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Press kit con link de descarga fotos Penumbra: Dia Art Foundation![]()
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NUEVA YORK.- “Ahora estoy fan de Mariana Enriquez, no puedo más. Sólo estoy leyendo sus libros. Hay algo de la sofisticación, el humor y la ironía en la Argentina que me parece genial”, dice a LA NACION Humberto Moro en su oficina de Chelsea, donde trabaja como director de programación de Dia Art Foundation. Se define como “argentófilo” el curador mexicano que tuvo a su cargo junto con Ella den Elzen la muestra actual de David Lamelas en Nueva York y Penumbra, la que abrirá mañana en Fundación Proa.
Si bien no pudo viajar esta vez a Buenos Aires por motivos personales, el exsubdirector del Museo Tamayo de México tiene muchos amigos porteños y anticipó desde Manhattan cómo son las piezas de la colección de Dia, una institución decisiva en la historia del arte desde la segunda mitad del siglo XX, se podrán ver en La Boca. Realizadas entre 1962 a 2018 por Andy Warhol, Felix Gonzalez-Torres, James Turrell, John Chamberlain, Richard Serra, Robert Irwin, Agnes Martin, Tehching Hsieh y Walter De Maria, expandieron los límites de la escultura, la pintura, la instalación, la performance y el arte conceptual.

-¿En qué va a consistir esa muestra? ¿Cuál es la relevancia?
-Proa tiene una historia con Día. En 1998 presentaron una muestra de Dan Flavin, en colaboración con Dia y Michael Govan que era el entonces director de Día. Y además publicaron el primer libro en español de Flavin. Adriana Rosenberg, que es la fundadora y presidenta de Proa, ha estado muy preocupada por traer a la Argentina a esta generación de artistas. Ella ha hecho exposiciones con Sol LeWitt, Bruce Nauman y Fred Sandback. Entonces, toda esta generación y este marco histórico y teórico con el que Dia trabaja, es un campo de estudio que Proa ya estudia por sí mismo. En conversación con Adriana, planteamos la posibilidad de hacer una colaboración más y empezamos a analizar cuáles eran las obras que eran importantes para contar cierta historia sobre la fundación. Yo le hice una propuesta que tiene que ver con cómo la luz es un fenómeno que afecta a los objetos y que se ve afectada por ellos. Entonces usé esta idea de la penumbra que es el área de sombra que un objeto proyecta. Por ejemplo, cuando tú ves un eclipse lunar y ves la luna roja, lo que tú estás viendo es la sombra de la tierra en la luna.

-Obviamente leíste El elogio de la sombra, de Junichiro Tanizaki...
-Exactamente. Entonces, la muestra se centra en la idea de lo que pasa cuando la luz es prevenida a llegar a un lugar y cómo se comporta eso en nuestra colección. Tenemos obras de Agnes Martin, cuya idea sobre la permanencia de la luz en la memoria es muy importante. El color en la memoria. No qué pasa cuando ves una obra sino cuando no la ves, cuando te vas. El recuerdo que queda. Tenemos las Sombras de Andy Warhol, que es una obra icónica que Dia comisionó y que ha sido parte icónica de su historia. Es la forma difusa en que Warhol estudia y hace 102 cuadros en repetición con distintos colores, pero con el mismo patrón visual que es la sombra de un objeto, pero ese objeto no se sabe qué es. Y luego tenemos la obra de John Chamberlain, que también hace todo este juego de luces y de sombras a partir de materiales industriales de autos, de metal. Hay dos esculturas preciosas suyas de resina, iridiscentes, que juegan con la forma en la que la luz se refleja. Son hermosas. Y una obra de Turrell, Catso Blue, que es un cubo azul proyectado en una esquina. Es una proyección vibrante en un cuarto totalmente oscuro. También las maquetas de los Torqued Ellipses, las formaciones gigantes de metal que hizo Richard Serra. Estas esculturas monumentales muestran cómo la luz se comporta en el metal, y cómo los espacios se agrandan y se achican a partir del movimiento de la luz. Hay obras de Robert Irwin: un disco que tiene cuatro luces y hacen unas sombras equidistantes que modifican la forma del círculo, y otras de tubos fluorescentes. Unos están apagados y otros encendidos. También un video de Walter de María, que es un cameo por el desierto y lo único que puedes ver al final es la sombra del vaquero. Y otro de Tehching Hsieh, un artista taiwanés con el que hice su retrospectiva en Beacon, que juega con la oscuridad y luz a través del proceso revelado en el papel fotográfico. Todas lidian con esta idea de un proceso de negociación entre la zona de luz y la de oscuridad. Me pareció muy lindo para presentar highlights de la colección de Dia.

-¿Dónde suelen estar esas obras?
-Están en Beacon, una de las sedes de Dia Art Foundation.
-¿Y nunca se hizo una muestra con este enfoque?
-Yo determiné el tema y la aproximación hacia la colección. Llevo cuatro años en Dia y bajo la dirección de Jessica Morgan, la directora de la fundación, ha habido un gran interés en sacar nuestra colección a otras latitudes y a otras geografías porque es increíble y queremos que que otro público pueda disfrutarla más allá de la gente de Nueva York. Entonces hemos hecho una exposición de Dan Flavin en Colombia, en México y en el sur de los Estados Unidos. Jessica hizo una exhibición en Bombay, en la India.

-¿Y por qué ahora en Proa?
-Porque hay una relación con ellos, hay una historia institucional y están interesados en seguir desmenuzando para el público argentino lo que pasó con esta generación de artistas, que es muy interesante. Además ver yo soy argentófilo, he trabajado un montón con Liliana Porter. También me gusta el cine y ahora estoy fan de Mariana Enriquez, no puedo más, solo estoy leyendo sus libros. Hay algo de la sofisticación argentina y del humor y de la ironía argentina que me parece genial. Está toda esa herencia diaspórica. Spinetta, los Illya Kuryaki, Juana Molina que me encanta… Siempre he sido fan de la cultura argentina.

-¿Fuiste a la Argentina?
-Claro, y además he seguido a mucha gente por muchos lugares. Mi próxima misión es conocer a Mariana Enríquez.
-Obviamente conoces también a Inés Katzenstein, curadora de arte latinoamericano del MoMA.
-Totalmente. Inés ha sido una presencia constante en la exposición de Lamelas, he dialogado mucho con ella.

-¿Por qué una muestra de Lamelas en Dia?
-David es una figura relativamente desconocida en Estados Unidos, y sin embargo es fundamental para entender la historia del arte conceptual y del arte minimalista. No sólo en Latinoamérica, sino en el mundo. Él se encuentra en un punto que tira más hacia el underground que hacia el mainstream. Dia es una institución que tiene cierta visibilidad y que de cierta forma se ha dedicado a legitimar artistas que tienen que ver con el minimalismo, con el arte conceptual, con el land art, con el pop art. Aquí hay un intercambio entre el artista y la institución: el artista viene y vierte su obra en la institución, pero la institución también está virtiendo todo lo que tiene las características inherentes a la institución, que es este templo del minimalismo norteamericano, del arte conceptual de esta generación. De artistas que en los 60 y de los 70 estaban trabajando con preocupaciones conceptuales, industriales, minimalistas, etcétera. Entonces ahí creo que hay como una polinización cruzada que lo incluye en un canon que la institución ha ayudado a crear por mucho tiempo.

-Ariel Aisiks, fundador de Islaa, lo considera “el Duchamp de América Latina”. ¿Vos estás de acuerdo con esa definición?
-Creo que hay pocas figuras que se pueden comparar. Pero creo que quizá se refiere a la forma en la que Duchamp irrumpió en una tradición , y la rompió y la cambió por completo. Creo que David sí hizo eso en muchos ambientes. Lo que pasa es que lo de David permeó en comunidades muy distintas. Por ejemplo, si piensas en Los Ángeles y en la comunidad que hacía películas, arte a través de películas. Precedió a toda la generación de la llamada Pictures Generation. Si piensas, por ejemplo, en Cindy Sherman, en Robert Longo, en Robert Mangold… Para todos estos artistas David realmente fue un precursor, porque empezó a jugar con esta idea de la identidad, con la idea de los personajes en cámara. En ese sentido, sí irrumpió de manera definitiva en eso. Y también irrumpió, por ejemplo, en el arte conceptual. Si piensas en Publication, de 1970, como esta idea de las instrucciones y de las relaciones entre artistas y entre colegas y de la teoría de los networks. Eso era bastante nuevo.

-¿Fue un pionero del arte conceptual a nivel global?
-Totalmente. Y no solo del arte conceptual, sino de la crítica institucional. Benjamin Buchloh se ha referido a las instalaciones de David como “proto-crítica institucional”. Hay mucha idea de qué pasa en el espacio exhibición, de cuáles son las políticas del espectador.

-Lo que hizo en el Instituto Di Tella fue muy innovador.
-Increíble. A la Argentina, David le voló los sesos en los sesenta. Y era muy joven. Todo lo que hizo en el Di Tella, en San Pablo, en Venecia. Él estaba muy adelantado a su tiempo. Y a su vez, dialogando con una generación que tenía las mismas preocupaciones, que estaba estudiando la tecnología, los ciclos de información. Pero quizá David lo hacía con un rigor que estaba más cercano a los círculos europeos o norteamericanos. Me gustó mucho lo que dijo sobre él el historiador y curador Pedro de Llano Neira: que hay muy pocos artistas en el mundo, como David, que pueden articular la historia del arte contemporáneo a través de su obra.
Para agendar:Penumbra: Dia Art Foundation, con obras de la colección Dia Art Foundation de importantes artistas como Andy Warhol, Félix González-Torres, James Turrell y Richard Serra, entre otros. Desde mañana a las 17 hasta el 2 de agosto en Avenida Pedro de Mendoza 1929, de miércoles a domingos, de 12 a 19. Entrada general: $6000, miércoles gratis.
Por Celina Chatruc
5 minutos de lectura
LA NACION
Celina Chatruc

"Catso Blue" (1967-1987-2026), de James Turrell. Ph: Pilar Camacho
“Entren en grupos pequeños, no más de tres personas. Y quédense unos minutos hasta que se acostumbre la vista: ahí es cuando aparece la obra”, recomienda Adriana Rosenberg, presidenta de Fundación Proa. De esa manera invita a los periodistas presentes a descubrir una instalación lumínica de James Turrell, uno de los nueve artistas clave del arte contemporáneo de la segunda mitad del siglo XX reunidos en la muestra Penumbra: Dia Art Foundation, que ella considera “histórica” para esta institución que está por cumplir tres décadas.
El estadounidense con museo propio en Bodega Colomé, en Salta, integra el trío más conocido en la Argentina de esta exposición colectiva junto con Andy Warhol y Felix González-Torres, quienes protagonizaron otras individuales en Malba. Además de obras suyas, desde mañana a las 17 hasta principios de agosto se exhibirán en La Boca las de otras seis importantes figuras que debutarán ante el público porteño: Richard Serra, John Chamberlain, Robert Irwin, Walter De Maria, Tehching Hsieh y Agnes Martin.

“Desde la transparencia de la cortina de González-Torres hasta los colores cambiantes de Martin, los brillos de las luces en Chamberlain, la forma en la que se comporta el color en Warhol o las sombras se proyectan en las maquetas de Serra, hay una materialidad tan presente a través de texturas, de luces, de juegos de colores, que no hay que tener un conocimiento preestablecido para poder establecer una relación muy clara y muy potente con estas obras”, observó por videollamada desde Nueva York Humberto Moro, cocurador junto con Ella den Elzen y la actual de David Lamelas en Dia Chelsea.

Esta generación de artistas minimalistas y conceptuales, agregó, en la década de 1960 estaba “rompiendo con el expresionismo abstracto, con ideas de representación y también con la idea de la desmaterialización del arte, de la democratización del arte, de qué podía ser arte y qué no. En ese momento se usaban materiales industriales, metal, luz y vocabularios que tenían que ver mucho más con la percepción que con la forma”.

De ahí lo apropiado del título Penumbra. Palabra que según él significa lo mismo en más de una docena idiomas y que alude a una “zona de negociación” entre la luz y la sombra. Un juego que se vuelve muy evidente en la pieza de Turrell, una adquisición reciente de Dia y la primera del artista en ese acervo, que requirió sus propios acuerdos. “Es muy difícil que el estudio de Turrell acepte presentaciones temporales. Tuvimos que garantizar las condiciones óptimas de exhibición”, explicó Moro.

Más sutil pero no menos efectiva es la contemplación del paisaje de La Boca que se propone a través de las cortinas azules y semi transparentes de González-Torres, artista de origen cubano fallecido hace tres décadas en Estados Unidos. “Fue un artista queer, cuya identidad se convirtió en una base muy importante de su trabajo –recordó el curador-. Esta pieza que se inserta en la fachada de Proa, que es una negociación entre la opacidad y la visibilidad, habla de una intención de entendimiento entre culturas y entre puntos específicos, geográficos, culturales, sociales, económicos, que se comunican de distintas formas, pero que buscan entender cuál es nuestro papel como espectadores y cómo percibimos estos procesos de negociación”.

El rol del espectador también resulta clave en las propuestas de Irwin, otro referente junto con Turrell del movimiento Light and Space que surgió en el sur de California a comienzos de los años 60. De esa época fundacional se presenta un disco con cuatro luces que provocan sombras equidistantes, y que modifican la forma del círculo. “Es una pieza muy ejemplar de su práctica –observó la curadora Den Elzen-, ya que él concebía el arte como una experiencia muy personal o interactiva, en la cual el espectador aporta su percepción a la obra”.

Este artista llegó a aplicar sus juegos con la luz y el espacio en la remodelación de una antigua fábrica de galletitas en Beacon, convertida en una de las principales sedes de Dia. Allí se exhiben por ejemplo más de ochenta de las 102 telas abstractas realizadas por Warhol en distintos colores e inspiradas en la sombra de un objeto. Aunque hasta Proa llegaron ocho, allí ocupan toda una sala y conforman una ambientación, a la manera de los Nenúfares de Monet.

Esas vivencias contemplativas, tan bien descriptas por Junichiro Tanizaki hace casi un siglo en El elogio de la sombra, parecen una búsqueda cada vez más frecuente en la escena global de las artes visuales. “Y todo a media luz / Crepúsculo interior”, diría Gardel.

“Absolutamente”, responde sin dudar a LA NACION Jessica Morgan, directora de Dia, cuando se le pregunta si la noción del “arte como experiencia” ganó terreno en los últimos años. “Creo que como pasamos la vida en el reino digital –opinó-, la gente está hambrienta de una experiencia basada en nuestra propia percepción sensorial y visual, en la habilidad de estar en el momento en lugar de tener todo a través de un filtro. Se siente atraída por la escala y por la idea de estar encapsulada en un entorno, ya sea arquitectónico o visual. En Dia sentimos que el interés en nuestro trabajo tiene que ver con esta experiencia sensorial y háptica del arte, donde estás dentro de la obra y sos parte del espacio. Estás sintiendo algo”.

Penumbra: Dia Art Foundation en Fundación Proa (Avenida Pedro de Mendoza 1929) con obras de importantes artistas como Andy Warhol, Félix González-Torres, James Turrell y Richard Serra, entre otros. Desde mañana a las 17 hasta el 2 de agosto de miércoles a domingos, de 12 a 19. Entrada general: $6000, miércoles gratis.
Por Celina Chatruc
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LA NACION
Celina Chatruc

"Catso Blue" (1967-1987-2026), de James Turrell. Ph: Pilar Camacho
“Entren en grupos pequeños, no más de tres personas. Y quédense unos minutos hasta que se acostumbre la vista: ahí es cuando aparece la obra”, recomienda Adriana Rosenberg, presidenta de Fundación Proa. De esa manera invita a los periodistas presentes a descubrir una instalación lumínica de James Turrell, uno de los nueve artistas clave del arte contemporáneo de la segunda mitad del siglo XX reunidos en la muestra Penumbra: Dia Art Foundation, que ella considera “histórica” para esta institución que está por cumplir tres décadas.
El estadounidense con museo propio en Bodega Colomé, en Salta, integra el trío más conocido en la Argentina de esta exposición colectiva junto con Andy Warhol y Felix González-Torres, quienes protagonizaron otras individuales en Malba. Además de obras suyas, desde mañana a las 17 hasta principios de agosto se exhibirán en La Boca las de otras seis importantes figuras que debutarán ante el público porteño: Richard Serra, John Chamberlain, Robert Irwin, Walter De Maria, Tehching Hsieh y Agnes Martin.

“Desde la transparencia de la cortina de González-Torres hasta los colores cambiantes de Martin, los brillos de las luces en Chamberlain, la forma en la que se comporta el color en Warhol o las sombras se proyectan en las maquetas de Serra, hay una materialidad tan presente a través de texturas, de luces, de juegos de colores, que no hay que tener un conocimiento preestablecido para poder establecer una relación muy clara y muy potente con estas obras”, observó por videollamada desde Nueva York Humberto Moro, cocurador junto con Ella den Elzen y la actual de David Lamelas en Dia Chelsea.

Esta generación de artistas minimalistas y conceptuales, agregó, en la década de 1960 estaba “rompiendo con el expresionismo abstracto, con ideas de representación y también con la idea de la desmaterialización del arte, de la democratización del arte, de qué podía ser arte y qué no. En ese momento se usaban materiales industriales, metal, luz y vocabularios que tenían que ver mucho más con la percepción que con la forma”.

De ahí lo apropiado del título Penumbra. Palabra que según él significa lo mismo en más de una docena idiomas y que alude a una “zona de negociación” entre la luz y la sombra. Un juego que se vuelve muy evidente en la pieza de Turrell, una adquisición reciente de Dia y la primera del artista en ese acervo, que requirió sus propios acuerdos. “Es muy difícil que el estudio de Turrell acepte presentaciones temporales. Tuvimos que garantizar las condiciones óptimas de exhibición”, explicó Moro.

Más sutil pero no menos efectiva es la contemplación del paisaje de La Boca que se propone a través de las cortinas azules y semi transparentes de González-Torres, artista de origen cubano fallecido hace tres décadas en Estados Unidos. “Fue un artista queer, cuya identidad se convirtió en una base muy importante de su trabajo –recordó el curador-. Esta pieza que se inserta en la fachada de Proa, que es una negociación entre la opacidad y la visibilidad, habla de una intención de entendimiento entre culturas y entre puntos específicos, geográficos, culturales, sociales, económicos, que se comunican de distintas formas, pero que buscan entender cuál es nuestro papel como espectadores y cómo percibimos estos procesos de negociación”.

El rol del espectador también resulta clave en las propuestas de Irwin, otro referente junto con Turrell del movimiento Light and Space que surgió en el sur de California a comienzos de los años 60. De esa época fundacional se presenta un disco con cuatro luces que provocan sombras equidistantes, y que modifican la forma del círculo. “Es una pieza muy ejemplar de su práctica –observó la curadora Den Elzen-, ya que él concebía el arte como una experiencia muy personal o interactiva, en la cual el espectador aporta su percepción a la obra”.

Este artista llegó a aplicar sus juegos con la luz y el espacio en la remodelación de una antigua fábrica de galletitas en Beacon, convertida en una de las principales sedes de Dia. Allí se exhiben por ejemplo más de ochenta de las 102 telas abstractas realizadas por Warhol en distintos colores e inspiradas en la sombra de un objeto. Aunque hasta Proa llegaron ocho, allí ocupan toda una sala y conforman una ambientación, a la manera de los Nenúfares de Monet.

Esas vivencias contemplativas, tan bien descriptas por Junichiro Tanizaki hace casi un siglo en El elogio de la sombra, parecen una búsqueda cada vez más frecuente en la escena global de las artes visuales. “Y todo a media luz / Crepúsculo interior”, diría Gardel.

“Absolutamente”, responde sin dudar a LA NACION Jessica Morgan, directora de Dia, cuando se le pregunta si la noción del “arte como experiencia” ganó terreno en los últimos años. “Creo que como pasamos la vida en el reino digital –opinó-, la gente está hambrienta de una experiencia basada en nuestra propia percepción sensorial y visual, en la habilidad de estar en el momento en lugar de tener todo a través de un filtro. Se siente atraída por la escala y por la idea de estar encapsulada en un entorno, ya sea arquitectónico o visual. En Dia sentimos que el interés en nuestro trabajo tiene que ver con esta experiencia sensorial y háptica del arte, donde estás dentro de la obra y sos parte del espacio. Estás sintiendo algo”.

Penumbra: Dia Art Foundation en Fundación Proa (Avenida Pedro de Mendoza 1929) con obras de importantes artistas como Andy Warhol, Félix González-Torres, James Turrell y Richard Serra, entre otros. Desde mañana a las 17 hasta el 2 de agosto de miércoles a domingos, de 12 a 19. Entrada general: $6000, miércoles gratis.
Por Celina Chatruc
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Humberto Moro. El curador presentará parte de la colección de Dia en Proa.
Dia Art Foundation acaba de celebrar en 2024 sus primeros 50 años. Imposible no tener en cuenta que nace en el momento en que los artistas de vanguardia, en especial los norteamericanos, tomaban distancia de la institución arte a través de proyectos a gran escala como el land art, cuya materia de expresión y ámbito de exhibición es la propia naturaleza. La colección de Dia, prestigiosa institución con sede en EE.UU., se caracteriza justamente por haber acogido una serie fundamental de esos proyectos. Cómo surgió y cómo se sostuvo una iniciativa de esa naturaleza, tan poco convencional. Sobre estos temas conversamos con Humberto Moro, el curador mexicano que desde hace 4 años es responsable de contenidos en Dia, incluida la muestra Penumbra que llega a Fundación Proa en marzo.
"Cuando en 1974 se reúnen una coleccionista tejana, un galerista alemán y una historiadora del arte, la idea fue facilitar a los artistas concretar sus proyectos más ambiciosos. Empezó un grupo de 11: les dieron una mensualidad, un archivista, un asistente y un estudio. Desde un principio, la misión de Dia estuvo al servicio de los artistas. Hoy cuenta con distintas sedes en Nueva York y otros estados y países: 12 con obras de sitio específico y otros tres donde mostramos exposiciones temporarias o itinerantes. Me refiero a Día Bridgehampton, Día Chelsea y Día Beacon. Beacon es nuestro espacio más conocido, allí se encuentra la mayor parte de la colección. Pero también tenemos obras icónicas como el Spiral Jetty de Robert Smithson y los monumentos de Nancy Holt, en Utah; el Lightning Field de Wartel De María en New Mexico, o su Vertical Kilometer en Kassel. En Chelsea, tenemos una parte del proyecto de los 7000 Oaks (Robles) de Joseph Beuys que fue comisionado por Dia para Documenta. Estamos hablando de una institución que es polimórfica y una colección que va a profundidad con los artistas y muchas de las obras que comisionamos son obras de gran formato, instalaciones de sitio que terminamos coleccionando".
Felix Gonzalez-Torres, “Untitled” (Loverboy), 1989. © Estate Felix Gonzalez-Torres. Photo: Bill Jacobson Studio, New York.
-Como Director de Programa, tiene a cargo diversas áreas. ¿Cómo se vincula su gestión con este proyecto en Buenos Aires?
-Vengo de ser director artístico del Museo Tamayo en Ciudad de México y desde que llegué hace 4 años, puse atención en llevar la colección hacia otras geografías. En esa política se enmarca Penumbra, la exhibición que se verá a fines de marzo en Proa. Conozco a Adriana Rosenberg desde hace años y esta es la segunda colaboración de con Dia. En 1998, el entonces director, Michael Goban, presentó en Proa a Dan Flavin. También consideramos el protagonismo de Proa en el medio del arte contemporáneo en Buenos Aires. Pero muy especialmente el trabajo que Adriana ha hecho con esta generación de artistas norteamericanos que son centrales en la colección de Dia, al mostrar la importancia del minimalismo, del Conceptualismo, del posminimalismo al público de Buenos Aires.
-Justamente, la obra de Dan Graham que está en la vereda de Proa fue realizada en 2019, durante una muestra dedicada al minimalismo, posminimalismo y conceptualismo norteamericano.
-Sobre esas líneas empezamos a desarrollar un proyecto que, desde una mirada crítica, pudiera representar no solo la historia de Dia y que por sí misma fuera interesante. Así arribamos a Penumbra, un título que, a partir de ciertas obras de la colección propone una relación con la idea de un cuerpo obstruyendo un halo de luz. La idea de cómo se comporta la luz y sus refracciones sirvió para hilvanar un tema favorito del minimalismo y del conceptualismo. En torno de este principio reunimos obras fundacionales de la historia de Dia, como las Shadows de Andy Warhol que es la obra más abstracta de Andy Warhol.
Andy Warhol, Shadows, 1978–79. Installation view, Dia:Beacon, Beacon, New York, 2019. © The Andy Warhol Foundation for the Visual Arts, Inc. /Artists Rights Society (ARS), New York. Photo: Bill Jacobson Studio, New York, courtesy Dia Art Foundation, New York
-Y tal vez la más enigmática…
-¡Absolutamente! Encierra un gran misterio. Parte de la sombra de un objeto indefinido que había en su oficina y la repite; juega con ella, con distintos colores, negativos, positivos, y al final es siempre ese objeto que está mediando la acción de la luz. ¡Es uno de sus trabajos más obsesivos hizo: 100 pinturas!
Después, tenemos una pieza de Félix González Torres de 1989, una cortina que se instala en todas las ventanas del edificio. Él trabajó mucho la idea de lo público y lo privado. También estaba muy consciente de la importancia de las ediciones de sus obras y de cuántas podían coexistir en simultáneo. Si una obra tiene dos ediciones tienen que ser exhibidas al mismo tiempo. Una serie de reglas conceptuales para que se muestre una obra que es muy importante en el postminimalismo .
En la muestra Penumbra habrá también una serie de trabajos de Robert Irwin, que es un artista que también estudió la luz y cómo se comporta en el espacio. Robert Irwin fue además el artista que diseñó toda la planta arquitectónica de Dia Beacon en la renovación de la fábrica Nabisco. Así es que es una figura fundacional. Después tenemos a Agnes Martin. con la serie Innocent Love que es icónica en su carrera, y que tiene una reflexión sobre la percepción del color, de la reverberación y de lo que permanece en la pupila.
Walter De Maria, Hard Core, 1969. Dia Art Foundation; Gift of Virginia Dwan. © Estate of Walter De Maria
Tenemos dos esculturas de resina translúcida de John Chamberlain muy poco conocidas. También una obra muy temprana de James Turrell y las maquetas que Richard Serra hizo para generar esta serie inmersiva que se llamó las Torqued Ellipses, que son las que te tenemos en Beacon. Se presentaron por primera vez en 1997 en las galerías de Chelsea y después fueron a Beacon en 2003.
-La mayoría de los artistas incluidos son hombres blancos estadounidenses, ¿No han tenido cuestionamientos sobre el perfil de la colección en el sentido de una agenda contemporánea más diversa?
-La realidad es que Dia ha sido una colección de artistas hombres blancos norteamericanos. El mundo ha cambiado radicalmente en las últimas décadas. Uno de los mandatos más claros de la directora Jessica Morgan ha sido diversificar la colección pero teniendo en cuenta una línea de investigación que identifique cuáles son las lagunas que tenemos y eso estamos analizando.
Hace un par de años, la artista estadounidense Lucy Raven, que trabaja con la idea de paisaje, fue convocada para realizar la obra que reabrió nuestras galerías en Chelsea después de la remodelación. Esa pieza hoy es parte de la colección, igual que la obra de la artista colombiana con Delcy Morelos, con la que trabajamos hace un par de años. Y también entraron a la colección obras Liliana Porter. Uno de los artistas que estamos presentando en Penumbra es el legendario artista taiwanés Teching Hsieh. Acabo de curar su retrospectiva que abrió en Beacon el pasado octubre.
-Y próximamente inaugurarán una muestra de David Lamelas.
-¡Ah si, si! Vamos a hacer la exposición más grande de David Lamelas en Nueva York, que seguramente marcará su carrera y que lo dará a conocer a una nueva generación de jóvenes que quizás no saben quién es este gran artista argentino. Estamos muy contentos porque, bueno, yo soy argentófilo. Justo estoy planeando un simposio sobre el Instituto de Tella en los 60 con ISLAA, el Institute for Latin American Studies, que es nuestro partner. Con ellos hemos organizado una serie de exhibiciones: con Delcy Morelos y el colectivo mexicano Ecos From the Borderland y terminamos ahora con David Lamelas en un partnership de 3 años. Tenemos pendiente una conversación más nutrida acerca de las voces latinoamericanas que han sido fundamentales para la historia del arte conceptual contemporáneo y las resonancias que tiene con la historia de Dia.
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NUEVA YORK.- Las noticias sobre el minuto a minuto sobre la guerra en Medio Oriente llegan publicadas por los corresponsales en Instagram hasta las salas de la Dia Art Foundation, en Manhattan, donde una obra realizada hace casi seis décadas que pertenece a la colección del MoMA vuelve a demostrar su vigencia: la Oficina de información sobre la guerra de Vietnam, presentada por el argentino David Lamelas en la Bienal de Venecia de 1968, consistía en un escritorio donde el público podía acceder por radio y por télex a los informes de última hora sobre lo que ocurría entonces en el frente de batalla del sudeste asiático.
Van Gogh y el significado del amarilloEsas novedades eran leídas por una mujer, acción que se repetirá este sábado a las 14 y durante varias fechas a lo largo de casi un año mientras dure The Machine, la mayor exposición individual que Lamelas haya realizado en Nueva York. En esta ciudad vivió siete años en la década de 1990, cuando ya había dejado su huella como artista conceptual, minimalista y pop en Buenos Aires, Londres, París, Berlín, Bruselas y Los Ángeles. Tras haber dedicado más de una década a crear películas y videoarte, esa mudanza implicó un nuevo comienzo desde el dibujo y la pintura.

“Estoy muy emocionado con este reconocimiento en una de las ciudades que nunca dejé”, dijo a LA NACION este artista premiado en la Bienal de San Pablo (1967), que llegó a participar de la Documenta de Kassel (2017), al regresar a los 79 años a Nueva York para reencontrarse en Chelsea –a pocas cuadras del famoso hotel con el nombre del barrio que habitaron tantos artistas- con cuarenta esculturas, instalaciones, performances y películas realizadas desde 1965.

Muchas de ellas reflejan su interés constante en la información y la comunicación. Entre ellas su corto El dictador (1978), en el cual Lamelas encarna con ironía a un coronel latinoamericano entrevistado por una periodista (interpretada por Hildegarde Duane) que lo interroga sobre sus abusos de poder. Cualquier vínculo con la reciente detención de Nicolás Maduro en Venezuela es pura coincidencia, aunque una vez más demuestra su vigencia.

Se reconstruyeron también piezas clave como El súper elástico, instalación pop exhibida en Lirolay en 1965, que se contó entre las primeras que marcaron su pasaje de la pintura a las tres dimensiones. O Falling Wall, con la cual regresó a la escultura en 1993. Hay nuevas versiones de Situación de tiempo y Conexión de tres espacios, presentadas en el Instituto Di Tella a mediados de los años 60.

“Las obras van cambiando con el paso del tiempo, y la elección de cada curador es distinta. Aunque sean las mismas obras, al estar relacionadas de forma diferente toman un nuevo significado” opina Lamelas, que en la última década expuso en los museos de las universidades de California -muestra que luego fue a Malba-, Michigan, y en las galerías del Hunter College en Nueva York,.

Tanto esas muestras como la actual, curada por Humberto Moro y Ella den Elzen, fueron impulsadas por el Instituto para Estudios sobre Arte Latinoamericano (Islaa). Además de acompañar la exposición con un seminario sobre la vanguardia de los años 60, dicha institución donó dos obras de Lamelas a Dia y cedió otras en préstamo. Entre ellas, dos películas producidas por dicha institución y dirigidas por Lamelas, que actúa en una tercera dedicada a Rubén Santantonín cuyo estreno está previsto para este año.

“Lamelas es el Duchamp de América Latina, por el impacto que tuvo su trabajo como pionero del arte conceptual”, opina con entusiasmo Ariel Aisiks, fundador de Islaa. Más reticente a ese tipo de comparaciones, Moro reconoce sin embargo que “así como Duchamp irrumpió en una tradición y la cambió por completo, David hizo eso en muchos ambientes”.

Lamelas, en tanto, considera la definición como un “inmenso honor”, ya que reconoce su gran admiración por el artista franco americano que cambió la historia del arte con sus readymades. “Duchamp amplió la idea de lo que era el arte a todo nivel, y fue una gran influencia para mí cuando era adolescente –dijo a LA NACION-. Me impresionó mucho saber que hizo dos de sus obras más importantes mientras vivió en Buenos Aires, entre 1918 y 1919, y ver en una fotografía cómo había reinventado el espacio de una muestra con un hilo tensado entre los cuadros exhibidos de grandes artistas surrealistas. Desató en mí la libertad sobre el pensamiento académico que enseñaban en la Argentina”.

Esa influencia se refleja por ejemplo en una de las obras incluidas en la muestra: la frase “Buenos Aires no existe”, grabada por Lamelas sobre las chapas que se usan para señalizar calles, está tomada de una carta enviada por Duchamp desde la Argentina. También parece haber “ecos duchampianos” en una nota escrita a mano por el artista argentino en una pequeña hoja de un hotel en 2006, que inspiró el título de la exposición actual. Se refería allí a “La Máquina como proceso de invención”, equiparable al cerebro, y confesaba su fascinación por “los sistemas de desarrollo del pensamiento”.

“Me voló los sesos esta nota, porque la entendí como la piedra roseta para decodificar la obra de David”, confesó Moro, quien citó a su colega Pedro de Llano Neira al presentar a Lamelas en la inauguración para invitados especiales: “Él dice que hay muy pocos artistas en el mundo, como él, que pueden articular la historia del arte contemporáneo a través de su obra. En esta muestra vemos pop art, arte conceptual, arte minimalista, cine e instalaciones”.

Entre esos primeros visitantes se contaron amigos de Lamelas que llegaron desde distintas ciudad e Inés Katzenstein, curadora de arte latinoamericano del MoMA y directora del Instituto Cisneros para la Investigación del Arte de América Latina, quien lo conoce desde los años 90 y trabajó con él en dos muestras. “Esta exposición me resulta muy emocionante –dijo a LA NACION-, sobre todo porque hicieron reconstrucciones de muchísimas esculturas que vi una y otra vez en fotografías. Significa un reconocimiento inmenso para David en una institución que se especializó en coleccionar minimalismo y arte conceptual, exactamente lo que él hizo durante toda su vida”.

El público argentino podrá conocer muy pronto parte del acervo al que se refiere Katzenstein, gracias a otra muestra a cargo de los mismos curadores. El 28 de este mes se presentarán en Fundación Proa piezas destacadas de Dia, institución decisiva en la historia del arte desde la segunda mitad del siglo XX.
Por Celina ChatrucEn el barrio de La Boca, PROA, entre marzo y julio, mostrará un conjunto de obras clave de la colección de Dia Art Foundation como una selección de piezas históricas que han sido fundamentales para la identidad y el desarrollo de la institución.
Trabajos de Andy Warhol, Robert Irwin, Agnes Martin, John Chamberlain, Richard Serra, Walter De Maria, Félix González-Torres, Tehching Hsieh y James Turrell, entre otros, reunidas a partir de una mirada curatorial desarrollada por Humberto Moro, Deputy Director of Program, junto a Ella den Elzen, Curatorial Assistant, de Dia Art Foundation.