas de los antiguos edificios.
La misma ambigüedad transmiten las más de sesenta obras de Thomas Demand que integran El tartamudeo de la historia, la primera gran retrospectiva del artista alemán en la Argentina. A primera vista, las fotografías de gran formato exhibidas en Fundación Proa parecen reproducir paisajes naturales o escenas sin presencia humana. Hay que detenerse, observar e informarse para descubrir que son el último paso y el único vestigio de un largo proceso de trabajo artesanal: a partir de imágenes de diarios, revistas, archivos o Internet sobre episodios emblemáticos de la historia, reconstruye esas escenas a escala real con papel y cartón. Luego de fotografiarlas, destruye las maquetas.

“Creo que si el arte tiene un rol, es el de ayudarnos a tomar distancia de nuestra realidad cotidiana”, dijo en una entrevista con Marina Oybin para LA NACION el artista, que viajó a Buenos Aires para presentar esta muestra. Organizada junto con la Fundación para la Exhibición de Fotografía (FEP) y curada por Douglas Fogle, abarca tres décadas de una práctica que integra escultura, fotografía y arte conceptual.
Más de 900 personas asistieron a la inauguración, el sábado último, y muchas de ellas peregrinaron por otros espacios artísticos del barrio. Por ejemplo hasta la galería Constitución, donde Nicolás Said exhibe sus “dibujo-esculturas”, como define esas piezas Nancy Rojas en el texto que las acompaña. “Ostentando la concepción del dibujo como la forma más elemental de crear imágenes –escribe la curadora del Malba-, en esta exhibición Nicolás se aferra a la paradoja que sus dibujos encarnan: pese a su sigilo –tienen vedada la oralidad-, constituyen una metáfora de la necesidad de estar despiertos, alertas, indómitos y deseantes también desde el mundo de los sueños”.

El tour boquense continuará el sábado próximo de 14 a 18, cuando Ama Amoedo inaugure en Ungallery Entre dos lunas. Esta muestra curada por Pabli Stein que abarcará pinturas, un video, poemas y una publicación impresa que “prolonga el recorrido de la muestra y propone otra forma de habitarla”. A tal punto que incluye rituales, como el de tomar caña con ruda, que “invitan a detenernos, a mirar el tiempo de otra manera”.

“Siempre siento que el invierno nos pide lo mismo que le pide a la tierra: descansar sin culpa –opina la artista, coleccionista y filántropa-. Debajo de la superficie, donde parece que no pasa nada, la vida sigue transformándose. Nosotros también necesitamos ese tiempo de silencio para volver a encontrarnos, dejar ir lo que pesa y preparar el corazón para todo lo nuevo que llegará con la próxima estación”.

Actuales: Laura Ferro en Fundación Larivière (Caboto 564); Luciana Lamothe en Barro (Caboto 531); Thomas Demand en Fundación Proa (Av. Don Pedro de Mendoza 1929), Nicolás Said en Constitución (Dr. del Valle Iberlucea 1140). Próximas: Ama Amoedo en Ungallery (Ministro Brin 1335) desde el sábado 5 a las 14.
Por Celina Chatruc
La Fundación Proa, junto con la Foundation for the Photography (FEP), presentan la exhibición Thomas Demand: El tartamudeo de la historia, primera retrospectiva en el país del destacado artista alemán. Sesenta obras que reúnen fotografías de gran formato, videos y wallpapers resumen una trayectoria de tres décadas dedicadas a interrogar el valor de las imágenes. La curaduría fue realizada por Douglas Fogle.
En el prólogo que dedicó al libro Desconfiar de las imágenes, de Harun Farocki, Georges Didí Huberman indica algo que merece ser tenido en cuenta al momento de abordar esta exposición:"Una crítica de las imágenes no puede prescindir ni del uso, ni de la práctica, ni de la producción de imágenes críticas". A partir de esta observación surgen una serie de interrogantes en relación al modo de construcción de esas otras imágenes, a qué pueden contrarrestar o no y a qué sucede cuando se transforman en parte del bien común.
¿Cuál es la naturaleza de las imágenes que se pueden observar en las salas de la Fundación Proa? ¿Por qué despiertan cierta perturbación en quienes las observan? Esos escenarios, sin presencia humana que parecen triviales, acompañados de títulos lacónicos, ejercen al mismo tiempo una atracción singular y una apetencia por saber más sobre ellos.
Para poder realizar un acercamiento a estas primeras reflexiones es necesario retroceder en el tiempo y dar a conocer aspectos de la formación artística y de los procedimientos implementados por Thomas Demand. Este artista, nació en 1964 en la ciudad de Munich y en la actualidad su vida se reparte entre Berlín y Los Angeles. En su juventud estudió en la Kunstakademie de Düsseldorf con el escultor Fritz Schwegler, quien lo estimuló a investigar las posibilidades expresivas y conceptuales ofrecidas por modelos construidos en papel. En sus inicios, Demand desarrolló objetos singulares de cartón y papel asociados a la cotidianeidad como una camisa o un calzado que lejos estaban de la intención de ser fotografiados. La fotografía la utilizó en esa etapa como una forma de conformar un registro documental de sus trabajos. Eran objetos aislados, carentes de un relato y gracias a su materialidad se distanciaban de la connotación solemne de la escultura tradicional. Más tarde, observó que la yuxtaposición de esa clase de objetos podía componer el inicio de una historia; una reveladora instancia que significó, para su producción, un salto conceptual.
Entonces, el desarrollo de estas construcciones con el objetivo de fotografiarlas, se fue consolidando como la razón de toda la práctica artística de Demand que consiste en seleccionar imágenes originales publicadas en periódicos, revistas o Internet que ilustren algún suceso emblemático, para luego proceder con cartones y papeles de colores a reconstruir obsesivamente y de modo tridimensional, los espacios que representan en escala uno a uno y, paso seguido, a registrarlos fotográficamente y destruir esos modelos. La resultante final de todo el proceso que, dicho sea de paso, insume mucho tiempo, son las imágenes de las imágenes: sus simulacros.





Por la tanto, lo que tiene el espectador delante de sus ojos son reconstrucciones de imágenes que han tenido algún tipo de circulación anterior con su consecuente huella en el imaginario social. En Habitación (1994), por ejemplo, se puede apreciar un ambiente donde reina el caos y la destrucción: sillas rotas con sus restos esparcidos por doquier, ventanas arrancadas de sus marcos y gran parte del cielorraso derrumbado. ¿Cuál es la razón de este desastre? ¿Existen en ella signos que permitan al espectador reconocerla? El punto de partida de esta obra es un episodio ocurrido durante la segunda guerra mundial y se trata del intento fallido de asesinar a Adolf Hitler en julio de 1944 por parte del Coronel Claus von Stauffenberg y sus compañeros de conspiración. El motivo por el cual Demand decidió reconstruir esta imagen se encuentra en que su aparición era habitual en los manuales de estudio de su infancia; acontecimiento que testimonia el vínculo entre la memoria y los hechos históricos. Por consiguiente, ¿cuánto hay de experiencia y cuánto de mediación en las imágenes que pueblan la memoria personal y colectiva?
En Podio (2000), se observa la recreación del espacio en el que el ex presidente de Serbia, Slobodan Milošević, pronunció un encendido discurso el 28 de junio de 1989 durante la conmemoración del 600 aniversario de la batalla de Kosovo, donde los serbios fueron derrotados por los turcos en 1389. Dicho episodio fue esencial para comprender las guerras en los Balcanes que tendrían lugar poco después y por las cuales a este líder se lo acusó de crímenes de guerra y de lesa humanidad. En la fotografía se ve la cartelería con las fechas referidas, el estrado desde el cual fue pronunciado el discurso, un vaso de agua y los micrófonos, no así al protagonista principal ni al personal de seguridad que lo custodiaba que si estaban presentes en la imagen original registrada por la prensa y que aún continúa circulando en los portales digitales.
Para el curador, Douglas Fogle "es en frontera porosa entre estas dos categorías de imágenes donde la historia comienza a tartamudear y la narración comienza" No obstante, las obras descriptas se encuentran ligadas a momentos traumáticos de la historia europea y las posibilidades de su reconocimiento se hallan condicionadas por los modos en que las sociedades los tienen presentes y por su grado de afectación y cercanía. Para el público argentino, o de otros países, por lo tanto, es necesario un anclaje textual que las enmarque, que les brinde un contexto sustentable.
Los núcleos temáticos que componen la exhibición dan cuenta de la magnitud de preocupaciones y épocas de la producción de Demand. Se pueden mencionar, en primer lugar, los espacios arquitectónicos como en Escalera (1995), que apela a sus recuerdos infantiles y a los diseños de la Bauhaus mientras que Trampolín (1995), representa un contraste de la anterior ya que remite a construcciones del período nazi. En otros ejemplos, la arquitectura se encuentra imbricada con acontecimientos puntuales de incumbencia pública como se puede considerar en Baño (1997), que refiere a la fotografía publicada por un medio de prensa que informaba de la dudosa muerte de un ministro alemán en 1987 o involucra a la propia estructura de la Fundación Proa, que ha sido intervenida, en algunos sectores por wallpapers.






En segunda instancia, se encuentran los ya aludidos momentos históricos y/o políticos considerados significativos. A esta lista pueden sumarse piezas como Sala de control (2011), cuyo original es una imagen tomada con una cámara de un teléfono celular por un técnico de la Compañía de Energía Eléctrica de Tokio y que corresponde a la central nuclear de Fukushima, deteriorada como consecuencia del terremoto y tsunami producidos en el año 2011, Escalera (2001), basada en una fotografía tomada por un reportero gráfico a raíz de la visita del papa Juan Pablo II a la ciudad de Berlín donde el elemento protagónico se encuentra cargado de ambigüedad o disponible para ser asociado a otros eventos similares y Archivo (1995), donde se recrea el archivo de la cineasta Leni Riefenstahl, cuyas películas sirvieron como propaganda para el régimen nazi.
Una vía de tono autobiográfico se presenta a través de una serie en desarrollo. Se trata de los Diarios. Las imágenes de esta serie son recreaciones de fotos tomadas por el autor con su iPhone. Al contrario que en los trabajos anteriores, aquí el artista ha optado por un cambio de escala, dado que se trata de piezas de menor dimensión. En los Diarios se aprecian momentos de la vida ordinaria y aparentemente sin importancia que suelen pasar desapercibidos para la mayoría de los transeúntes pero que dejan una leve tensión pendiente. Esto es posible detectarlo en Diario #28 (2017). donde se observa una tensa correa atada a un poste, pero se encuentran ausentes el perro que se encuentra atado a ella y su dueño. Algo similar ocurre en Diario #30 (2017), en la cual una caja al ras del piso con cables desprendidos inspira un peligro inminente.
Un giro a su práctica ya consolidada lo constituyen las animaciones. En el marco de esta exposición, presenta uno realizado con la técnica stop motion: Sol del Pacífico (2012), donde reproduce de forma detallada un video de dos minutos aparecido en You Tube que muestra el interior de un crucero atravesando una peligrosa zona de oleaje en las proximidades de Nueva Zelandia. El video, tomado por las cámaras de seguridad, en manos de Demand, se trastoca drásticamente: saca de escena a los pasajeros y a la tripulación y transforma el drama en una comedia absurda donde el caos al cual fueron sometidos los objetos acaba siendo el protagonista.
La crítica que es capaz de establecer Thomas Demand se afirma en cómo concibe su propia práctica y en cómo procede a partir de ella a desnaturalizar las imágenes que han quedado fijadas a determinados incidentes o sitios de interés; imágenes que han pasado a ser una suerte de garantía de historicidad para el común de la gente. El enrarecimiento que consigue, incluso hasta transformarse en siniestro, provoca una desestabilización de los fundamentos adquiridos y de las consecuencias asentadas a partir de una operación técnica tan difundida como la fotografía.
El arribo de la obra de Thomas Demand significa para la Fundación Proa un evento de gran importancia por dos motivos. El primero radica en que la exposición del artista alemán en Buenos Aires se presenta después de haber estado en entidades como el Jeu de Paume de París y el Museum of Fine Arts de Houston, colocándola así en un circuito que la prestigia y, en segundo lugar, porque es la primera vez que esta institución trabaja con la FEP; inaugurando de esta manera una alianza que le permitirá nuevas posibilidades de intercambios y colaboraciones con relevantes artistas internacionales.
Thomas Demand: El tartamudeo de la historia
Fundación Proa, Av. Pedro de Mendoza 1929 CABA
Horario: mié. a dom. de 12 a 19
Hasta noviembre de 2026


“Un artista siempre tiene que resolver problemas. A veces, lo más banal puede ser el punto de partida: no tener espacio para guardar una escultura puede llevarte a encontrar tu propio lenguaje”, sostuvo el artista alemán Thomas Demand, en diálogo con Infobae Cultura, en el marco de El tartamudeo de la historia, una gran restrospectiva que se presenta en Fundación Proa.
Con más de 60 obras —fotografías a gran escala, videos y wallpapers— la exposición, que ya pasó por por instituciones como el Jeu de Paume en París y el Museum of Fine Arts de Houston, propone un recorrido integral por la carrera de Demand, célebre por sus imágenes impactantes, pero aún más por la naturaleza conceptual y escultórica de su proceso creativo.
Demand (Múnich, 1964) no solo fotografía el mundo, sino que lo reconstruye meticulosamente con papel y cartón partiendo de imágenes de prensa o de archivos históricos; luego destruye esas maquetas, de modo que la fotografía se convierte en el único vestigio de una realidad reconstruida y efímera. Ese gesto, que busca inquietar la confianza en lo que vemos, define al artista como “escultor” de la memoria y la representación.
Con curaduría de Douglas Fogle, la exhibición explora —y de algún modo sabotea— la confianza en las imágenes que mediatizan la historia, a través de una tensión entre la monumentalidad visual de sus obras y la ausencia total de figuras humanas. El espectador se enfrenta a habitaciones, escritorios o archivos perfectamente “fotografiados”, sin pistas explícitas de su origen: de la sala donde Hitler sobrevivió a un atentado (Room, 1994), al dormitorio de Bill Gates en Harvard (Corner, 1996), pasando por el archivo cinematográfico de Leni Riefenstahl (Archive, 1995).

En palabras del curador, “el tartamudeo de la historia reside en esa extraña brecha entre el mundo que habitamos y el mundo recreado de papel y cartón que el artista conjura en su estudio”. La exposición busca responder a la pregunta de cómo sería una pintura de historia en una cultura saturada de imágenes mediadas: la respuesta, sugiere Fogle, es la obra de Demand.
La expo, así, se organiza en cuatro núcleos temáticos. Historias inquietantes, que ofrece ejemplos paradigmáticos de sus reconstrucciones más emblemáticas: desde el estudio de Jackson Pollock (Barn, 1997) y el de Henri Matisse (Atelier, 2014), hasta el recuento electoral de Florida en el año 2000 (Poll, 2001) y la sala de control de la central de Fukushima antes del accidente nuclear (Control Room, 2011). Demand también lleva a escala la banalidad de lo cotidiano, como en “Copyshop” (1999) o “Labor” (2000), serie en la que prioriza el acto de grabación y reproducción.
En Los misterios de la vida cotidiana, se revela su serie “Dailies”, obras de formato doméstico basadas en fotos tomadas con el teléfono que luego recrea como modelos en miniatura, mientras que el impulso arquitectónico es la tercera columna, con el uso de wallpapers en instalaciones y la fotografía directa sobre elementos de maquetas realizadas por arquitectos de renombre.
Por último, las imágenes en movimiento reflejan sus experimentos en video y animación stop motion. Obras como Tunnel (1999), basada en el túnel donde murió la princesa Diana, y la celebrada Pacific Sun (2012) —donde Demand recrea un video viral de un crucero zarandeado por una tormenta—, condensan la relación del artista con los eventos que circulan incansablemente en la web actual.

En su desarrollo artístico, Demand transitó desde la escultura hacia la fotografía como paso lógico de su exploración del espacio y la representación. Tras estudiar en la Academia de Bellas Artes local y en la de Düsseldorf, finalizó luego una maestría en Goldsmiths College, Londres, en 1994. En 1990, la fotografía dejó de ser simple documentación y se transformó en su medio artístico central, respondiendo al deseo de abordar la relación entre realidad y representación.
En este encuentro con Infobae, que se produjo antes de la apertura de la muestra en el café de Proa, Demand recorre cómo fue cambiando el objeto artístico a lo largo de su carrera, la idea de indentidad en su obra, su mirada sobre lo real en la imagen y el uso de la inteligencia artificial, entre otros temas.
—¿Cómo fue tu proceso desde la escultura hacia la fotografía?
—Me mudé de la Academia de Múnich a Düsseldorf y empecé a hacer esculturas porque estaba aburrido de la pintura. Pero como estudiante, todo era muy elemental. Nunca había hecho una escultura antes y no tenía idea de lo que era. Caí en una clase de escultura, donde estaban Katharina Fritsch y Thomas Schütte, y no quería gastar mucho dinero porque no sabía si valía la pena. Así que empecé a trabajar con materiales muy baratos: cartón, papel, plástico, cosas encontradas. Hacía las esculturas en un departamento que era muy pequeño. Entonces, tuve que elegir entre conservar una escultura o el televisor, y al principio me deshice del televisor, pero después tuve que empezar a tirar esculturas. Guardaba las que más me gustaban y algunas las podía dejar en la escuela. Me di cuenta de que tenía que fotografiarlas antes de tirarlas. Pero la fotografía era decepcionante en comparación con la escultura. De pronto, tuve que enfrentarme a problemas nuevos: la geometría, la retórica de la fotografía, la diferencia entre un objeto y una imagen, cosas muy banales.
—¿Sentís que encontraste tu lenguaje por accidente, por una necesidad práctica?
—Fue para resolver un problema. Tenía que encontrar una solución, y creo que a muchos artistas les pasa: están contentos cuando encuentran un problema.
—¿La destrucción de las esculturas era parte del proceso?
—No, yo ya tenía las esculturas. No las hacía para destruirlas, simplemente no podía guardarlas y tuve que buscar otra manera. Luego me mudé de Düsseldorf a Londres.

—¿Qué diferencias encontraste entre el ambiente artístico de Düsseldorf y el de Londres?
—Todo lo que aprendí sobre fotografía en Düsseldorf tenía un humor seco, irónico, como un dialecto local. Cuando llegué a Goldsmiths, nadie entendía lo que hacía porque la escuela de Düsseldorf era famosa, pero en Inglaterra tenían su propio arte británico. Era el año en que Damien Hirst hizo la exposición Freeze, cuando el grupo de los YBAs (Young British Artists) mostró por primera vez. Me di cuenta de que nadie comprendía mi trabajo y no quería cambiarlo, pero tuve que descartar lo que no era necesario: el color, cierta retórica estética de lo comercial, que era muy fuerte en Düsseldorf. Las primeras obras que mostré ahí eran de esa época.
—¿Cómo influyó ese cambio en tu trabajo?
—Me volví más sobrio. Empecé a pensar qué era esencial en mis obras y qué podía dejar de lado. Lo que dejé de lado fue la ironía de Düsseldorf y el uso del color. Las primeras fotos eran en blanco y negro, pero no por el tipo de película, sino porque los modelos eran en blanco y negro.
—¿Qué papel jugó tu identidad alemana al mudarte a Londres?
—De repente, era el único alemán en la escuela. Todos hacían chistes sobre los alemanes y la Segunda Guerra Mundial. Te das cuenta de que no podés elegir tu herencia cultural. Podés intentar trabajar con eso, pero está más allá de uno. No te convertís en británico por estar ahí uno o dos años. Tuve que entender que mi identidad estaba ligada a mi contexto cultural. Si me hubiera mudado a Argentina, la gente vería mucho más lo alemán en mí que lo que yo mismo percibo. Siempre proyectan sobre uno lo que saben de Alemania.
—¿Incorporaste esa reflexión en tu obra?
—Sí. Hay que empezar a pensar qué es lo que los demás piensan que uno es, e incorporarlo de algún modo al trabajo. Las imágenes no dicen “soy como vos”, tienen una iconografía distinta.

—¿Cómo pasaste de los objetos mínimos a las construcciones de mayor escala?
—Empecé con esculturas mínimas, hechas de cartón, que podían ser tanto una escultura como un cenicero. Después, al mudarme, hice algunas vidrieras en París como estudiante, trabajando con objetos de consumo. Al llegar a Londres, sentí la necesidad de volver a pensar qué es realmente una imagen. Hay una manera de mirar las cosas desde la lógica de Wittgenstein y otra desde Bertrand Russell. Por ejemplo, ¿qué hace que una mesa sea una mesa? ¿Que tenga cuatro patas? ¿O que recuerdes todas las mesas que viste antes? Empecé a pensar en la memoria: ¿qué escaleras recuerdo de mi infancia? Por ejemplo, la escalera de mi escuela tenía una baranda roja y era un edificio modernista. Nací en 1964, crecí en la Alemania de posguerra, en escuelas y edificios públicos nuevos, opuestos a la idea imperial. Empecé a reconstruir esas arquitecturas a escala real, solo con lo que recordaba.
—¿Qué rol tiene la memoria en esas reconstrucciones?
—Recreo solo lo que está en mi memoria, sin fotos ni referencias externas. Hice varias obras así: una escalera, un trampolín, y también reconstruí escenas de manuales escolares, como el atentado de Stauffenberg contra Hitler, a partir de una foto de archivo. Me interesaba ver si la gente reconocía esas imágenes en Alemania. Llamé a una obra “Room”. La mostré en una exposición en Múnich, en el Haus der Kunst, y nadie reconoció la referencia hasta que se los expliqué.
—¿Qué aprendiste de esa experiencia?
—Es interesante ver cómo el contexto de una exposición da información. Las instituciones aportan contexto, aunque uno no lea la etiqueta. Descubrí que se puede comunicar algo solo con la información contextual, sin necesidad de títulos explícitos.
—¿Cómo pensás la relación entre arte, fotografía y realidad en la actualidad?
—Creo en la promesa del arte. Si vas a un museo y ves un retrato de Holbein de Enrique VIII, no sabemos si realmente era así. Pero la obra funciona sin texto. El museo da contexto, pero la obra puede ser autónoma si es lo suficientemente específica. No hablo de un mundo idealizado, sino de un momento exacto en el tiempo. Hoy, con la tecnología, podés buscar una imagen en Google y encontrarla al instante. Incluso cuando fotografío flores de papel, el teléfono las reconoce como si fueran reales.
Las fotografías producen realidad para nosotros. Antes de viajar a París, ya sabés que existe la Torre Eiffel porque la viste en fotos. Compartimos imágenes, incluso con personas que nunca conocimos. Como artistas, ese es un campo muy rico. Todos tenemos una imagen mental de Trump, por ejemplo, y la comparamos con lo que vemos en la televisión. Compartimos referencias visuales aunque nunca nos hayamos visto.

—¿Cómo abordás la construcción de la realidad y la memoria en tu obra?
—Trabajo con el modelo y la idea del “fake”. La cultura digital permite que cualquiera genere una imagen que parece real, pero es solo lo que se necesita para el modelo. El modelado es una técnica cultural: se reduce todo a lo esencial. El lenguaje que usamos para describir esas imágenes no siempre representa la realidad.
—¿Cuál es tu relación con la inteligencia artificial?
—Es ambivalente. Por un lado, reviso muchas imágenes y elijo las más oscuras para trabajar, donde todavía puedo aportar algo como artista. Las imágenes icónicas, como las del 11 de septiembre, ya son demasiado abrumadoras para intervenir. El espacio para el arte está en lo que aún deja lugar para la interpretación.
—¿Cómo afecta la IA a la creación artística?
—La IA funciona como denominador común de lo que debería ser una imagen. Si pedís una Torre Eiffel, te da miles de versiones, la mayoría artificiales. Antes, para una sesión de fotos en Buenos Aires, había que viajar y coordinar todo. Ahora basta con un prompt y la imagen aparece. Es útil porque muestra cómo compartimos imágenes y cómo se fusionan las culturas. Pero todo se resume al promedio, a la convención de lo que una imagen debe ser.
—¿Qué limitaciones ves en el uso de IA en el arte?
—Todo está mediado por el lenguaje. La idea de que un buen prompt puede generar cualquier imagen es engañosa: hay muchas cosas que el lenguaje no puede expresar y que la imagen sí. Además, la IA repite lo ya hecho, no produce rupturas como el arte de vanguardia. No hay sorpresa, solo variaciones de lo mismo.
—¿Qué observás en las imágenes generadas por IA actualmente?
—Veo mucho simbolismo del siglo XIX y realismo fotográfico de los años noventa. El resultado es interesante, pero no es lo que espero del arte.

—¿Creés que el arte puede aportar algo a la sociedad actual?, ¿cuál creés que es su función si es que la tiene?
—Es una pregunta enorme. Una obra de arte busca equilibrar idea y forma. Si hay demasiada idea y poca forma, se vuelve un panfleto. Si hay solo forma y nada de contenido, es un experimento vacío. El arte tiene un papel importante: permite tomar distancia de la realidad, ver el mundo con otros ojos, aunque sea un cliché. Puede ofrecer una perspectiva distinta, alejarse un poco de lo inmediato, como la guerra o las imágenes de conflictos. Las cámaras hoy hacen fotos increíbles, incluso de atrocidades, y hay algo extraño en lo atractivo de esas imágenes. El arte puede ayudar a tomar distancia de eso. La política distribuye poder y responsabilidad, pero el arte no tiene poder para distribuir; puede acercar a las personas a sí mismas. No juega un rol político directo, pero tampoco es impotente. Es difícil distinguir ambos roles hoy, pero no creo que sea saludable confundirlos.
—¿Cómo percibís el lugar de los estudiantes y artistas frente a la protesta y la visibilidad pública?
—Manifestarse es la forma más fácil de participar en esto. Pero es complicado, porque por un lado, discutir los temas de la manifestación es importante y honorable. ¿Es arte, o es solo algo por lo que todos deberían manifestarse? El arte es muy visible y se trabaja mucho con el simbolismo. Las formas de protesta que surgen de las escuelas de arte también son muy creativas, porque están acostumbrados a trabajar con estas cosas. No tengo una respuesta general para eso. Solo puedo responder caso por caso, pero no creo que nosotros, los artistas, debamos cambiar el mundo más que cualquier otra persona. No sabemos más sobre el mundo que cualquier conductor de autobús que lea el periódico. Todos estamos en el mismo charco de desinformación y tenemos que tratar de encontrar nuestras propias respuestas.
—¿Cómo afecta la desinformación a la percepción de la realidad y el papel del arte?
—Tengo una amiga que tuvo que salir de Rusia, era curadora en un museo. Ahora está en Milán y visita a su madre, que sigue en Rusia. Para ella, está totalmente claro lo que hizo Rusia con Ucrania, pero su madre tiene una opinión completamente diferente porque ve la televisión. La información en Rusia es que había nazis en Odesa y que Ucrania quería abrir las puertas a la OTAN. Esto lo escucha toda Rusia y muchos piensan que si todos lo dicen, quizás el 60% sea cierto. Nada de eso es verdad, pero la repetición genera dudas. Ese tipo de cosas siempre quedan. El arte puede observar toda esa cuestión, pero no puede dar una respuesta particular.
*“Thomas Demand: El tartamudeo de la historia”, en Fundación Proa, Av. Pedro de Mendoza 1929, CABA. De miércoles a domingos, de 12 a 19h. Entradas: Miércoles, sin cargo; jueves a domingos, general $6000, estudiantes, docentes y jubilados, $4000 y menores de 12: sin cargo.
**La exhibición suma una agenda de actividades pensada por los departamentos de Programas Públicos y Educación de Fundación Proa. De miércoles a domingo habrá visitas guiadas para público general a las 15 y 17 horas, recorridos familiares los sábados y domingos a las 12h, y un formato especial para escuelas disponible a solicitud. Toda la información está accesible en www.proa.org.
Fundación PROA inauguró Thomas Demand. El tartamudeo de la historia, la primera gran retrospectiva en Argentina dedicada al artista alemán. Organizada junto a la Foundation for the Exhibition of Photography, con curaduría de Douglas Fogle, la exhibición reúne más de 60 obras entre fotografías de gran formato, videos y wallpapers que recorren tres décadas de una producción situada entre la escultura, la fotografía y el arte conceptual.
La llegada de Demand a Buenos Aires marca uno de los momentos fuertes de la temporada cultural. Después de presentarse en instituciones como el Jeu de Paume de París y el Museum of Fine Arts de Houston, la muestra desembarca en Fundación Proa con un recorrido que permite entrar en una obra obsesionada con una pregunta tan actual como incómoda. Qué vemos cuando creemos estar mirando un documento.
Escenas históricas sin cuerpos a la vistaEl método de Thomas Demand parte de imágenes que ya circularon en diarios, revistas, archivos e Internet. A partir de ellas reconstruye espacios a escala real usando únicamente papel y cartón, los fotografía desde un encuadre similar al de la imagen original y luego destruye esas maquetas. La fotografía final queda como el último resto de un proceso artesanal que puede llevar meses.
Su archivo visual incluye la sala de control de Fukushima después del tsunami de 2011, el refugio de Edward Snowden en Moscú, una oficina de la Stasi en Berlín Oriental, el dormitorio universitario de Bill Gates y el cuarto de hotel donde Whitney Houston cenó por última vez. En esas escenas no hay personas. La ausencia vuelve más inquietante cada espacio, como si los acontecimientos todavía estuvieran adheridos a las paredes, los muebles o la luz.
“Hago esculturas de cartón, las fotografío y luego ya no las necesito. Reflejan algo que quizás hayas visto antes. Se basan en imágenes que conocemos de las noticias, del cine o de la historia. Lo que ves es una copia de una copia, algo familiar pero nunca del todo confiable”, explicó Demand durante su primera visita a Buenos Aires.
La obra de Demand incomoda porque se parece demasiado a imágenes que ya creemos conocer. Sus reconstrucciones activan una memoria compartida construida por noticieros, archivos, películas, fotografías virales y coberturas mediáticas. El espectador reconoce algo, aunque enseguida aparece una falla. La escena resulta familiar, pero la superficie del papel delata que esa familiaridad fue fabricada.
El artista trabaja precisamente sobre ese temblor. En tiempos de inteligencia artificial, circulación permanente de imágenes y sospecha sobre la veracidad de lo visual, su obra adquiere una fuerza nueva. Demand no acelera la imagen, la demora. La reconstruye con las manos, la somete a meses de trabajo y la vuelve a fotografiar para que aparezca una duda sobre aquello que consumimos como evidencia.
“Mi fotografía lleva meses. Esa lentitud le da profundidad y revisión. La pantalla siempre miente; hacer algo con las manos produce una experiencia distinta de la realidad”, afirma el artista.
El núcleo principal de la exposición está formado por sus fotografías a gran escala, donde la precisión fotográfica convive con la fragilidad del papel. La selección abarca desde los primeros momentos de su carrera hasta la actualidad, con imágenes que van de situaciones aparentemente banales a episodios políticos y culturales de fuerte densidad histórica.
Obras como Control Room de 2011, vinculada con la central nuclear de Fukushima, Gangway de 2001, Studio de 1997, Copyshop de 1999 y Labor de 2000 permiten ver cómo Demand vuelve una y otra vez sobre espacios de grabación, reproducción y circulación de información. Estudios, tiendas de fotocopias, salas técnicas y lugares de tránsito aparecen como escenarios donde la historia se fabrica, se copia y se distribuye.
La pregunta que atraviesa el recorrido apunta al centro de nuestra educación visual. Cuánto recordamos de los hechos y cuánto recordamos de las imágenes que los contaron.
Los Dailies y los misterios mínimos de todos los díasLa muestra también presenta Dailies, una serie en curso que abre otra escala dentro de la producción de Demand. Son obras de tamaño doméstico, impresas mediante el proceso dye transfer, que mantienen el mismo procedimiento de transformación de imagen a escultura de papel y de escultura a fotografía.
A diferencia de sus escenas históricas monumentales, los Dailies nacen de imágenes tomadas por el artista con su iPhone. Broches de ropa sobre un tendedero contra el cielo, un envase vacío de yogur helado, una pastilla de jabón al borde de un lavabo o tazas de café encastradas en una cerca de alambre. Fragmentos menores, accidentales, casi descartables.
En esas imágenes aparece una autobiografía silenciosa de su cotidianidad visual. Demand sugiere que la historia también se arma con escenas pequeñas, gestos domésticos y encuentros aleatorios que quedan alojados en la memoria sin pedir permiso.
Maquetas, wallpapers y arquitectura como escenaLa relación de Demand con la arquitectura atraviesa toda la exhibición. Formado con el escultor Fritz Schwegler en la Kunstakademie de Düsseldorf, el artista comenzó a investigar las posibilidades de las maquetas arquitectónicas hasta convertirlas en una parte central de su método.
En sus proyectos, los wallpapers expanden la fotografía hacia una dimensión espacial. La imagen deja de ocupar únicamente el marco y se despliega sobre el muro, funcionando como arquitectura provisoria para nuevas escenas. La exposición incluye intervenciones de este tipo junto con fotografías de la serie Model Studies, realizadas a partir de elementos abstraídos de maquetas de arquitectos y diseñadores reconocidos.
Ese impulso arquitectónico vuelve visible una dimensión clave de su obra. Demand no representa espacios encontrados. Los reconstruye, los ilumina, los fotografía y los hace desaparecer.
Imágenes en movimiento y catástrofes cotidianasLas animaciones cinematográficas también ocupan un lugar importante dentro de la retrospectiva. Desde Tunnel, de 1999, donde recreó el túnel en el que murió la princesa Diana, Demand trabaja con imágenes en movimiento que vuelven sobre acontecimientos capturados y reproducidos hasta el agotamiento.
Una de las piezas centrales de la exhibición es Pacific Sun, de 2012, una animación stop motion en la que recrea minuciosamente un video de YouTube del interior de un crucero atravesando una turbulencia extrema. Objetos que caen, mesas que se desplazan y un espacio entero sometido al vaivén del mar construyen una escena absurda, hipnótica y perturbadora.
La obra condensa varios de sus intereses. La espectacularización de la vida cotidiana, la circulación viral de imágenes, la fragilidad de los entornos construidos y la capacidad de una escena menor para volverse parte del imaginario colectivo.
PROA y una línea sostenida alrededor de la fotografíaEsta colaboración entre Fundación PROA y la Foundation for the Exhibition of Photography consolida una línea de trabajo sostenida alrededor de la fotografía y la imagen contemporánea. A lo largo de tres décadas, PROA presentó exhibiciones dedicadas a figuras como Sebastião Salgado, Edward Burtynsky, Grete Stern, Horacio Coppola y Facundo de Zuviría.
También desarrolló proyectos de investigación como Fotografía Argentina 1850–2010. Contradicción y Continuidad, organizado junto a The J. Paul Getty Museum, y presentó el Premio Pictet. A esa línea se suman exhibiciones dedicadas a referentes de la Escuela de Düsseldorf como Andreas Gursky, Candida Höfer, Axel Hütte, Thomas Ruff y Thomas Struth.
Con Demand, PROA incorpora a su programación una obra que discute de frente con el presente. Una obra donde la imagen documental, la copia, la maqueta, la memoria histórica y la sospecha visual quedan en el mismo plano.
Información para participar y visitarThomas Demand. El tartamudeo de la historia
Del 22 de agosto a noviembre de 2026
Mie a dom de 12 a 19 h
Fundación PROA
Organiza
Foundation for the Exhibition of Photography y Fundación PROA
Curaduría
Douglas Fogle
Un recorrido por treinta años de trabajo, desde sus primeras piezas sobre la historia alemana hasta su producción más reciente.

A primera vista todo parece perfectamente reconocible: una oficina, una escalera, un archivo, una sala de control, un bosque, un estanque. Las superficies están limpias, los objetos, exactamente donde deberían estar y la luz parece detenida. Pero cuanto más se mira, más aparece una pequeña incomodidad. Algo no termina de encajar. No es solamente que las escenas estén vacías; es que parecen pertenecer a una memoria que no sabemos exactamente de dónde viene, como si hubiéramos visto esa imagen alguna vez, aunque no podamos precisar cuándo ni dónde.
Thomas Demand no busca solamente reconstruir una imagen. Le interesa lo que sucede cuando entramos mentalmente en esos lugares. “Yo busco el espacio, el potencial del espacio y la memoria que llevamos con nosotros a esos lugares. Nuestras interpretaciones de los espacios nos acompañan constantemente cuando trabajamos con ellos, incluso si nunca los hemos visto antes. Eso es lo que realmente busco; ese es mi campo de batalla. Esa es la arena en la que quiero actuar».
Esa sensación es parte del juego que propone Demand. Sus fotografías nacen de imágenes que ya circulan: fotografías de prensa, archivos, Internet o documentos que registraron acontecimientos reales. El artista las reconstruye a escala real utilizando papel y cartón, reproduce cuidadosamente la escena y finalmente la fotografía. Después destruye la maqueta. La fotografía es, entonces, el único vestigio de algo que existió materialmente durante un período muy breve. «Una parte importante de contemplar la obra
consiste en saber que ya no existe. Fue algo temporal, lo que coincide con nuestra idea clásica de la fotografía2, dijo Demand.

La operación de Demand empieza antes de la maqueta: arranca con una imagen. Puede ser la sala de control de una central nuclear, una oficina vinculada a la historia política europea, un espacio relacionado con acontecimientos traumáticos o una escena mucho más cotidiana. El artista no reconstruye necesariamente el acontecimiento completo: toma una imagen que ya forma parte de nuestra cultura visual y trabaja sobre la huella que dejó.
En la exposición aparecen, entre otras, Control Room (2011) —la recreación de una imagen tomada con un teléfono celular de la central nuclear de Fukushima dañada luego del terremoto en Japón—, Gangway (2001), Studio (1997), Copyshop (1999), Clearing (2003) —en la que construyó 270.000 hojas de papel para crear la escena idílica de un bosque— y Pond (2020). También hay fotografías más pequeñas de la serie Dailies, además de Model Studies, wallpapers y trabajos de animación. En total, son más de sesenta obras que recorren tres décadas de producción.
El resultado tiene algo paradójico: cuanto más precisa parece la fotografía, más evidente se vuelve su artificio. La imagen puede ser documental en su origen, pero lo que estamos mirando ya no es el documento original. Es una reconstrucción de una reconstrucción. Para Douglas Fogle, curador de la exposición, ahí aparece el núcleo de la obra de Demand. El tránsito entre el acontecimiento real, su registro fotográfico, la maqueta construida por el artista y la nueva fotografía que vuelve a circular por el mundo como un eco que nunca coincide exactamente con aquello que lo originó.

Una de las preguntas que atraviesa la muestra es cuánto de nuestra memoria colectiva se sostiene en imágenes repetidas hasta formar un imaginario común. Sabemos cómo era el Despacho Oval o reconocemos ciertos lugares históricos aunque nunca hayamos estado allí.
“La forma en que recordamos las cosas es que solo recordamos lo que realmente nos impresionó, lo que queremos contar a otros, o usar para nuestra propia imaginación. La memoria es un gran filtro y ahí es donde empieza la ficción; por eso mis imágenes son todas ficcionales”, explica Demand.
Él trabaja precisamente sobre ese territorio compartido donde una imagen despierta la sensación de haber sido vista antes, sin necesitar ser explícita. “Nunca se trata tampoco del hecho real, porque no sé más sobre ese hecho que ustedes. Así que se trata del hecho que compartimos”. Fogle señala que Demand elimina buena parte de las pistas para dejar un vacío que cada visitante debe completar desde su propia experiencia. Mirar deja de ser contemplación pasiva e implica asociar, recordar y responder a la pregunta que la imagen abre.
Papel, cartón y el trabajo de las manosDemand comenzó trabajando como escultor. El papel y otros materiales económicos le permitían construir, equivocarse, desarmar y volver a empezar. Con el tiempo, la fotografía dejó de ser un registro de sus esculturas para convertirse en el destino mismo de esas construcciones.
En la conferencia contó que le interesa hacer personalmente buena parte de las maquetas porque el trabajo manual también es una forma de pensar. Mientras construye aparecen decisiones, problemas y soluciones que difícilmente surgirían de la misma manera si el proceso estuviera completamente delegado.
“La única forma de averiguarlo es ir allí y hacerlo”, dijo al explicar su relación con la escultura. Tras meses de trabajo, la posterior desaparición de la maqueta no es un accidente del proceso: fue creada para convertirse en fotografía y, una vez capturada, deja de ser necesaria.

La exposición también permite descubrir que Demand no trabaja solamente con las grandes imágenes de la historia. Las Dailies ocupan un lugar diferente dentro de su producción. Son fotografías de pequeñas situaciones encontradas durante la vida cotidiana: objetos y rincones que podrían pasar inadvertidos, como un jabón a punto de caerse o una pila de sobres desparramados en el piso delante de una puerta.
Son, en palabras de Fogle, “una suerte de autobiografía silenciosa y anónima”. Demand las realiza a partir de fotografías tomadas con su iPhone y luego vuelve a atravesar el mismo proceso de transformación material. En ellas cambia nuestra relación con la obra: desaparece la pregunta por el origen histórico y surge algo más inmediato, próximo e incluso humorístico, enmarcado en una época donde la fotografía se volvió un lenguaje de comunicación diario.
Una exposición para moverseLa propuesta no se limita a colgar fotografías en las paredes; el recorrido forma parte de la obra. Wallpapers, estructuras, cambios de escala, imágenes de gran formato y espacios especialmente construidos hacen que el visitante tenga que desplazarse, mirar desde distintos puntos y establecer conexiones.
Para Fogle, la exposición funciona casi como una pieza única. “No es simplemente una obra en una pared y luego otra. Es una narrativa, un movimiento de obra en obra”, explicó.
En el centro de la sala 2 se despliega una gran instalación circular donde se proyecta Pacific Sun, una animación stop motion construida a partir de un breve video de Internet que registraba el interior de un crucero durante una tormenta. Demand reconstruyó aquel caos en papel y lo animó cuadro por cuadro durante tres años para producir una película de apenas unos minutos. “Es un increíble ballet del caos que Thomas recreó”, sintetizó Fogle.

La pregunta por la imagen adquiere una resonancia particular en 2026. Demand comenzó a trabajar cuando se discutía si una fotografía manipulada digitalmente podía seguir considerándose tal. Hoy la pregunta es más amplia: ¿qué significa mirar una imagen cuando ya no podemos dar por sentado que aquello que vemos ocurrió?
Para Demand, la inteligencia artificial vuelve especialmente relevante la cuestión de la materialidad. Frente a imágenes que se producen en segundos a partir de palabras, sus fotografías requieren meses de labor manual. Lo que le preocupa es la pérdida de singularidad cuando todo parece poder generarse infinitamente y volverse tan genérico que termina por no significar nada.
“Mi trabajo intenta activar la realidad”, dijo al hablar de la era de la IA. Frente a una imagen que parece perfecta pero que sabemos construida, el espectador vuelve a preguntarse qué está mirando. Y ahí aparece, finalmente, el tartamudeo: en ese pequeño tropiezo entre lo que creemos recordar, lo que realmente ocurrió y la imagen que aprendimos a reconocer como prueba de que existió.
Esta exposición ha sido coorganizada por la Foundation for the Exhibition of Photography,
(FEP) Minneapolis/París/Lausana, y UCCA, Beijing, en colaboración con Fundación Proa.

Artista, curador y fundador de (FEP) se reúnen en el Auditorio de Proa en una jornada excepcional que aborda tres dimensiones centrales de la fotografía contemporánea: la producción de obra, la construcción curatorial y la gestión que hace posible la circulación internacional de las exhibiciones.
¿Qué hace relevante a una obra fotográfica que parte de imágenes que ya circulan en los medios? ¿Cómo se construye una retrospectiva capaz de abarcar tres décadas de trabajo? ¿Qué entramado de instituciones, curadores y productores permite que una exhibición viaje entre países y llegue a nuevos públicos? Estas preguntas atraviesan la jornada que reúne en el Auditorio de Proa al artista alemán Thomas Demand, el curador Douglas Fogle y a Todd Brandow, director de la Foundation for the Exhibition of Photography (FEP) institución colaboradora de la exhibición de Thomas Demand en Proa.
Esta oportunidad irrepetible se produce en el marco de la exhibición del artista alemán que presenta Proa por primera vez en la Argentina, con más de sesenta obras que recorren tres décadas de una práctica situada entre la fotografía y la escultura.
Mediante una entrevista con el curador, Demand comparte su proceso de trabajo, las relaciones entre fotografía, memoria, arquitectura, medios de comunicación e historia que moldean su producción y las decisiones que intervienen en el pasaje entre una imagen, su reconstrucción material y la fotografía final. Douglas Fogle aborda el proceso de construir una retrospectiva, cómo seleccionar las obras, establecer relaciones entre distintos momentos, construir núcleos de lectura y trasladar una investigación curatorial al espacio expositivo. Finalmente, Todd Brandow, como director de la FEP, introduce una tercera mirada acerca de la gestión de exposiciones, la circulación internacional de la fotografía y los modelos de colaboración entre museos, fundaciones, curadores, artistas, archivos y colecciones que hacen posible proyectos de esta escala.
Este encuentro propone así una aproximación completa a la muestra “El tartamudeo de la historia”, además de ofrecer una oportunidad única para el público de conversar con referentes internacionales de la disciplina.
CRONOGRAMA
Participan: Thomas Demand, Todd Brandow (FEP) Douglas Fogle (curador de la exhibición)
15.45 h Acreditación
16 h Todd Brandow (Foundation for the Exhibition of Photography): Presentación de la FEP y la itinerancia de la exhibición “Thomas Demand. El tartamudeo de la historia”
Foundation for the Exhibition of Photography es una prestigiosa organización internacional sin fines de lucro fundada en el año 2003 en Minneapolis, EE. UU., con sedes actuales en París y Lausana. En esta conferencia, su Director Todd Brandow, presenta esta importante institución al servicio de la divulgación de la fotografía contemporánea. También compartirá con el público las itinerancias internacionales de la exhibición “Thomas Demand. El tartamudeo de la historia”, hasta su llegada a Buenos Aires.
16.30 h Conferencia: Douglas Fogle presenta la obra de Thomas Demand
“Al mirar las misteriosas apariciones formales registradas en los granos de estas impresiones en gelatina de plata, queda claro que no existe tal cosa como la historia con una “H” mayúscula. Solo hay una multiplicidad de historias, además de historias de fantasmas. Se nos ha enseñado a pensar en la historia como un desfile de figuras y sucesos auténticos mundiales, muchos de los cuales quedaron grabados en nuestras memorias mediante imágenes fotográficas que han acumulado una especie de iconicidad feroz (…)” Así describe Douglas Fogle, la idea de “tartamudeo de la historia” que propone desde el título de la exhibición. En esta conferencia, el curador de la muestra analiza el peso simbólico que proponen las fotografías de Thomas Demand para pensar en un mundo mediado por imágenes. Se trata de un recorrido exhaustivo por la producción del artista, su particular técnica escultórica basada en el trabajo con cartón y papel, que dará forma a los diversos temas: desde su serie de fotografías basada en historias inquietantes y escenas políticas, pasando por el registro de la creación de escenas cotidianas, hasta sus Model Studies.
Fundación Proa inaugura la exposición “Thomas Demand: El tartamudeo de la historia”, la primera retrospectiva en la Argentina dedicada al reconocido artista alemán.
La muestra reúne más de sesenta obras -fotografías de gran formato, videos y wallpapers– que recorren tres décadas de una práctica situada entre la escultura, la fotografía y el arte conceptual con la curaduría de Douglas Fogle.


Luego de su presentación en instituciones como el Jeu de Paume de París y el Museum of Fine Arts, Houston, la exposición desembarca en Fundación Proa con un recorrido que permite comprender una obra tan única como oportuna, dado el inmensurable volumen de imágenes que hoy circula a diario por las diversas plataformas de difusión.
El artista trabaja con un método muy personal: parte de fotografías publicadas en diarios, revistas, archivos e Internet sobre episodios emblemáticos de la historia para reconstruir esos espacios a escala real utilizando únicamente papel y cartón. La sala de control de Fukushima tras el tsunami de 2011, el refugio de Edward Snowden en Moscú, la oficina de la Stasi en Berlín Oriental, el dormitorio universitario de Bill Gates y el cuarto de hotel donde cenó Whitney Houston por última vez. Sin mostrar nunca personas, estas arquitecturas vacías conservan las huellas de acontecimientos que permanecen grabados en la memoria colectiva. Una vez terminada la construcción de las maquetas, Demand las fotografía y luego las destruye. La imagen final es el único vestigio de un proceso que al artista puede tomarle meses de trabajo artesanal.


“Hago esculturas de cartón, las fotografío y luego ya no las necesito. Reflejan algo que quizás hayas visto antes. Se basan en imágenes que conocemos de las noticias, del cine o de la historia. Lo que ves es una copia de una copia, algo familiar pero nunca del todo confiable”, dice el artista.
“Todos conocemos el Despacho Oval o el escondite de Saddam Hussein aunque nunca hayamos estado allí. Compartimos esas imágenes globalmente. La memoria colectiva es como un maravilloso bloque de mármol del que puedo hacer mis esculturas”.

En un momento histórico atravesado por la circulación incesante de imágenes y el desarrollo de la inteligencia artificial, la obra de Demand reivindica la construcción manual y el tiempo como parte esencial de la obra.
“Mi fotografía lleva meses. Esa lentitud le da profundidad y revisión. La pantalla siempre miente; hacer algo con las manos produce una experiencia distinta de la realidad”, afirma.
SOBRE LA EXHIBICIÓN
Mediante núcleos temáticos que dan cuenta de los distintos intereses y periodos de su vasta producción, la selección de obras sitúa al visitante frente a escenas extrañas pero familiares a la vez en las que la precisión de la fotografía convive con la fragilidad del papel, poniendo en crisis la idea de documento y la aparente objetividad de la imagen. De manera ineludible, cada una de las imágenes realizadas por Demand induce al espectador a la duda: ¿Qué recordamos realmente de los acontecimientos históricos? ¿Cuánto de esa memoria es alimentada por la experiencia y cuánto de las imágenes que consumimos a través de los medios?

Imágenes en movimiento
En un laberíntico cortinado rojo, la sala principal de Fundacion Proa exhibe el video Pacific Sun (2012), una obra de animación stop motion en la que el artista recreó minuciosamente un video de YouTube del interior de un crucero atravesando una turbulencia extrema. Volviendo a la grabación de momentos espectaculares de la vida cotidiana que ahora circulan sin cesar en Internet, esta obra reúne todos los temas que interesan a Demand.
“Thomas Demand: El tartamudeo de la historia” presenta un recorrido a lo largo de la carrera del artista, abarcando áreas fundamentales de su obra. Sus Uncanny Histories (Historias inquietantes) son fotografías a gran escala de escenarios anónimos, pero de gran relevancia histórica. Estas, al igual que toda su práctica, ponen de manifiesto su compromiso con la memoria personal y colectiva, así como con cuestiones de originalidad, reproducción, trabajo manual y materialidad. La serie Dailies (Diarios), de menor escala, se construye a partir de imágenes tomadas con su teléfono y exploran los misterios de la vida cotidiana.
La fascinación de Demand por las formas arquitectónicas es evidente en los Model Studies (Estudios de modelos), que documentan maquetas de papel creadas por arquitectos y moldes de vestidos cortados por diseñadores de moda, así como en el uso de empapelados de su propio diseño.
Su compromiso con la imagen en movimiento cobra protagonismo en dos fascinan tes exploraciones cinematográficas en stop-motion.
Thomas Demand también ha concebido el diseño de la exposición como una parte integral de su enfoque de la producción artística. Con su uso arquitectónico de empapelados y estructuras temporales, crea un entorno inmersivo para el espectador en el que la imagen y el mundo colisionan.
Durante la conferencia de prensa, ante la presencia del artista, curador y periodistas, Adriana Rosenberg, Directora de la Fundacion Proa, se dirigió al fundador de la FEP (Foundation for the Exhibition of Photography) Todd Brandow, para expresar el interés en nuevos proyectos en colaboración que involucren la producción de los fotógrafos argentinos para contribuir a la difusión internacional de algunos de ellos.

La exposición inaugura el sábado 22 de agosto a las 15 hs. A lo largo de los próximos meses habrá recorridos especiales junto a artistas y críticos, nuevos Encuentros de Reflexión, además del ciclo de cine y otros programas que aproximan a los temas que atraviesan la exhibición: la construcción de las imágenes, la cultura visual contemporánea, la memoria y nuestra manera de relacionarnos con aquello que vemos. A esto se suman las propuestas educativas de Proa pensadas para diferentes públicos.
La idea es que la exhibición no se agote en una única visita, sino que cada una de estas propuestas abra nuevas formas de entrar en el universo de Demand y de pensar las imágenes que forman parte de nuestra vida cotidiana.
Pedro de Mendoza 1929,CABA.

Junto con la Foundation for the Exhibition of Photography (FEP), Proa presenta Thomas Demand: El tartamudeo de la historia, la primera retrospectiva en la Argentina dedicada al reconocido artista alemán. Curada por Douglas Fogle, la exhibición reúne más de sesenta obras -fotografías de gran formato, videos y wallpapers- que recorren tres décadas de una práctica situada entre la escultura, la fotografía y el arte conceptual. La llegada de Demand a Buenos Aires constituye uno de los acontecimientos más relevantes de la temporada cultural. Luego de su presentación en instituciones como el Jeu de Paume de París y el Museum of Fine Arts de Houston, la exposición desembarca en las salas de Proa con un recorrido que permite acercarse en profundidad a una obra tan única como oportuna.
El artista trabaja con un método muy personal: parte de fotografías publicadas en diarios, revistas, archivos e Internet sobre episodios emblemáticos de la historia para reconstruir esos espacios a escala real utilizando únicamente papel y cartón. La sala de control de Fukushima tras el tsunami de 2011, el refugio de Edward Snowden en Moscú, la oficina de la Stasi en Berlín Oriental, el dormitorio universitario de Bill Gates y el cuarto de hotel donde cenó Whitney Houston por última vez, entre otros, son parte de un inquietante repertorio. Sin mostrar nunca a las personas involucradas, estas arquitecturas vacías conservan las huellas de acontecimientos que permanecen grabados en la memoria colectiva. Una vez terminada la construcción de las maquetas, Demand las fotografía según las tomas originales y luego las destruye. La imagen final es el único vestigio de un proceso que al artista puede tomarle meses de trabajo artesanal.

«Hago esculturas de cartón, las fotografío y luego ya no las necesito. Reflejan algo que quizás hayas visto antes. Se basan en imágenes que conocemos de las noticias, del cine o de la historia. Lo que ves es una copia de una copia, algo familiar pero nunca del todo confiable», explicaba el artista durante su primera visita a Buenos Aires. «Todos conocemos el Despacho Oval o el escondite de Saddam Hussein aunque nunca hayamos estado allí. Compartimos esas imágenes globalmente. La memoria colectiva es como un maravilloso bloque de mármol del que puedo hacer mis esculturas». En el contexto de un momento histórico atravesado por la circulación incesante de imágenes y el avance de la inteligencia artificial, la obra de Demand adquiere una dimensión clave para reflexionar sobre lo que vemos, cómo procesamos lo que vemos y la veracidad de esas imágenes que moldean nuestro imaginario. «Mi fotografía lleva meses. Esa lentitud le da profundidad y revisión. La pantalla siempre miente; hacer algo con las manos produce una experiencia distinta de la realidad», afirma Demand.
Mediante núcleos temáticos que dan cuenta de los distintos intereses y periodos de su vasta producción, la selección de obras sitúa al visitante frente a escenas extrañas pero familiares a la vez en las que la precisión de la fotografía convive con la fragilidad del papel, poniendo en crisis la idea de documento y la aparente objetividad de la imagen. De manera ineludible, cada una de las imágenes realizadas por Demand induce al espectador a la duda: ¿Qué recordamos realmente de los acontecimientos históricos? ¿Cuánto de esa memoria es alimentada por la experiencia y cuánto de las imágenes que consumimos a través de los medios?

El enfoque principal de esta exposición son las obras fotográficas a gran escala que forman el núcleo de la producción del artista. La selección incluye ejemplos de los primeros momentos de su carrera hasta la actualidad, abarcando una serie de momentos políticos y artísticos significativos en la historia visual: desde obras derivadas de imágenes en apariencia banales hasta episodios importantes pero visualmente inidentificables de la historia del arte y la política, como la sala de control de la central nuclear de Fukushima antes de la fusión parcial de su reactor (Control Room, 2011) o la escalera de acceso a un avión (Gangway, 2001). Ya sea reconstruyendo una imagen de un estudio de televisión de Alemania Oriental (Studio, 1997), una tienda de fotocopias de aspecto genérico (Copyshop, 1999) o la sala con baldosas acústicas de un estudio de grabación (Labor, 2000), Demand a menudo pone en primer plano el acto de grabación, reproducción y difusión de imágenes y contenido en su trabajo.
Del 22 de agosto al 30 de noviembre. Puede visitarse de miércoles a domingos de 12 a 19.
Entrada general, 6.000 pesos: estudiantes, docentes y jubilados, 4,000; menores de 12 años sin cargo y miércoles entrada gratis.
Fundación Proa (Pedro de Mendoza 1929).
6 minutos de lectura
El tartamudeo de la historia. Ese título enigmático llevará la muestra retrospectiva de Thomas Demand, que desde el 22 de agosto, en Fundación Proa, expondrá más de cincuenta fotografías a gran escala, videos y wallpapers. Se trata de un recorrido por la obra de este escultor y artista conceptual alemán, de reconocimiento internacional. La exhibición, al cuidado de Douglas Fogle, llega a las salas de La Boca tras haber pasado por el Jeu de Paume en París y por el Museo de Bellas Artes de Houston, entre otras instituciones. Pero en cada sitio, despliega un sello diferente.
El proceso de trabajo de Demand consiste en tomar imágenes de los medios de comunicación o de archivos históricos y reconstruir esos escenarios en tamaño real usando únicamente papel y cartón. Luego, fotografía las maquetas tridimensionales y las destruye. De esa manera, la foto final es el único registro que sobrevive.

“Hoy, con las redes sociales, donde constantemente miramos cosas y las compartimos en todo el mundo, nuestras vidas están siendo moldeadas por el contenido de otras personas, principalmente por imágenes y ya no tanto por textos”, decía a LA NACION hace algunas semanas, en una visita a Buenos Aires previa a la inauguración de esta semana. “Creo que si el arte tiene un rol, ese es el de ayudarnos a tomar distancia de nuestra realidad cotidiana –añadía–. Nos permite detenernos, observar y reflexionar. Como una buena novela que, al terminarla, nos hace pensar el mundo de una manera diferente. Espero que el arte visual también pueda ofrecernos una nueva perspectiva sobre el mundo y sobre nuestra propia experiencia. Por eso pienso especialmente en las fotografías que todos compartimos y en cómo las imágenes median nuestra relación con la realidad. Junto con esas imágenes también se construye la memoria”.
Demand cuenta que intenta fotografiar la imagen interior más que la del exterior. El tartamudeo de la historia radica en esa brecha entre el mundo que habitamos y el mundo recreado en papel y cartón. Su obra se comprende a partir del diálogo constante entre la realidad histórica, las imágenes fotográficas que los medios producen de ella y las reconstrucciones escultóricas. Al volver a convertir esas recreaciones en imágenes de gran formato, Demand las reinserta en el mundo, generando un circuito continuo entre realidad, representación y memoria. “Mis fotografías intentan construir la imagen de la memoria más que la imagen de la realidad. La realidad ya está ahí afuera, no necesito hacer nada con ella”, apunta.
Completamente desprovista de presencia humana, Room (1994) recuerda el fallido atentado contra Hitler. Cuando la realizó, atravesó una experiencia reveladora: “El fallido atentado contra Hitler lo veíamos en los libros de texto una vez al año para demostrar que como nuevo ciudadano uno debe asegurarse de que eso nunca vuelva a ocurrir”. Continúa: “Fui a Goldsmiths y me di cuenta de que todo lo que había aprendido en Düsseldorf no era el lenguaje del arte, sino que era el dialecto de Alemania Occidental del lenguaje del arte. Todos deberíamos saber cómo sucedió, cómo los nazis llegaron al poder. Durante mucho tiempo, los abuelos decían: ‘No podíamos hacer nada’. Pero eso no es cierto. Siempre se puede hacer algo: se puede resistir y, de hecho, hubo resistencia”.
Las animaciones cinematográficas han sido una parte importante de la práctica de Demand desde la recreación del túnel en el que murió la princesa Diana en su obra Tunnel (1999). Luego, Demand creó su obra maestra de animación stop motion con su película Pacific Sun (2012), en la que recreó minuciosamente un video de YouTube del interior de un crucero experimentando una turbulencia extrema. Le tomó tres años de trabajo y se exhibirá también en la muestra en Proa. “Ves que todo está volando por los aires. En este caso, la cámara se había fijado al barco, así que no se movía. Todo lo que se mueve es lo que es móvil: las sillas, todo, los vasos, los armarios…”, enumera los elementos de ese gran desafío artístico que en algún momento pensó como un ballet de objetos, una coreografía extremadamente compleja. Todas las piezas de la instalación estaban catalogadas. Se sabía exactamente cómo caería cada mínimo material, cómo chocaría con los otros. “Pensé que había cierta arrogancia en ello, como si intentaras imitar a la naturaleza. Pensé que iba a hacer una réplica de ese incidente lo más fiel que se pudiera”, afirma.
Demand no suele incluir personajes en sus escenas, la presencia humana se evidencia por sus vestigios. “Lo que a mí me interesa es mostrar espacios como lugares para el pensamiento. Cuando mirás una imagen con gente, rara vez te imaginás a vos mismo dentro de ella. En cambio, cuando ves un espacio vacío podés proyectarte allí”.
El tartamudeo de la historia se centrará en cuatro áreas de la obra de Demand: historias inquietantes, el impulso arquitectónico, los misterios de la vida cotidiana e imágenes en movimiento.
Durante la entrevista, el artista también reflexiona sobre las imágenes generadas con inteligencia artificial. “Cada vez circulan más, la cantidad no deja de crecer. Hay cosas que ya son tan absurdas, tan grotescas, que siento que no puedo añadir nada a eso. Pienso en la vergüenza, en la grosería, en la forma en que muchas personas intentan imponer sus opiniones a los demás. Toda la iconografía de MAGA (Make America Great Again) es tan abrumadora que, como artista, no tengo nada que decir al respecto. Lo mismo ocurre con ciertas catástrofes”.
Asimismo, se refiere a ciertas imágenes de la guerra: “Es como si los iPhones y las cámaras de este mundo crearan una imagen hermosa a partir del horror absoluto. Por eso, como artista hay que tener cuidado con la belleza del impacto, con cómo procesar eso y cómo relacionarse con ello”. Y cierra: “Tengo la sensación de que la producción de imágenes está un poco amenazada. En este momento hay demasiadas imágenes. Por eso, las cosas en las que trabajo buscan apartarse de este ritmo vertiginoso, de este bombardeo constante que recibimos todos los días. Necesito ir más despacio. Mucho más despacio para pensar y descubrir qué es lo que realmente permanece”.
Para agendarEl tartamudeo de la historia. Desde el 22 de agosto, en Fundación PROA, Av. Pedro de Mendoza 1929. De miércoles a domingo, de 12 a 19. Entradas, $6000; miércoles, gratis; estudiantes, docentes y jubilados, $4000; menores de 12 años, sin cargo.
Por Marina OybinJUEVES 20
ARTE
Thomas Demand Por primera vez en la Argentina, Fundación Proa presenta El tartamudeo de la historia, una retrospectiva del escultor y fotógrafo Thomas Demand, inaugurada en el Jeu de Paume en 2023 y luego itinerante en instituciones internacionales. La muestra reúne alrededor de sesenta obras del artista alemán, incluyendo sus reconocidas fotografías, y permite abordar su práctica en torno a la construcción de imágenes y su relación con la memoria y la historia. Curaduría deDouglas Fogle.
De miércoles a domingo de 12 a 19, en Fundación Proa, Av. Don Pedro de Mendoza 1929. Gratis.

Más de sesenta obras entre fotografías, videos y wallpapers recorren la producción de uno de los artistas más notables del arte contemporáneo. Organizada junto con la Foundation for the Exhibition of Photography (FEP), cuenta con la curaduría de Douglas Fogle.
En agosto de 2026, Fundación Proa inaugura Thomas Demand: el tartamudeo de la historia, la primera retrospectiva en la Argentina dedicada al reconocido artista alemán. Organizada junto con la Foundation for the Exhibition of Photography (FEP), cuenta con la curaduría de Douglas Fogle y reúne más de sesenta obras -fotografías de gran formato, videos y wallpapers– que recorren tres décadas de una práctica situada entre la escultura, la fotografía y el arte conceptual.
La llegada de Demand a Buenos Aires constituye uno de los acontecimientos más relevantes de la temporada cultural. Luego de su presentación en instituciones como el Jeu de Paume de París y el Museum of Fine Arts, Houston, la exposición desembarca en Fundación Proa con un recorrido que permite comprender una obra tan única como oportuna, dado el inmensurable volumen de imágenes que hoy circula a diario por las diversas plataformas de difusión.
El artista trabaja con un método muy personal: parte de fotografías publicadas en diarios, revistas, archivos e Internet sobre episodios emblemáticos de la historia para reconstruir esos espacios a escala real utilizando únicamente papel y cartón. La sala de control de Fukushima tras el tsunami de 2011, el refugio de Edward Snowden en Moscú, la oficina de la Stasi en Berlín Oriental, el dormitorio universitario de Bill Gates y el cuarto de hotel donde cenó Whitney Houston por última vez. Sin mostrar nunca personas, estas arquitecturas vacías conservan las huellas de acontecimientos que permanecen grabados en la memoria colectiva. Una vez terminada la construcción de las maquetas, Demand las fotografía y luego las destruye. La imagen final es el único vestigio de un proceso que al artista puede tomarle meses de trabajo artesanal.
“Hago esculturas de cartón, las fotografío y luego ya no las necesito. Reflejan algo que quizás hayas visto antes. Se basan en imágenes que conocemos de las noticias, del cine o de la historia. Lo que ves es una copia de una copia, algo familiar pero nunca del todo confiable”, explicaba el artista durante su primera visita a Buenos Aires. “Todos conocemos el Despacho Oval o el escondite de Saddam Hussein aunque nunca hayamos estado allí. Compartimos esas imágenes globalmente. La memoria colectiva es como un maravilloso bloque de mármol del que puedo hacer mis esculturas”.
En un momento histórico atravesado por la circulación incesante de imágenes y el desarrollo de la inteligencia artificial, la obra de Demand reinvindica la construcción manual y el tiempo como parte esencial de la obra. “Mi fotografía lleva meses. Esa lentitud le da profundidad y revisión. La pantalla siempre miente; hacer algo con las manos produce una experiencia distinta de la realidad”, afirma.
Fundación Proa
Escultor. Formado en la Academia de Arte de Düsseldorf, adoptó la fotografía que se convirtió en la obra de arte. (Foto: Emmanuel Fernández)
El alemán Thomas Demand dejó su casa en Los Ángeles, donde reside desde la pandemia de covid-19, para definir los detalles de su primera exposición en Buenos Aires. El tartamudeo de la historia, desde agosto en la Fundación Proa, mostrará una suerte de retrospectiva de la obra del destacado artista conceptual: fotografías de grandes esculturas que replican imágenes icónicas de circulación pública.
La sala de control desolada de la central nuclear de Fukushima después del tsunami de 2011 (Control Room, 2011), el refugio donde Edward Snowden se escondió durante más de un mes en Moscú (Refuge II, 2021), el escritorio y la computadora en el dormitorio de Bill Gates en Harvard (Corner, 1996) la oficina real de la Stasi en Berlín Oriental tras un saqueo (Office, 1995). Puentes, escaleras, laboratorios completos son reproducidos a escala 1:1 en papel, transformándose en construcciones efímeras que la fotografía perpetúa. Demand investiga las huellas que estas imágenes mediadas dejan en la memoria colectiva.
Fukushima tras el tsunami. “Control Room”, 2011.
“Hago esculturas de cartón, las fotografío y luego ya no las necesito. Sin embargo, reflejan algo que quizás hayas visto antes. Se basan en fotografías e imágenes que conocemos de las noticias, de pinturas, del cine, de todo tipo de iconografía mediática, como imágenes que circulan por el mundo y que compartimos en las redes sociales”, explica Demand en diálogo con Ñ, cuando llegó para coordinar el montaje de la exposición curada por el estadounidense Douglas Fogle. “Lo que ves es como la segunda o tercera versión de algo que quizás hayas visto antes; es una copia, pero siempre un poco diferente del original, y tampoco es una copia muy fiable. Terminas con una imagen que se parece a algo, pero te das cuenta rápidamente de que no es lo que pensabas”.
A través de más de 60 obras que incluyen fotografías a gran escala, videos y wallpapers, emerge la motivación de Demand, que cuestiona los conceptos de verdad. Sobre su trabajo y su método, quisimos saber más.
La primera conferencia de prensa de Trump. “Folders”, 2017.
-¿Cuál es el criterio, la manera de elegir las imágenes a replicar?
-Estoy vivo, mantengo los ojos abiertos y busco constantemente. La realidad está llena de sorpresas. Pero siempre busco una narrativa que se pueda contar a través de objetos, una idea muy abierta de la naturaleza muerta. Porque este género pictórico puede crear una narrativa sobre cómo llegaron esos objetos a esa habitación, qué hora es, cuál es el ángulo de visión, etc. Cada imagen que me interesa debe ser algo que todos compartamos en cierto sentido.
-¿Por qué hacer el trabajo manual y no otras formas de copiar?
-Pensamos mejor en movimiento. Por ejemplo, si paseas por el bosque con tu pareja, puede ser una conversación mucho mejor que estar sentados en la cocina. Y lo mismo ocurre con las manos. Pensamos con las manos, y me gusta hacer el trabajo, no tengo un montón de asistentes para eso. Porque creo que al hacer cosas obtenemos una sensación de realidad, una especie de sentido del tiempo. Por eso la IA es tan explosiva, grande o destructiva, según cómo se mire.
“Studio”, 1997. El set de televisión de un programa de entretenimientos.
-Nos quita una parte importante de la experiencia…
-Porque es básicamente un atajo a algo que ahora todo el mundo puede ver. Lo mismo con la fotografía, que todo el mundo piensa que se hace en 60 segundos, solo el obturador y listo, pero mi fotografía lleva meses, y eso también le da algo de peso, tal vez profundidad, consideración y revisión. Porque es más lento y más atemporal. Con la computadora llegas a un buen resultado, si tomas una fotografía de tu gato con el celular será una fotografía maravillosa de un tema realmente poco interesante. Porque lo embellecen. Mientras que crear algo uno mismo evita caer en la trampa de lo que alguien en Silicon Valley considera bello, por los algoritmos de los teléfonos que hacen que todo se vea genial. Y creo que como artista tienes la responsabilidad de saber exactamente por qué hiciste lo que hiciste y qué tipo de belleza, o no belleza, buscas.
-¿Y por qué la destrucción de las esculturas?
-Es un alivio, ocupan mucho espacio. Trabajo a tamaño real, así que si ves una habitación grande, necesito otra igual donde colocar la obra y, por supuesto, primero tengo que deshacerme de esta antes de poder empezar con una nueva pieza. Mientras estoy fuera, alguien más lo hace por mí y al regresar tengo la habitación completamente vacía, como una hoja en blanco. También es un verdadero alivio porque, además, el papel no está hecho para durar.
"Refuge II" (2021), Thomas Demand.
-¿Reutilizas el material o lo reciclas? ¿O quizás una parte?
-Al principio no lo hice por la ecología sino porque es muy barato y puedo conseguirlo en cualquier sitio, y hacerlo yo mismo. No necesito una grúa como si hiciera una escultura de bronce. Si necesito cambiar algo, agarro unas tijeras y lo hago. Tampoco necesito una computadora ni una licencia de Photoshop. Es mucho mejor porque la pantalla siempre miente, siempre es demasiado fácil y demasiado bonito. Todas las fotos que salen de la IA son preciosas. Y eso es un problema porque la gente se hartará, como si les gustara demasiado el azúcar. Si la IA consigue hacer fotos que sorprendan, podría tener futuro, pero esto está pasando de moda, como en los NFT. En medio año no queremos ver más.
-Se dice que la memoria colectiva está hecha de las imágenes más que de los eventos reales.
-Cuando entro en una sala a dar una conferencia donde no conozco a nadie les pregunto: ¿Recuerdan dónde se escondía Saddam Hussein? ¿Saben cómo es el Despacho Oval? Y entonces, con los brazos en alto, les pregunto: ¿Han estado en Washington? ¿Han estado en Tikrit? Nadie había estado. Pero todos compartimos y todos somos parte de esto. Si tuviera que describir qué tipo de persona soy y cómo concibo el mundo, hablaría de películas, de las imágenes de la caída del muro, de los Beatles tocando en la terraza, los Juegos Olímpicos de Londres. Todo está mediado. Incluso la ropa que elijo, y eso también llega a un nivel intelectual.
“Pacific Sun”, 2012. Un video registra turbulencias dentro de un crucero.
Ese es un aspecto, casi trivial, pero el otro es que lo compartimos globalmente y como artista sé exactamente lo que has visto aunque ninguno de nosotros ha estado allí. Así que, ya sabes, es un material precioso para mí. La memoria colectiva es como un maravilloso bloque de mármol del que puedo hacer mis esculturas.
-¿Y por eso te consideras un artista político?
-Es una pregunta difícil, pero importante. Primero que nada, como artista, prefiero usar una camiseta que diga esto y esto es una mierda pero una obra de arte tiene que tener vida propia. Segundo, muchas veces las fotografías se confunden con el evento real. Así que si fotografío un evento político, no es un evento político. Es una fotografía de ese evento político, y la fotografía omite cosas, encuadra y enfatiza otras que serían triviales si estuviéramos allí, y en la fotografía se ven muy dramáticas. En ese sentido, es político; los fotógrafos somos los mensajeros, no el contenido. En otro aspecto, la fotografía no es política en sí misma; como obra o contenido, puede generar un cambio político, puede concienciar a la gente, por eso es tan importante que la gente fotografíe en Ucrania, pero no es política en sí misma.
Y el tercer punto es qué es político. Y en una interpretación relativamente tradicional, lo político es la distribución del poder. En una democracia, todos votan y luego alguien es elegido para representar a su país. Ese es probablemente el denominador común más importante de la voluntad política de quienes tienen poder para ejercerlo. En ese sentido, el arte no tiene poder porque no somos elegidos, no tenemos ningún poder. Ni siquiera lo deseamos.
Thomas Demand, en La Boca. (Foto: Emmanuel Fernández).
No creo que el arte pueda hacer nada, aunque, por supuesto, forma parte del discurso político. Seguro has oído hablar del problema del antisemitismo en Documenta.
-Si tuvieras que argumentar sobre la verdad con un periodista, ¿qué dirías?
-Si piensas en un escritor que escribe una novela larga sobre Argentina en los años 70 y 80, y sabes que nació en 1962, digamos. ¿Puede escribir sobre Argentina sin haber crecido allí? Es inevitable que uno aporte algo propio a una obra de ficción. Tal vez no. Si piensas en Vladimir Nabokov, escribió un libro entero donde plasmó sus recuerdos de su juventud en Rusia. Algunos nombres son correctos, otros no. Simplemente los recuerda mal. Entonces, ¿es verdad o mentira? Diría que la verdad es cosa de periodistas, pero hay una diferencia entre verdad y veracidad.
Es como si la frontera entre la realidad y la ficción fuera muy difusa. Así que mi objetivo nunca es revelar la verdad. No soy fotógrafo documental. No puedo, no estoy en el terreno, no voy a Ucrania a fotografiar lo terrible que es. Pero creo que algunas cosas tienen que ser correctas para ser reconocidas y directas para ser vistas. No diría que tengo verdad objetiva, pero quizás tengo mucha verdad ficticia.
Por primera vez en la Argentina, Fundación Proa presentará una retrospectiva de Thomas Demand, presentada en el Jeu de Paume en 2023 y luego itinerante en instituciones internacionales. La muestra reúne alrededor de 60 obras, incluyendo sus reconocidas fotografías, y permite abordar su práctica en torno a la construcción de imágenes y su relación con la memoria y la historia.
En exhibición
Proa es una fundación privada ubicada en el histórico barrio de La Boca, en Buenos Aires, especializada en arte contemporáneo que cuenta con el apoyo de la Organización Techint.Fundación Proa continúa consolidándose como un territorio de experimentación y un puente clave con las grandes ligas del arte contemporáneo internacional. En esta ocasión, la institución de La Boca dio a conocer las coordenadas de sus próximas apuestas, las cuales abarcan desde procesos de investigación colectiva con entrada al público hasta una ambiciosa retrospectiva fotográfica que arriba por primera vez a la Argentina.
PROA21: Teatro, memoria y textos recobradosLa acción comenzará en el espacio experimental de PROA21 durante los meses de junio y julio de 2026. En el marco de su prestigioso programa anual de residencias, el centro cultural alojará a la compañía teatral Pablito No Clavó Nada.
La agrupación desembarca con un proyecto enfocado en investigar la lectura en escena, explorando ese particular espacio intermedio donde el texto escrito y el cuerpo del intérprete entran en fricción en tiempo real ante la mirada del espectador. El proceso de trabajo se extenderá a lo largo de seis semanas, período en el cual la compañía se dividirá en células creativas paralelas que cruzarán el relato oral, el diseño sonoro, la experimentación textil y el registro audiovisual.
Bajo el auspicio de Tenaris y Ternium, la propuesta trabajará sobre la base de textos que históricamente fueron silenciados y que hoy reclaman una nueva voz en el presente. El público tendrá la oportunidad de adentrarse en la intimidad de este laboratorio creativo el sábado 11 de julio, fecha en la que se abrirá oficialmente el proceso desarrollado durante la residencia.
La historia y sus réplicas: Thomas Demand llega a ProaEl plato fuerte de la programación internacional llegará en el período comprendido entre agosto y noviembre de 2026. Durante esos meses, el edificio principal de Fundación Proa albergará la exposición “Thomas Demand: El tartamudeo de la historia”.
Se trata de la primera retrospectiva en la Argentina del célebre artista alemán, una exhibición originalmente presentada en el Jeu de Paume de París en 2023 que luego inició un recorrido itinerante por destacadas instituciones de la escena internacional. Organizada en conjunto con la Foundation for the Exhibition of Photography (FEP), la muestra cuenta con la curaduría del prestigioso especialista Douglas Fogle y el auspicio de Tenaris y Ternium.
La exhibición reunirá un cuerpo de alrededor de 60 obras que incluyen sus icónicas e inquietantes fotografías a gran escala (como la reconocida serie Control Room, 2011). El recorrido permitirá al público local profundizar en la particular práctica conceptual de Demand, famoso por recrear minuciosamente en maquetas de cartón y papel espacios reales ligados a eventos políticos o mediáticos, para luego fotografiarlos y destruir los modelos tridimensionales. Una obra que tensiona de manera única los conceptos de veracidad en la imagen, memoria colectiva e historia contemporánea.
Con este doble programa, Fundación Proa equilibra su propuesta entre la producción viva de la escena local y la llegada de muestras de relevancia internacional que redefinen los límites de las artes visuales en la región.