Sesostris Vitullo

Exposición Vitullo y su significado 
Por Ignacio Pirovano

Este documento fue extraido de la biblioteca del Museo de Arte Moderno.
El Museo Nacional de Arte Moderno de París es la Institución que consagra los valores estéticos internacionales.
Su fallo es inapelable e indiscutible.
La obra de Vitullo es una valor internacional de la escultura contemporánea, 25 años de Francia no hicieron más que afirmar su raigambre argentina. Enorme porcentaje de su obra está dedicado a enaltecer las realidades nuestras, Río de la Plata, Esfinge Pampeana, Via Crucis del Gaucho, Monumento a Martín Fierro, Piedra Tumbal a José Hernández, Nahuel Huapí, etc, así lo confirman.
El único escultor extranjero que formaba parte de la antigua Asociación de Talladores de Piedra de Francia, que viene de la Edad Media.
Vitullo era un tallador directo. Unía pues a su inspiración estética una técnica artesanal impecable y rarísima.
Todo esto hace de él, aparte de los gustos personales, una figura argentina del primer plano.
Hay que dividir, en estética, los valores nacionales de los va-lores internacionales. Vitullo representa un valor internacional.
Así lo confirma el hecho de haber sido invitado a exponer en el Museo Nacional de Arte Moderno de París.
Como valor internacional argentino, era lógico que el Ministerio de Relaciones Exteriores de Francia, en la Dirección de Asuntos Culturales, invitara a la embajada Argentina a que auspiciara, junto con ella, la muestra.
Todas las exposiciones internacionales realizadas en ese Museo se hicieron siguiendo esa práctica protocolar.
Es falso e inexacto que la Comisión Nacional de Cultura auspiciara esa Exposición. Vitullo murió en la más absoluta pobreza... 8 días su cadaver en la Morgue así lo confirma. Abandonado por la Argentina en todo momento, olvidando su humildísimo origen, su jerarquía artística y sus convicciones Peronistas, y sobre todo, haber estado encarcelado por las autoridades alemanas de ocupación como rehén argentino, en represalia de las personas internadas del Acorazado Graf Spee.
Independiente del acierto o deshacierto de la obra en sí, que puede considerarse muy mala, la interpretación simbólica de Eva Peron como trasunto de expresión telúrica de América liberada por el Justicialismo en sus razas milenarias y autóc-tonas, por lo menos puede ser discutible en cuanto a rea-lización, pero justificable en cuando al sentido de la interpretación.
Por último, la muerte de Vitullo, como elemental respeto hacia un artista, debía haber evitado la discusión prematura de su obra, consagrada por los críticos de arte más importantes del mundo.
Raymond Ronze, una de las más altas autoridades del mundo, Director, por otra parte, del intercambio universitario o franco - argentino, consideró su obligación realizar el ho-menaje de la cultura y el arte de Francia a a la cultura y el arte argentino, escribiendo la oración fúnebre publicada en el rotograbado del diario "La Prensa".
Este artículo provocó la acerba crítica en el artículo de fondo del diario "Democracia" del día 16 de Setiembre y el día 17, al día siguiente, noticias argentinas del exterior publicaban la recepción que en la Embajada Argentina en París se realizaba ese mismo día para condecorar al Profesor Ronze con la Orden de Mérito Nacional en vista de la activa labora de intercambio cultural y artístico que realizara dicho señor.
El ataque y el premio no guardan relación en la orientación política e internacional argentina.

Sesostris Vitullo (Buenos Aires, 1899 - Pars, Francia, 1953)

{NOTA_EPIGRAFE_2}

{NOTA_EPIGRAFE_3}

{NOTA_EPIGRAFE_4}

{NOTA_EPIGRAFE_5}

{NOTA_EPIGRAFE_6}

Vitullo y el mito
por Michel Dufet

Semanario "ARTS" Nº350, Faubourg Saint Honoré, París 16/01/53.
"Mi abuelo era domador de caballos en la Pampa. Fue él quien me educó. Vivíamos en una naturaleza salvaje, una naturaleza que hacía estremecer. Cuando una carreta se encajaba en la tierra mojada por la lluvia de las tempestades, sus ruedas pareciera que abrían un abismo; muy niño entonces me quedaba al borde del hueco angustiado. El viento, sobre todo, era terrible. Luego venía el sol, un sol tórrido, enceguecedor. Inmensas llanuras y. de pronto, un muro; la Cordillera. Horizontales, verticales. Yo no he comprendido totalmente esa violencia, no me ha sido posible expresarla hasta que la dulce finura de Francia me hubo envuelto. Tres elementos me han comprometido: el paisaje de la Argentina, su viento, su luz. He extendido mis bloques sobre la tierra o bien los he levantado como totems, capaces de afrontar la más cruda iluminación..."
Así se sintetiza Vitullo. Sus ojos, en los que se lee la bondad, fulguran en el rostro anguloso, como tallado a golpes violentos en un madero duro, dulcificado solamente por enormes patillas plateadas que se esfuman hasta la comisura de los labios. El corderoy marrón, del que emergen los rasgos de la figura, acentúa su rudeza, animada por el encarnado del pañuelo de seda que lleva anudado al cuello. Sus gruesos zapatos resuenan sobre las lozas. Vitullo camina entre el bosque de granito, de mármol y de madera esculpidos, colocados en el Museo de Arte Moderno, en el alto salón donde, para responder a las manifestaciones del arte francés, organizada en la República Argentina desde la guerra, Francia ha acogido su obra.
Es típicamente argentina, lo que equivale a decir "indígena". Pero ella ha sido realizada en París, donde el artista vive desde 1925. Es decir que su obra participa de la influencia de nuestros más grandes escultores franceses, pero tan bien digerida, tan perfectamente asimilada que sólo sus métodos de trabajo se mantienen a través de una personalidad nueva, intacta, que ha surgido. Y este método, salta a la vista primeramente, por su análisis profundo, sensible, exigido hasta su máxima intensidad de la forma viviente para llegar, gracias a síntesis sucesivas, a la expresión de símbolos plásticos de una extrema estilización, en el deseo, quizás, de encontrar una forma para aquello que se nos escapa, que puede ser la amistad animal en el desierto, la aparición continuada del bosque o la majestad del canto gregoriano.
Esta voluntad de llegar a la abstracción por el duro camino del análisis de formas concretas, se ha hecho particularmente visible en obras donde el escultor ha querido presentarnos etapas sucesivas: Cristo Muerto, por ejemplo, del que hablamos en estas mismas columnas y que ha dado lugar a cinco esculturas escalonadas entre l935 y l952. En ellas Vitullo ha abandonado, poco a poco, la imagen anecdótica y la forma sensible para sólo expresar la tragedia del más sublime de los mitos mediante un ritmo de planos socavados, cortados, violentamente contrastados. Igualmente en lo que se refiere al Cóndor, quien se yergue en dos totems, el primero de granito rosa -esculpido en l949-, el segundo, más depurado, de formas más amplias en las que aflora la sensibilidad apareciendo más profunda, más intensa, más humana en una palabra, y que data de l951.
Es también el Cóndor quien le ha proporcionado a Vitullo el tema, permitiéndole simbolizar al Libertador de Chile y Perú, San Martín.
El poeta Antonin Artaud está representado por un alto bloque de ébano, en el que los hermosos planos, sobrios y pulidos, ascienden del suelo. El jugo de la tierra era su alimento ya que nada esperaba del cielo y la espalda, evocando casullas, lo envuelve de misticismo.
Finalmente, para el poeta argentino José Hernández, Vitullo ha acostado de cara al sol a una piedra sepulcral. El poeta del Martín Fierro luce los atuendos típicos del gaucho. Esculpido en un magnífico granito negro, sus hermosos planos, simples, comulgan con el verdadero suelo de las Pampas. Reposando en medio de sus "cacharpas" el poeta yace tirado cara al cielo.
Vitullo es un escultor monumental. Ha buscado tan intensamente recrear su universo mítico que nos propone representaciones hasta del sol y de la luna. Hoy en día se clasifica, por esta excepcional exposición, entre los estatuístas más valiosos que ha producido la Escuela de París. Su aparente abstracción no vagabundea por los meandros de una fantasía desordenada. El análisis sutil que le sirve de trampolín para lanzarse hacia las más altas cumbres de la fuerza o de la sensibilidad, todo en función de crear el mito, hacen que su arte repose sobre las más sanas bases. Finalmente, nos hace rendir homenaje, la disciplina que actualmente sabe imponer a sus más entusiastas impulsos.

 La obra de Vitullo
por: G.M.

"Que vuestro espíritu, escribía Rodin, conciba toda superficie como la extremidad de un volumen impulsado desde atrás. Figuraos a las formas como apuntando hacia vosotros. Toda vida surge de un centro, luego germina y se extiende de adentro hacia afuera. Del mismo modo, en la buena escultura, se adivina siempre una poderosa fuerza interior..."

Esta lección de Rodin es válida, sin duda, para toda escultura. Da a las formas su poder dinámico y su consistencia. Serena o violenta, lleva a conquistar el espacio, superando su chatura. Así comprobamos en el Museo de Arte Moderno que Vitullo demuestra recordar la lección, que en ella se inspira o que lo ayuda a redescubrir su espíritu, siempre y cuando no haya conocido su letra.
La piedra, por lo general, no ha sido tallada nunca tan profundamente ni la madera socavada, así, hasta el alma. Más bien, ante la obra acabada, parecen ser ellos mismos los que han conferido el nacimiento a éstas pulsaciones de la superficie, haberlas organizado, medido y equilibrado; pero conservadas secretamente hasta el momento en que el buril del escultor descubre su evidencia para revelárnosla.
Es quizás que por este sentido de la materia -piedra o leño-, por este sentido que parece responder a una obediencia, que el arte de Vitullo convencerá desde el primer momento a sus espectadores. Y será también por este sentido que Vitullo evitará de antemano toda tentativa a través de la cual se le pretenda encasillar dentro de una fórmula. Nacido de un contacto del hombre, de sus sentidos y de su inteligencia con la na-turaleza, este arte crea siempre objetos naturales, y si a veces se percibe algún aspecto convencional, no será si no, creemos nosotros, excepcionalmente, en obras donde el respeto demasiado literal por su figuración limita al artista quien quizás no la sintió tan profundamente y a las que tolerará, aunque sin adherir tan plenamente a ella.

TOTEMS Y MASAS 
Percibimos los orígenes más remotos de esas creaciones. Sentimos en estas masas horizontales, de donde surge el ritmo de los volúmenes o donde, a veces, cincela una fuerte linea simbólica, la presencia de las grandes civilizaciones precolombinas. Y esos totems erguidos hacia el cielo, se conectan claramente con lo que han debido ser sus antiguos modelos. Pero si de esas "influencias" se desprende el espíritu central de su obra, como intuye el futuro la mirada atenta de Vitullo quien también lo ha sabido acordar a su quehacer de escultor contemporáneo nuestro; esas influencias desaparecen ante la unidad original, y si nuestra curiosidad se tienta en descubrir esas influencias en su obra, sólo lo será para luego olvidarse y abandonarnos, en cambio, ante esa presencia contemporánea de una búsqueda que sólo se debe a si misma a los sólidos materiales que informa.
Ligado a la naturaleza, intentando, por ejemplo, restituirnos el movimiento del Río de la Plata, "evadiéndose en la horizontal para encontrarse con el mar", o la sobriedad vertical del totem Nahuel-Huapi, en "esa región lacustre donde el paisaje de vegetación mineral gira en la elipse"; acordándose de edades antiguas pero inolvidables, en efecto, esforzándose por integrarlas a nuestro tiempo, siempre respetuoso de la materia que ha elegido para revelarla y, a través de ella, revelársela a si mismo, el arte de Vitullo, en sus momentos más logrados, alcanza la síntesis que comunica su fuerza vital, no solamente a cada una de sus esculturas, sino que las unifica, masas horizontales o totems, en una totalidad creadora que cada una de ellas, por sí solas, saben continuar y realizar.

Fuente:
Semanario "Combat", Pari­s 05/01/53.

{NOTA_EPIGRAFE_1}

{NOTA_EPIGRAFE_2}

{NOTA_EPIGRAFE_3}

{NOTA_EPIGRAFE_4}

{NOTA_EPIGRAFE_5}

{NOTA_EPIGRAFE_6}

Un estilo moderno del barroco 
por: Charles Estienne

Todo artista auténtico comienza por ser un solitario. Aunque sólo fuera por esto, Vitullo atraería nuestra simpatía. Efectivamente, vive desde hace 25 años en París (nació en Buenos Aires en 1899), y sólo se había manifestado, hasta ahora, a través de una pequeña exposición (si no me equivoco en el año '47), en la Galería Jeanne Boucher. Desde entonces silencio, retiro, a tal punto que cuando el Museo de Arte Moderno anunció su exposición, nos preguntamos cómo un "joven escultor" iba a poder enfrentarse con las temibles salas de L'Avenue Wilson. Y si digo escultor, es que entonces su fecundidad, sinceridad y el lenguaje ya muy personal y en todo caso sorprendente de las pocas piezas expuestas en la Galería Jeanne Boucher, testimoniaban mucho más, a favor o en contra de los dones de la juventud, que en pro o en contra de la reserva o del egoísmo de la madurez.
Por esta razón la sorpresa fue más grande: sin lugar a dudas, el artista argentino Vitullo -argentino de París- es un escultor nato que nunca aborda el mármol, el granito o la madera sin imprimirles su sello personal. Sería poco decir que se trata de un buen, un muy buen o mismo gran escultor: todo lo que Vitullo toca se convierte en escultura, y lo resuelve jugándose, con un virtuosismo, una soltura y una fuerza muy raras de encontrar hoy en su oficio, siendo éste uno de los problemas fundamentales que hoy aqueja, no siempre a su favor, a la escultura llamada moderna.
Así y todo, Vitullo, da un tono mayor, un no sé qué inefable mucho más importante; que no se ha considerado un problema solamente porque no es un problema de estilo, consecuentemente de él no se habla; ya que las soluciones formales, aquellas que solo atañen al estilo, no aportan ninguna respuesta auténtica al problema; dicho en dos palabras, Vitullo acierta naturalmente, aquí hablaría de cierto primitivismo tan saludable como congruente con el principio esencial de su arte, aquel andamiaje mitológico y geológico a la vez, donde debe siempre enraizarse -aun incorporando el espacio- toda escultura digna de ese nombre.
Conviene, por lo oportuno del caso, destacar que la escultura es, en su esencia, algo monumental, no pudiendo ésta, por consiguiente -excepto para alcanzar su mejor motivación- limitarse a la realización de objetos logrados o perfectos, ejecutados por un artesano, aun siendo excepcional.
Entonces qué tranquilidad espiritual y qué tensión, qué euforia, y, por contraste, qué aventura la de descubrir, en medio de este bosque inmóvil de monolitos verticales y de formas agazapadas, enroscadas sobre sí mismas hasta la curva extrema del erotismo, ver surgir los tres elementos esenciales de la geografía espiritual de la Argentina: la luz, el viento, y el perfil de la Cordillera de los Andes, el buey y el cóndor, la danza del gaucho, el sueño del Río de la Plata, la alta soledad de los acantilados en la Patagonia, el sol y la luna, el gallo y el cacique.
Escultor de masa, que modela, sin embargo, como se danza y se ama, hacedor de objetos preciosos cual ídolos familiares, ejecutor de espacios monumentales, también de esta manera, se nos aparece Vitullo.
Pero, desde mi punto de vista, nos aporta algo mucho más importante: su mundo personal, interior -algo tan interior como su estirpe mineral y su espuma barroca- una Anabásis de madera y de piedra, un gran país poético y plástico que no sabría indicar mejor que situándolo en alguna parte de esos Andes espirituales donde se ha creado una herencia, también, ese otro gran clásico barroco, el poeta Saint-John Perse.

{NOTA_EPIGRAFE_1}

{NOTA_EPIGRAFE_2}

{NOTA_EPIGRAFE_3}

{NOTA_EPIGRAFE_4}

{NOTA_EPIGRAFE_5}

{NOTA_EPIGRAFE_6}