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Press kit con link de descarga fotos Thomas Demand: The Stutter of History![]()
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Escultor. Formado en la Academia de Arte de Düsseldorf, adoptó la fotografía que se convirtió en la obra de arte. (Foto: Emmanuel Fernández)
El alemán Thomas Demand dejó su casa en Los Ángeles, donde reside desde la pandemia de covid-19, para definir los detalles de su primera exposición en Buenos Aires. El tartamudeo de la historia, desde agosto en la Fundación Proa, mostrará una suerte de retrospectiva de la obra del destacado artista conceptual: fotografías de grandes esculturas que replican imágenes icónicas de circulación pública.
La sala de control desolada de la central nuclear de Fukushima después del tsunami de 2011 (Control Room, 2011), el refugio donde Edward Snowden se escondió durante más de un mes en Moscú (Refuge II, 2021), el escritorio y la computadora en el dormitorio de Bill Gates en Harvard (Corner, 1996) la oficina real de la Stasi en Berlín Oriental tras un saqueo (Office, 1995). Puentes, escaleras, laboratorios completos son reproducidos a escala 1:1 en papel, transformándose en construcciones efímeras que la fotografía perpetúa. Demand investiga las huellas que estas imágenes mediadas dejan en la memoria colectiva.
Fukushima tras el tsunami. “Control Room”, 2011.
“Hago esculturas de cartón, las fotografío y luego ya no las necesito. Sin embargo, reflejan algo que quizás hayas visto antes. Se basan en fotografías e imágenes que conocemos de las noticias, de pinturas, del cine, de todo tipo de iconografía mediática, como imágenes que circulan por el mundo y que compartimos en las redes sociales”, explica Demand en diálogo con Ñ, cuando llegó para coordinar el montaje de la exposición curada por el estadounidense Douglas Fogle. “Lo que ves es como la segunda o tercera versión de algo que quizás hayas visto antes; es una copia, pero siempre un poco diferente del original, y tampoco es una copia muy fiable. Terminas con una imagen que se parece a algo, pero te das cuenta rápidamente de que no es lo que pensabas”.
A través de más de 60 obras que incluyen fotografías a gran escala, videos y wallpapers, emerge la motivación de Demand, que cuestiona los conceptos de verdad. Sobre su trabajo y su método, quisimos saber más.
La primera conferencia de prensa de Trump. “Folders”, 2017.
-¿Cuál es el criterio, la manera de elegir las imágenes a replicar?
-Estoy vivo, mantengo los ojos abiertos y busco constantemente. La realidad está llena de sorpresas. Pero siempre busco una narrativa que se pueda contar a través de objetos, una idea muy abierta de la naturaleza muerta. Porque este género pictórico puede crear una narrativa sobre cómo llegaron esos objetos a esa habitación, qué hora es, cuál es el ángulo de visión, etc. Cada imagen que me interesa debe ser algo que todos compartamos en cierto sentido.
-¿Por qué hacer el trabajo manual y no otras formas de copiar?
-Pensamos mejor en movimiento. Por ejemplo, si paseas por el bosque con tu pareja, puede ser una conversación mucho mejor que estar sentados en la cocina. Y lo mismo ocurre con las manos. Pensamos con las manos, y me gusta hacer el trabajo, no tengo un montón de asistentes para eso. Porque creo que al hacer cosas obtenemos una sensación de realidad, una especie de sentido del tiempo. Por eso la IA es tan explosiva, grande o destructiva, según cómo se mire.
“Studio”, 1997. El set de televisión de un programa de entretenimientos.
-Nos quita una parte importante de la experiencia…
-Porque es básicamente un atajo a algo que ahora todo el mundo puede ver. Lo mismo con la fotografía, que todo el mundo piensa que se hace en 60 segundos, solo el obturador y listo, pero mi fotografía lleva meses, y eso también le da algo de peso, tal vez profundidad, consideración y revisión. Porque es más lento y más atemporal. Con la computadora llegas a un buen resultado, si tomas una fotografía de tu gato con el celular será una fotografía maravillosa de un tema realmente poco interesante. Porque lo embellecen. Mientras que crear algo uno mismo evita caer en la trampa de lo que alguien en Silicon Valley considera bello, por los algoritmos de los teléfonos que hacen que todo se vea genial. Y creo que como artista tienes la responsabilidad de saber exactamente por qué hiciste lo que hiciste y qué tipo de belleza, o no belleza, buscas.
-¿Y por qué la destrucción de las esculturas?
-Es un alivio, ocupan mucho espacio. Trabajo a tamaño real, así que si ves una habitación grande, necesito otra igual donde colocar la obra y, por supuesto, primero tengo que deshacerme de esta antes de poder empezar con una nueva pieza. Mientras estoy fuera, alguien más lo hace por mí y al regresar tengo la habitación completamente vacía, como una hoja en blanco. También es un verdadero alivio porque, además, el papel no está hecho para durar.
"Refuge II" (2021), Thomas Demand.
-¿Reutilizas el material o lo reciclas? ¿O quizás una parte?
-Al principio no lo hice por la ecología sino porque es muy barato y puedo conseguirlo en cualquier sitio, y hacerlo yo mismo. No necesito una grúa como si hiciera una escultura de bronce. Si necesito cambiar algo, agarro unas tijeras y lo hago. Tampoco necesito una computadora ni una licencia de Photoshop. Es mucho mejor porque la pantalla siempre miente, siempre es demasiado fácil y demasiado bonito. Todas las fotos que salen de la IA son preciosas. Y eso es un problema porque la gente se hartará, como si les gustara demasiado el azúcar. Si la IA consigue hacer fotos que sorprendan, podría tener futuro, pero esto está pasando de moda, como en los NFT. En medio año no queremos ver más.
-Se dice que la memoria colectiva está hecha de las imágenes más que de los eventos reales.
-Cuando entro en una sala a dar una conferencia donde no conozco a nadie les pregunto: ¿Recuerdan dónde se escondía Saddam Hussein? ¿Saben cómo es el Despacho Oval? Y entonces, con los brazos en alto, les pregunto: ¿Han estado en Washington? ¿Han estado en Tikrit? Nadie había estado. Pero todos compartimos y todos somos parte de esto. Si tuviera que describir qué tipo de persona soy y cómo concibo el mundo, hablaría de películas, de las imágenes de la caída del muro, de los Beatles tocando en la terraza, los Juegos Olímpicos de Londres. Todo está mediado. Incluso la ropa que elijo, y eso también llega a un nivel intelectual.
“Pacific Sun”, 2012. Un video registra turbulencias dentro de un crucero.
Ese es un aspecto, casi trivial, pero el otro es que lo compartimos globalmente y como artista sé exactamente lo que has visto aunque ninguno de nosotros ha estado allí. Así que, ya sabes, es un material precioso para mí. La memoria colectiva es como un maravilloso bloque de mármol del que puedo hacer mis esculturas.
-¿Y por eso te consideras un artista político?
-Es una pregunta difícil, pero importante. Primero que nada, como artista, prefiero usar una camiseta que diga esto y esto es una mierda pero una obra de arte tiene que tener vida propia. Segundo, muchas veces las fotografías se confunden con el evento real. Así que si fotografío un evento político, no es un evento político. Es una fotografía de ese evento político, y la fotografía omite cosas, encuadra y enfatiza otras que serían triviales si estuviéramos allí, y en la fotografía se ven muy dramáticas. En ese sentido, es político; los fotógrafos somos los mensajeros, no el contenido. En otro aspecto, la fotografía no es política en sí misma; como obra o contenido, puede generar un cambio político, puede concienciar a la gente, por eso es tan importante que la gente fotografíe en Ucrania, pero no es política en sí misma.
Y el tercer punto es qué es político. Y en una interpretación relativamente tradicional, lo político es la distribución del poder. En una democracia, todos votan y luego alguien es elegido para representar a su país. Ese es probablemente el denominador común más importante de la voluntad política de quienes tienen poder para ejercerlo. En ese sentido, el arte no tiene poder porque no somos elegidos, no tenemos ningún poder. Ni siquiera lo deseamos.
Thomas Demand, en La Boca. (Foto: Emmanuel Fernández).
No creo que el arte pueda hacer nada, aunque, por supuesto, forma parte del discurso político. Seguro has oído hablar del problema del antisemitismo en Documenta.
-Si tuvieras que argumentar sobre la verdad con un periodista, ¿qué dirías?
-Si piensas en un escritor que escribe una novela larga sobre Argentina en los años 70 y 80, y sabes que nació en 1962, digamos. ¿Puede escribir sobre Argentina sin haber crecido allí? Es inevitable que uno aporte algo propio a una obra de ficción. Tal vez no. Si piensas en Vladimir Nabokov, escribió un libro entero donde plasmó sus recuerdos de su juventud en Rusia. Algunos nombres son correctos, otros no. Simplemente los recuerda mal. Entonces, ¿es verdad o mentira? Diría que la verdad es cosa de periodistas, pero hay una diferencia entre verdad y veracidad.
Es como si la frontera entre la realidad y la ficción fuera muy difusa. Así que mi objetivo nunca es revelar la verdad. No soy fotógrafo documental. No puedo, no estoy en el terreno, no voy a Ucrania a fotografiar lo terrible que es. Pero creo que algunas cosas tienen que ser correctas para ser reconocidas y directas para ser vistas. No diría que tengo verdad objetiva, pero quizás tengo mucha verdad ficticia.
Por primera vez en la Argentina, Fundación Proa presentará una retrospectiva de Thomas Demand, presentada en el Jeu de Paume en 2023 y luego itinerante en instituciones internacionales. La muestra reúne alrededor de 60 obras, incluyendo sus reconocidas fotografías, y permite abordar su práctica en torno a la construcción de imágenes y su relación con la memoria y la historia.
En exhibición
Proa es una fundación privada ubicada en el histórico barrio de La Boca, en Buenos Aires, especializada en arte contemporáneo que cuenta con el apoyo de la Organización Techint.Fundación Proa continúa consolidándose como un territorio de experimentación y un puente clave con las grandes ligas del arte contemporáneo internacional. En esta ocasión, la institución de La Boca dio a conocer las coordenadas de sus próximas apuestas, las cuales abarcan desde procesos de investigación colectiva con entrada al público hasta una ambiciosa retrospectiva fotográfica que arriba por primera vez a la Argentina.
PROA21: Teatro, memoria y textos recobradosLa acción comenzará en el espacio experimental de PROA21 durante los meses de junio y julio de 2026. En el marco de su prestigioso programa anual de residencias, el centro cultural alojará a la compañía teatral Pablito No Clavó Nada.
La agrupación desembarca con un proyecto enfocado en investigar la lectura en escena, explorando ese particular espacio intermedio donde el texto escrito y el cuerpo del intérprete entran en fricción en tiempo real ante la mirada del espectador. El proceso de trabajo se extenderá a lo largo de seis semanas, período en el cual la compañía se dividirá en células creativas paralelas que cruzarán el relato oral, el diseño sonoro, la experimentación textil y el registro audiovisual.
Bajo el auspicio de Tenaris y Ternium, la propuesta trabajará sobre la base de textos que históricamente fueron silenciados y que hoy reclaman una nueva voz en el presente. El público tendrá la oportunidad de adentrarse en la intimidad de este laboratorio creativo el sábado 11 de julio, fecha en la que se abrirá oficialmente el proceso desarrollado durante la residencia.
La historia y sus réplicas: Thomas Demand llega a ProaEl plato fuerte de la programación internacional llegará en el período comprendido entre agosto y noviembre de 2026. Durante esos meses, el edificio principal de Fundación Proa albergará la exposición “Thomas Demand: El tartamudeo de la historia”.
Se trata de la primera retrospectiva en la Argentina del célebre artista alemán, una exhibición originalmente presentada en el Jeu de Paume de París en 2023 que luego inició un recorrido itinerante por destacadas instituciones de la escena internacional. Organizada en conjunto con la Foundation for the Exhibition of Photography (FEP), la muestra cuenta con la curaduría del prestigioso especialista Douglas Fogle y el auspicio de Tenaris y Ternium.
La exhibición reunirá un cuerpo de alrededor de 60 obras que incluyen sus icónicas e inquietantes fotografías a gran escala (como la reconocida serie Control Room, 2011). El recorrido permitirá al público local profundizar en la particular práctica conceptual de Demand, famoso por recrear minuciosamente en maquetas de cartón y papel espacios reales ligados a eventos políticos o mediáticos, para luego fotografiarlos y destruir los modelos tridimensionales. Una obra que tensiona de manera única los conceptos de veracidad en la imagen, memoria colectiva e historia contemporánea.
Con este doble programa, Fundación Proa equilibra su propuesta entre la producción viva de la escena local y la llegada de muestras de relevancia internacional que redefinen los límites de las artes visuales en la región.