La ciudad como laberinto

“La ciudad es una para el que pasa sin entrar, y otra para el que está preso en ella; una es la ciudad a la que se llega la primera vez, otra la que se deja para no volver, cada una merece un nombre diferente”. 
Italo Calvino
Las ciudades invisibles

 

En esta sala se despliega un conjunto de obras que abarca un largo período de tiempo; se presentan históricas ciudades con forma de laberintos y está presente también la pieza icónica del arte del siglo XX, Whirligig, de Dan Graham, que marca la centralidad de la sala. Realizada especialmente para Proa, la monumental obra tiene la capacidad de yuxtaponer imágenes, convirtiendo la experiencia al transitarla en un inquietante momento porque -con sus vidrios espejados y convexos- permite contemplar el entorno y a uno mismo desde muchos ángulos, conformando un laberinto de imágenes provocadoras.

Es en el Antiguo Testamento donde aparecen los primeros indicios de la ciudad de Jericó considerada la ciudad más antigua y representada a la manera de un laberinto. Investigaciones arqueológicas, que desenterraron restos de más de 20 asentamientos sucesivos en Jericó, indican que el primero de ellos se remonta a más de 10.000 años.  El conjunto de reproducciones de grabados presentes en la sala nos permiten apreciar las representaciones a lo largo del tiempo, y confirmar la presencia del laberinto como ciudad en las diversas culturas. Es interesante observar los modos de representación utilizados por artistas anónimos e históricos como Botticelli y Leonardo Da Vinci


Sandro Boticcelli. City with Seven Walls, 1481. (Ciudad con siete muros). 34 x 61 cm


Es posible también pensar la ciudad como una prisión, y es Giovanni Battista Piranesi quien en sus Prisiones (Carceri d'Invenzione, 1745-1760) advierte sobre las vivencias posibles en una gran ciudad. Nacido en Venecia se traslada a Roma y es esta arquitectura y monumentalidad la que deja reflejada en los grabados. Minuciosos detalles sobre personas, esculturas, pasillos y pasadizos, convierten a los edificios de ruinas romanas en espacios cerrados, calabozos, organizando un paisaje de ciudades oscuras que no conducen a ningún lugar y que encierran al individuo en su propio deambular. El video que acompaña, aporta una mirada microscópica, mostrando detalles de monumentos, esculturas y ruinas romanas, y provocando admiración, belleza y temor. 

Piranesi es también un puente con la modernidad, recuperado por el cine y por los surrealistas que abre una puerta al arte del siglo XX. Es por eso que se suceden los rincones digitales de la artista Regina Silveira, con sus Escaleras inexplicables, espacios de sombra que desmaterializan la arquitectura, provocan vértigo por la ausencia de límites precisos, generando un desequilibrio en la arquitectura. 

Es con la misma mirada que Jorge Miño utiliza la fotografía en blanco y negro para construir laberintos espaciales de escaleras, superponiendo curvas, creando espacios aparentemente familiares pero de difícil acceso, de dimensiones extrañas. Y a su lado, Pablo Siquier, también en blanco y negro, presenta un entretejido visual de fragmentos de la ciudad, con elementos ornamentales y tramas de la arquitectura. 

El entrecruzamiento presente en la monumental obra de Edgardo Giménez se emparenta a través del color con las arquitecturas y ciudades utópicas de Xul Solar. Sus notables acuarelas presentan diseños imaginarios, arquitecturas místicas y utópicas; al decir de Jorge L. Borges, “...sus pinturas son documentos del mundo ultraterreno”.

Y es León Ferrari quien en sus heliografías construye laberintos habitados que se recorren erráticamente. Las obras en palabras del artista: “...expresan lo absurdo de la sociedad actual, esa suerte de locura cotidiana necesaria para que todo parezca normal”.


León Ferrari. Planta, 2008 y Autopista del Sur, 2008. 2 copias heliográficas de original de 1980, 96 x 95 y 106,5 x 100,2 cm. Colección Familia Ferrari

Los QR cuentan con más información sobre cada una de las obras.

Giovanni Battista Piranesi (1720-1778)



Giovanni Battista Piranesi. Serie Carceri d'Invenzione nuove, planchas V, VI, VII, VIII, 1745 (Serie Cárceles de nuevas invenciones). 4 aguafuertes; planchas V, VII y VIII, 57,5 x 42,5 cm y plancha VI 56,5 x 41,5 cm. Colección Museo Nacional de Bellas Artes
 

La destacada presencia en esta exhibición del artista italiano Giovanni Battista Piranesi se debe a la relevancia e influencia que sus más de 2.000 grabados han dejado en la historia del arte.

Las cuatro aguafuertes exhibidas pertenecen a la Colección del Museo Nacional de Bellas Artes de nuestro país, y forman parte de las Prisiones, realizadas luego de que el artista emigrara a Roma desde Venecia. 

En ellas sus intrincados paisajes presentan una ciudad en la que los edificios y los monumentos se entrelazan y entrecruzan generando un espacio cerrado, lúgubre, estrecho y oscuro. Utiliza esta técnica con gran destreza en el detalle del dibujo y las tramas, acentuando con un intenso claroscuro el drama de los espacios imaginados. Con múltiples ediciones realizadas hasta entrado el siglo XX, su obra es un ejemplo de la prolífica capacidad de circulación y reproducción que tuvieron los grabados.

El notable video realizado por Grégoire Dupond fue presentado en ocasión de la muestra sobre Piranesi en la Fundación Cini, Venecia. La recreación en 3D nos permite sumergirnos en la mente del artista y descubrir los infinitos detalles que componen sus obras. Un viaje al interior de una Roma en la que encontramos hombres que suben, esculturas a diversas escalas y escaleras que no van a ningún lugar, sino que encierran al visitante. 

Las obras de Piranesi se consideran una bisagra entre el arte antiguo y el contemporáneo dado que su intención no es hacer un retrato de la ciudad de Roma sino construir itinerarios mentales a través de espacios reales, abiertos a la imaginación.

El laberinto en las letras y en el cine


{NOTA_BAJADA}

La presencia de ejemplares de la revista surrealista Minotaure, fundada por Albert Skira y E. Teriade en París (13 números entre diciembre de 1932 y 1939), documenta la gran creatividad  artística -artes visuales, poesía, música, arquitectura, etnografía y mitología- de la época de entreguerras. Esa efervescencia creativa se aprecia en los notables artistas que ilustran sus tapas así como también en los textos de intelectuales, científicos y poetas como Bataille, Breton, Duchamp, Ernst, Miró, Man Ray, Magritte, y otros. La elección del nombre se debe a que, en esa época del desarrollo del psicoanálisis, el laberinto era considerado análogo al pensamiento. Las figuras del Minotauro y de Teseo aparecían como metáforas de la lucha de los impulsos irracionales, la conciencia y el autoconocimiento. 

En mayo de 1939 ocurrió una curiosa coincidencia que reunió a París con Buenos Aires. En el volumen doble 12-13 de Minotaure el verdadero Dr. Pierre Menard publicó Analyse de l’Écriture de Lautréamont (Análisis de la escritura de Lautréamont) mientras que en ese mismo mes y año Jorge L. Borges publicaba Pierre Menard, Autor del Quijote (N° 56, revista Sur). 

A partir de las vanguardias artísticas del siglo XX seleccionamos tres escritores argentinos en relación al laberinto: Manuel Mujica Lainez por sus exquisitos dibujos;  Julio Cortázar por su original versión sobre el Minotauro y Teseo e indudablemente gran parte de la obra de Borges por la presencia de este signo en su literatura.  

La intensidad de la obra de Borges hizo que sus ideas estimulen la construcción de proyectos/laberintos en la naturaleza. Diseñados por el británico Randoll Coate y realizados en 2003 en Estancia Los Álamos, Mendoza, y en 2011 en la Fundación Cini en Venecia, ambos laberintos comparten la misma planta utilizando buxus y boj respectivamente. La intensa relación de Borges con su amigo y editor Franco Maria Ricci desembocó en la materialización del Laberinto della Masone que la Fundación realizó por insistencia del escritor, reflejando la profundidad de sus ideas. 

El laberinto en el cine es el resultado de una edición extraordinaria e inédita realizada especialmente para esta exhibición en la que se pueden ver en un video de 35 minutos, con fragmentos destacados de películas e imágenes desde la década del 20 hasta la actualidad.


Laberinto de Borges en Fundación Cini. Planta milimétrica basada en un diseño de Randoll Coate. Cortesía Fundación Cini.

Teseo y el Minotauro
{NOTA_BAJADA}

La leyenda de Teseo y el Minotauro, con sus muchas interpretaciones a lo largo del tiempo, ha suscitado que las personas se sientan identificadas con uno u otro de los protagonistas. El laberinto, comparándolo a los meandros del pensamiento, ha sido ligado a lo introspectivo, a las complejidades que cada persona puede tener en sus pensamientos o vivencias; como enuncia Borges: “me parece que el símbolo más evidente de la perplejidad es el laberinto”. Esta afirmación abre infinitos caminos e interpretaciones trasladando la complejidad a nuestro interior ¿En qué medida el laberinto está fuera o dentro de nosotros? ¿Es transitable y finito o tan abstracto e inabordable como lo son los pensamientos? Quizá, como dice Cortázar “Todo está en nosotros”. 

Dicha premisa es retomada por Michelangelo Pistoletto en su obra; las vicisitudes del camino son plasmadas en la sinuosidad del espacio transitable mientras que el gran pozo, alojado al centro, contiene un espejo que parece develar el misterio ¿quién se encuentra en el centro? Nuestra imagen se refleja, abriendo una nueva incógnita ¿somos el “héroe” o el “monstruo”? Quizá habiten en nosotros ambos. Un guiño al mito de Narciso que parece hacerse presente también en la obra de Javier Bilatz; esta propuesta interactiva consta de un laberinto digital que se modifica cada vez que un espectador se le enfrenta, tomando los rasgos característicos de cada persona e incorporándola dentro de los muros que conforman dicha arquitectura. En este sentido, cada uno de los visitantes que se encuentre ante esta experiencia, estará cautivo de este laberinto, del mismo modo que expresa Horacio Zabala en una repetición extenuante: “estoy en un laberinto, estoy en un laberinto, estoy en un laberinto…”. 

Si está dentro de nosotros lo encontramos en la recreación del proyecto Open Mind (Mente abierta) del artista cubano Yoan Capote quien presenta el cerebro como un laberinto, en un doble juego entre realidad y subjetividad. Y es contemplando la belleza de los dibujos anatómicos del laberinto auditivo, nos encontramos con la evidencia de que nuestro cuerpo también posee su propio laberinto. 


Michelangelo Pistoletto. Labirinto e Grande Pozzo, 1969-2022. (Laberinto y pozo grande). Cartón corrugado y espejo. Medidas variables. Realización en Proa.
Colección del artista. Cortesía Galería Continua.