Prensa Publicada

  • Título: Una experiencia religiosa
    Autor: Radar
    Fecha: 18/10/2021
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    La muestra “El tiempo del arte” en la Fundación Proa responde a una nueva tendencia de exposiciones: la organización temática antes que histórica. Así conviven, bajo temas como “El cuerpo”, “El amor” o “El odio”, obras separadas por trescientos o quinientos años. En medio de ese viaje, Gustavo Nielsen se encontró con una vieja admiración: la figura de San Jerónimo, pintada más de un centenar de veces y siempre leyendo. Este es el ensayo que escribió sobre ese anacoreta expulsado de la Iglesia por leer los libros prohibidos.

    Eusebio Hierónimo de Estridón o Jerónimo de Estridón, llamado San Jerónimo por la Iglesia Católica, fue un estudioso del latín y del griego. Tradujo la Biblia —su libro favorito— del hebreo, para que la pudieran leer todos. El problema del tipo parece ser que no solamente leía textos sagrados sino, también, libros paganos y todo tipo de libros, por los que tuvo sueños en los que lo echaban a patadas de la curia. Pasó su vida leyendo a Cicerón, Horacio, Virgilio, Tácito, Homero, Platón. Pasó su vida leyendo, quiero decir, cuanta cosa con tapas que hubiera en ese tiempo, el año 400. Toda vez que lo retratan en los cuadros sale con un libro en la mano. En el de Domenico Ghirlandaio, pintado mil años después de la muerte de Jerónimo, lo vemos de cuerpo entero, sentado debajo de un baldaquino de oro, pensando y escribiendo. Capaz que traduciendo. O haciendo notas, ya que toda lectura es, en cierto modo, el comienzo inminente de una escritura.

    Hay cientos de versiones de San Jerónimo atrapado en el acto de leer. La espalda inclinada sobre la tabla de su lugar sagrado, con los ojos, el rostro entregados al papel, el cuello tenso, las manos ocupadas en pasar las páginas o realizar anotaciones. Y nunca hay un solo libro sino varios. Todos abiertos.

    Salvo por el detalle de la computadora que hay sobre mi escritorio, puedo compararme en la iconografía, sin santidad mediante, en este momento de escribir una nota: hay dos libros abiertos en mi tabla, papeles, lápices. Uno de los libros es Habitar, construir y pensar, del arquitecto Miguel Angel Roca, y otro es El tiempo del arte, el catálogo de la nueva exposición que la Fundación Proa ha colgado en estos días y acabo de visitar. Una maravillosa muestra curada por Giacinto di Pietrantonio que se basa en la mezcolanza de obras según nodos temáticos, a la nova usanza del arte: podemos ver un cuadro de 1600 rodeado por un ready-made de Duchamp o una foto de Joel-Peter Witkin, con el único pretexto de estar hablando de un mismo tema. El amor, el odio, la muerte, el cuerpo, la vida, la muerte.

    La idea posmoderna de agrupar las cosas no por escuelas o fechas sino por conceptos deja en el visitante un sabor existencialista. Me explico: en el ítem “cuerpo” hay un cartel de peluquería del siglo XVIII, de Vittore Ghislandi detto Fra’Galgario, la Insignia del barbero Oletta. En el medio del cuadro está Oletta, el dueño de la peluquería, con pinta de joven emprendedor; a la izquierda su empleado, el peluquero, blandiendo sus tijeras en franca mirada homosexual; a la derecha hay una tercera figura, la de un noble. Ese que dice: “Soy cliente de esta peluquería”. ¿Qué diferencia hay con las fotos de Susana Giménez o Graciela Borges colgadas en el local de Miguel Romano frente al Alto Palermo Shopping?

    Pero volvamos al santo y a un cuadro que no está en la muestra, pero que recuerdo con mucho cariño: San Jerónimo en su estudio, de Antonello da Messina, de 1474. Cuando lo vi por primera vez era enorme, porque fue parte de una teórica de arquitectura de Roca, mi maestro. Era el año 1983, el Aula Ralba del Pabellón III de la Ciudad Universitaria, y la Facultad todavía se llamaba de Arquitectura y Urbanismo, sin los Diseños que vinieron después.

    En el cuadro vuelve a aparecer nuestro santo leyendo, cómodamente sentado en una silla de madera ubicada adentro de un pequeño edículo del mismo material. El edículo es como una casita infantil, tiene dos paredes de bibliotecas y está sobreelevado sobre una plataforma. Es un mueble-lugar: tiene un escritorio fijo, una escalinata de tres peldaños para subir a la plataforma y un banco. Y no hay espacio para mucho más que un lector, en este caso vestido con ropajes eclesiásticos.

    Este edículo de madera está inscripto, a su vez, en el espacio enorme de una catedral gótica. Es, a comparación de la catedral, una miniatura. La catedral también está inscripta en un mundo: afuera hay un paisaje, la campiña que podemos ver a través de la ventana que aparece a la izquierda del cuadro.

    Miguel Angel Roca entiende el edículo como un espacio propicio para el aislamiento del acto de leer. Para el recogimiento, la meditación. Se lo ve cómodo a Jerónimo en su gabinete, rodeado de sus papeles y plumas. Todo le es ajeno: en el cuadro aparecen arcos, tracerías, guardas, pájaros, hasta un león, pero él ni los mira. Está leyendo, tensionado por la perspectiva renacentista. No podemos ver qué libro, pero Jerónimo está atrapado por él. Ensimismado, hipnotizado. No puede dejarlo ni un instante. Está quieto, terriblemente estático en su postura, sólo su imaginación se mueve quién sabe por qué caminos y para decirle qué cosas. El recuerdo de ese cuadro lleva implícito el propio placer que yo siento al leer.

    Todo el fenómeno de la lectura está representado en esta imagen: el almacenamiento de los libros de consulta, el libro abierto, el lector, la silla, el escritorio, la luz. Pero Roca ve algo más, la representación idílica de lo que una biblioteca debe ser, algo que será reinterpretado siglos después por Labrouste en la biblioteca de San Genevieve de 1840, por Alvar Aalto en la biblioteca de Viipuri de 1927, por Hans Sharoum en la biblioteca estatal de Berlín de 1964, por Louis Kahn en la biblioteca de Exeter de 1967. Y por cada uno de los maravillosos espacios públicos para leer que existen en el mundo. Roca ve ahí la necesidad de aislar. Es diferente leer en tu casa, en el sillón conocido y con la lámpara que siempre encendemos, que leer en un lugar público. Para leer en un lugar público hay que aislarse del entorno. Jerónimo lo hacía subiendo tres peldaños y sentándose en su nave de madera: así se separaba de la Iglesia. Para poder volar los humanos necesitamos tener una nave.

    A Jerónimo lo culparon de leer a los paganos, a los griegos. La historia dice que se fue al desierto a ganarse su título de santo, con ayuno y oración, cuando la Iglesia no lo dejó usar más el edículo por meterse con los libros prohibidos.

    Yo creo que se fue a leer.

    Dos obras que sí están en la exposición de Proa me llamaron la atención especialmente, porque también tienen que ver con el santo. Digo: consiguieron mi atención por dos razones. La primera es la misma de la forma de la exposición; esa reunión de autores de todos los tiempos, desde Velázquez hasta León Ferrari, empecinados en relatar un mismo concepto o sentimiento. La contigüidad entre las obras relata esa extrañeza; el paseo desde un iluminista lombardo hasta I’m Desperate de Wearing para ilustrar la dupla Poder-Cotidianidad crea un diálogo anacrónico interesantísimo que se formula apenas en un paso. Hay, en ese paso que separa las obras, a veces trescientos, quinientos años. ¡Y están hablando de las mismas cosas con materiales nuevos, culturas nuevas y nuevas geografías!

    La segunda razón es el azar: dos San Jerónimos encontrados en una sala triangular en La Boca. Uno es un cuadro y otro es una instalación. En uno es un lector, en el otro podría ser un disc-jockey. Uno es barroco, el otro contemporáneo: 1625, 1997. Y hablo de azar porque ni en el catálogo van pegados; los pusieron cerca por temática, pero sobre todo por lo bien que quedan en el espacio blanco de la galería.

    El cuadro es San Gerolamo in Meditazione, de Pietro Paolini, un visible cultor de Caravaggio. El santo está en la última etapa de su vida, vestido mitad de eremita, mitad con la túnica cardenalicia. Está pelado, flaco, más de un año sin afeitar. Su única compañía humana es una calavera; los únicos objetos no humanos a hallar sobre la mesa, los libros. Se lo ve preocupado, con la cabeza como siempre, metida entre las páginas. Lo ilumina esa luz del barroco que nunca sabemos de dónde viene, porque al fin de cuentas esta vez está leyendo adentro de una cueva oscura. Lo han echado de la Iglesia. Parece más humano que el retratado por Messina, más sufrido, como gastadito por la existencia. Pero igual de estudioso. Aunque le falte el quiosco.

    Entendemos que ya no lo necesita, porque toda una vida de reclinación sobre su edículo lo hicieron más lector. No precisa ni vela. Allí donde él esté, podrá leer. Pero la curaduría lo invita a más. Giacinto di Pietrantonio, Proa y el azar le acercan una silla, un escritorio, unos estantes, el edículo que le quitaron. Ya no será de cedro o de caoba, ya no tendrá los boatos de la Iglesia, pero será su lugar, a escala del cuadro de Messina. Y el constructor se llama Mario Airó, y el material es un fenólico del más poliya.

    La instalación, que se llama Satellite of Love, reconstruye la nave para leer de la que Roca nos habló en su teórica. En la exposición está ubicada muy próxima al cuadro, por lo que si quisiéramos hacer un experimento de contorsionismo delante de ambas obras, agachándonos lo suficiente para combinar mueble y cuadro en una misma perspectiva, tal vez tendríamos de nuevo a nuestro amigo lector muy bien sentado, con la comodidad que el leer y el escribir precisan. Y hasta podríamos ver a San Jerónimo tomándose un recreo y remixando discos, haciendo scratching para sus amigos, los santos a go-go (la instalación incluye un par de bandejas y el tema de Lou Reed en loop).

    Estas dos obras, que en Proa están separadas metro y medio, se llevan 375 años llenos de pensamiento y arte. Las dos se complementan sin que sus autores lo hayan buscado.

    No es un milagro, es una exposición.

    Cuando vi el original de Messina en la National Gallery de Londres, muchos años después de haberme recibido de arquitecto, me sorprendió por lo pequeño: era casi del tamaño del cuaderno Rivadavia en el que iba escribiendo los avatares de mi viaje. Lo recordaba tan grande de la gran teórica que mi maestro de facultad había dado...

    A la salida de la exposición de Proa le comento a mi socio de mi simpatía por este santo lector desde la época de la cursada. El me dice que recuerda haber recibido un mail de México donde afirmaban que Jerónimo de Estridón era santo no sólo por su condición de anacoreta en el desierto sino porque encontraron su propio cuerpo momificado, cuando lo desenterraron para mudar el cadáver desde la gruta en la que había vivido hasta la Basílica de Santa María Mayor, en Roma. Me comenta también que algo andaba mal con el cuerpo, que cuando lo exhibieron en las catacumbas, el muerto lloró. Sangre, para más datos. Prometió buscarme el dato que le había enviado alguien por e-mail. Como es de predecirse en estos casos, no lo encontró, ni tuvo forma de rastrearlo.

    Me quedo con la creencia firme, interna, más sana por atea y clase B, de que la momificación de San Jerónimo no se debió a que era un santo, ni a la composición química de la tierra del desierto en la que fue enterrado, sino porque leyó muchísimo y porque escribió. Eso te hace, en el 400 o en el 2009, para siempre.

    Eterno de toda eternidad.

    Y estoy seguro de que si le alcanzan una buena novela, el santo dejará de llorar.

    El tiempo del arte - Obras Siglos XVI al XXI
    Fundación Proa, Pedro de Mendoza 1929
    de martes a domingo de 11 a 19
    Entrada: $ 10

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  • Título: El Tiempo del Arte en La Boca
    Autor:
    Fecha: 07/01/2010
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    La Fundación Proa, en el barrio La Boca en la ciudad de Buenos Aires, exhibe los últimos días de El tiempo del Arte. Obras maestras del Siglo XVI al XXI, que propone en más de 100 obras, un recorrido por cinco siglos de imágenes trascendentales de la historia del arte. Sea parte del turismo cultural en Buenos Aires.

    Se podrá visitar la exposición que reúne obras de Tintoretto, il Veronese, Tiépolo, junto a las de Kosuth, De Chirico, Jeff Wall, Morandi, León Ferrari, Velázquez y muchos otros destacados artistas. Conozca algunos de los paseos en Buenos Aires.

    Fecha de presentacion: Hasta el domingo 10 de enero de 2.010. Direccion: Avenida Pedro de Mendoza Nº 1929.

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  • Título: El tiempo del arte en Fundacin Proa
    Autor: Laura Feinsilber
    Fecha: 06/01/2010
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    Hasta el 10 de enero todavía hay tiempo para ver en Fundación Proa, una muestra para no perderse: "El tiempo del Arte-Obras Maestras del siglo XVI al XXI". Se trata de una invitación para hacer un recorrido por cinco siglos e imágenes trascendentales de la historia del arte, a través de más de 100 obras que integran la muestra.

    La exposición es el resultado de una colaboración entre GAMeC (Galería de Arte Moderno y Contemporáneo de Bérgamo) y la Fundación Proa, y cuenta con el apoyo de la Embajada de Italia en la Argentina, y el Instituto Italiano de Cultura.

    El curador de la muestra, Giacinto Di Pietrantonio, Director de GAMeC y docente de la Academia de Brera (Milán), señala en su medular ensayo: "Esta exposición se focaliza en la presentación y representación de las cuestiones cruciales del mundo, un intento de usar el arte de diferentes épocas y poner el acento en las cuestiones de siempre".
    Se exhiben 106 obras divididas en 8 núcleos: Poder/Cotidiano, Cuerpo/Mente, Vida/Muerte, Amor/Odio, un diálogo de lo antiguo con lo contemporáneo, artistas de diferentes países y disciplinas diversas.

    ¿Cómo articuló Di Pietrantonio esta exposición? Utilizando nuevas tecnologías, correo electrónico, Chat, facebook, SMS, preguntó sobre los temas mencionados y si bien las respuestas no explican de manera directa las obras expuestas, sí contribuyen a crear un hipertexto verbal-visual. ¿Qué es lo importante de esta muestra? Propone un desafío, mirar con atención, no oceánicamente, comparar cómo han sido y son tratados estos temas existenciales.
    Un ejemplo de "poder" es el "Retrato del Papa Inocencio X" de Diego de Velásquez (Copia), descrito como rudo, potente, rencoroso y al mismo tiempo un amante de las bellas artes. El poder del papa unido a la fama de Velásquez, obra repetida y muy copiada, demuestra el poder del arte.
    "El cuarto de los 100 reyes que ríen" de Diego Perrone (Italia, 1970), 99 impresiones lambda del poder absoluto encarnado por diversas personas en las que todos sonríen y se convierten en personas comunes gracias al retoque digital. El retrato N° 100 es el artista, símbolo del poder del arte para intervenir y modificar.
    Entre las obras de lo "cotidiano" está "Insignia del Barbero Oletta" de Vittore Ghislandi detto Fra ´Galgario (siglo XVII), óleo que muestra al protagonista junto a un jornalero, a un dependiente, una pintura realista de la vida en sociedad. Una tinta y acuarela sobre páginas de agenda de Joseph Beuys, artista representativo del arte conceptual, que sostenía que el sentido del arte estaba en su utilización social y cotidiana.
    Una muy bella "Naturaleza Muerta" (1959) de Giorgio Morandi cuyo repertorio de botellas, jarros, lámparas, adquiere un contenido que va más allá de lo cotidiano. También se destaca la fotografía de Gillian Wearing, perteneciente al famoso grupo Young British Artists. Este artista pedía a gente elegida al azar que escribiera sus pensamientos en un papel: la fotografía de un hombre formalmente vestido, probablemente un financista con
    "estoy desesperado", es muy elocuente.
    Importante inclusión de artistas argentinos en distintos núcleos, entre ellos, León Ferrari, Oscar Bony, Clorindo Testa, Guillermo Kuitca, Víctor Grippo, con su famosa "Mesa de Albañil"(1998) artista que mostró la relación arte y oficio a lo largo de su trayectoria.
    En el núcleo "Vida", "Gallos, pavos y polluelos" (1725) , de Angelo María Crivelli, llamado Crivellone, pintor de género, un especialista en la representación de animales de corral y de caza, vivos, a quienes se le atribuye un carácter simbólico, pinturas que se encargaban como regalo de bodas. Imperdible es una foto "Los Huevos de mi Amnesia" (1996) de Joel-Peter Witkin(USA, 1935) que se caracteriza por sus fotos transgresoras
    que tratan temas como muerte, sexo, cadáveres, transexualidad, seres marginales que evocan pasajes bíblicos o pinturas famosas Sislej Khaf (Kosovo, 1970) y Adel Abdessemek (Algeria) componen el colectivo Xhafadessemed que realizó en 2004 "Segundo Susto", una instalación que cuelga del techo, una ostentosa bijouterie en oro y brillantes de ex votos, cruces, keflas, que simbolizan las tres religiones monoteístas y los miedos que todos padecemos en los tiempos actuales.
    En "Muerte", "El Martirio de San Juan Obispo", c. 1743, boceto de la gran tela para la Catedral de Bérgamo de Tiépolo , escena patética que se transforma bajo su pincel luminoso, complejas arquitecturas, escorzos elegantes.
    De Jeff Wall, destacado fotógrafo canadiense nacido en 1948, hay una diapositiva de gran tamaño sobre caja de luz titulado "El cementerio judío", una obra paisajística que se funde con lo humano y que en verdad representa nuestra memoria colectiva.
    En el capítulo "Cuerpo", a la suavidad de las formas femeninas, Diana y una ninfa a punto de tomar un baño con un encantador paisaje de fondo atribuido a Giovanni Francesco Barbieri , el Guercino, (1620) se opone la impresión en papel de algodón, cera, de "Sin Título", de Roberto Cuoghi, (Módena, 1973) uno de los cuatro artistas que recibieron menciones en la reciente Bienal de Venecia.
    La metamorfosis es un tema recurrente en su arte que todo lo cuestiona, el miedo a lo desconocido, una obra de carácter angustiante, verdaderamente turbadora.
    Obras de Joseph Kosuth, de Salvo, de Duchamp, se destacan en el segmento ³Mente² así como en "Amor" la del artista alemán Anselm Kieffer "Tu edad y la mía y la edad del mundo", foto, pintura y carbón (2005) y el "Retrato de Niña" siglo XVII, atribuido a Velásquez o de Basanni (1750/60) "San José con el niño Jesús".
    "Odio" está marcado sobre cuero de buey. Un gesto violento, de gran pregnancia correspondiente a Gilberto Zorio, otro exponente importante del Arte Povera. Este segmento incluye un San Roque llevado a la cárcel de 1550 y los retratos de criminales, lápiz-tinta de Thomas Schütte, otro artista alemán cuyas dramáticas esculturas vimos recientemente en la Colección Pinault en Venecia.
    Hay un nombre recurrente en casi todos los núcleos: Ben Vautier (Nápoles, 1935), célebre por sus caligrafías en acrílico blanco sobre negro, mensajes cortos, directos como por ejemplo: "el poder ama mirarse en su espejo", "todo es ego" o "sin el ego el arte está muerto".

    Como corolario de esta muestra citamos a Giorgio Guglielmino, Primer Consejero de la Embajada de Italia en la Argentina, que en su texto "Reflexiones", nos propone disfrutar esta muestra "mirando los cuadros contemporáneos como si se hubieran pintado hace 100 años y los antiguos como si sus colores estuvieran todavía frescos".

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    Hasta el 10 de enero de 2010
    Fundación Proa, Av. Pedro de Mendoza 1929 , La Boca

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  • Título: El tiempo del arte en Fundacin Proa
    Autor: Laura Feinsilber
    Fecha: 18/12/2009
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    Con el apoyo de la Embajada de Italia en la Argentina, el Instituto Italiano de Cultura, la colaboración entre GAMeC (Galería de Arte Moderno y Contemporáneo de Bérgamo) y la Fundación Proa se exhibe en la sede de esta institución “El tiempo del Arte- Obras Maestras del siglo XVI al XXI”.

    El curador de la muestra, Giacinto Di Pietrantonio, Director de GAMeC y docente de la Academia de Brera (Milán), señala en su medular ensayo: “Esta exposición se focaliza en la presentación y representación de las cuestiones cruciales del mundo, un intento de usar el arte de diferentes épocas y poner el acento en las cuestiones de siempre”.

    Se exhiben 106 obras divididas en 8 núcleos: Poder/Cotidiano, Cuerpo/Mente, Vida/Muerte, Amor/Odio, un diálogo de lo antiguo con lo contemporáneo, artistas de diferentes países y disciplinas diversas.

    ¿Cómo articuló Di Pietrantonio esta exposición? Utilizando nuevas tecnologías, correo electrónico, chat, facebook, SMS, preguntó sobre los temas mencionados y si bien las respuestas no explican de manera directa las obras expuestas, sí contribuyen a crear un hipertexto verbal-visual. ¿Qué es lo importante de esta muestra? Propone un desafío, mirar con atención, no oceánicamente, comparar cómo han sido y son tratados estos temas existenciales.

    Un ejemplo de “poder” es el “Retrato del Papa Inocencio X” de Diego de Velázquez (Copia), descrito como rudo, potente, rencoroso y al mismo tiempo un amante de las bellas artes. El poder del papa unido a la fama de Velázquez, obra repetida y muy copiada, demuestra el poder del arte. Otra de las obras, “El cuarto de los 100 reyes que ríen” de Diego Perrone (Italia, 1970), 99 impresiones lambda, representa el poder absoluto encarnado por diversas personas en las que todos sonríen y se convierten en personas comunes gracias al retoque digital. El retrato N° 100 es el artista, símbolo del poder del arte para intervenir y modificar.

    Entre las obras de lo “cotidiano” está “Insignia del Barbero Oletta” de Vittore Ghislandi detto Fra ´Galgario (siglo XVII), óleo que muestra al protagonista junto a un jornalero, a un dependiente, una pintura realista de la vida en sociedad. Una tinta y acuarela sobre páginas de agenda de Joseph Beuys, artista representativo del arte conceptual, que sostenía que el sentido del arte estaba en su utilización social y cotidiana.

    Es importante la inclusión de artistas argentinos en distintos núcleos, entre ellos, León Ferrari, Oscar Bony, Clorindo Testa, Sergio Avello, Guillermo Kuitca, Víctor Grippo, con su famosa “Mesa de Albañil” (1998) artista que mostró la relación arte y oficio a lo largo de su trayectoria.

    En el núcleo “Vida”, “Gallos, pavos y polluelos” (1725) , de Angelo María Crivelli, llamado Crivellone, pintor de género, un especialista en la representación de animales de corral y de caza, vivos, a quienes se le atribuye un carácter simbólico, pinturas que se encargaban como regalo de bodas. Imperdible es una foto “Los Huevos de mi Amnesia” (1996) de Joel-Peter Witkin (USA, 1935) que se caracteriza por sus fotos transgresoras que tratan temas como muerte, sexo, cadáveres, transexualidad, seres marginales que evocan pasajes bíblicos o pinturas famosas.

    En “Muerte”, se destaca “El Martirio de San Juan Obispo”, c. 1743, boceto de la gran tela para la Catedral de Bérgamo de Tiépolo, escena patética que se transforma bajo su pincel luminoso, complejas arquitecturas, escorzos elegantes. De Jeff Wall, destacado fotógrafo canadiense nacido en 1948, hay una diapositiva de gran tamaño sobre caja de luz titulado “El cementerio judío”, una obra paisajística que se funde con lo humano y que en verdad representa nuestra memoria colectiva.

    En el capítulo “Cuerpo”, a la suavidad de las formas femeninas, Diana y una ninfa a punto de tomar un baño con un encantador paisaje de fondo atribuido a Giovanni Francesco Barbieri , el Guercino, (1620) se opone la impresión en papel de algodón y cera, de “Sin Título”, de Roberto Cuoghi, (Módena, 1973) uno de los cuatro artistas que recibieron menciones en la reciente Bienal de Venecia.

    Obras de Joseph Kosuth, de Salvo, de Duchamp, se destacan en el segmento “Mente” así como en “Amor” la del artista alemán Anselm Kieffer “Tu edad y la mía y la edad del mundo”, foto, pintura y carbón (2005) y el “Retrato de Niña” siglo XVII, atribuido a Velázquez o de Basanni (1750/60) “San José con el niño Jesús”.

    Hay un nombre recurrente en casi todos los núcleos: Ben Vautier (Nápoles, 1935), célebre por sus caligrafías en acrílico blanco sobre negro, mensajes cortos, directos como por ejemplo: “el poder ama mirarse en su espejo”, “todo es ego” o “sin el ego el arte está muerto”.

    Como corolario de esta muestra que finaliza el 4 de enero de 2010 y merece más de una visita citamos a Giorgio Guglielmino, Primer Consejero de la Embajada de Italia en la Argentina, que en su texto “Reflexiones”, nos propone disfrutar esta muestra “mirando los cuadros contemporáneos como si se hubieran pintado hace 100 años y los antiguos como si sus colores estuvieran todavía frescos”.

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    Hasta el 4 de enero de 2010
    Fundación Proa, Av. Pedro de Mendoza 1929,
    La Boca



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  • Título: Reflexin oportuna
    Autor: Nelson Di Maggio
    Fecha: 17/12/2009
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    El tiempo del arte es un proyecto del curador italiano Giacinto Di Pietrotonio en la tentativa de reflexionar sobre el arte de todos los tiempos quebrando el tradicional criterio cronológico aunque estableciendo la continuidad y el relacionamiento entre el pasado y el presente, con artistas de diferentes nacionalidades y geografías. La apuesta está centrada en ocho núcleos: poder, cotidiano, mente, cuerpo, vida, muerte, amor, odio, un cruzamiento de más de un centenar de obras que partiendo del siglo XVI italiano se confrontan con las actuales. El hilo conductor son los trabajos de Ben Vautier, con sus irónicas frases que iluminan los aspectos de cada núcleo. A la entrada, el poder recoge imágenes de embajadores y personajes influyentes con la estampa del Papa Inocencio X (copia discreta de Velázquez) y los "100 reyes que ríen" del contemporáneo Diego Perrone, con una edición en Photoshop al colocarles una sonrisa a cada protagonista, mientras otros aluden a los monumentos emblemáticos del poder (el Arco de Triunfo, el Parlamento de Berlín) aludidos en la escultura de Jimmy Durham, el estadounidense de origen cherokee (como Rauschenberg) de inefable humor neodadaista o las envolturas de Christo y el "Hongo nuclear" de León Ferrari, referencias disímiles sobre los poderosos. Cada sector continúa ese criterio confrontativo, con obras menores de artistas clásicos y más contundentes de los contemporáneos, aunque en algunos casos si bien ilustran adecuadamente la idea (Jiri Kolar), con la intervención de la maja desnuda goyesca (obrita menor) se opone a la mujer anoréxica de Margherita Manzelli y a las deformaciones faciales de Ana Mendieta. Los cánones de belleza son alterados, así como los referentes de vida y muerte, amor y odio, con obras importantes de Jeff Wall, Joel- Peter Witkin, Morandi, Gilbert&George, Francis Alÿs, Nicola de María, Clorindo Testa, Helio Oiticica, Katherina Fritsch, Kabakov, Victor Grippo, Gilliam Wearing o Joseph Beuys, obras más contundentes que las referidas al pasado. De cualquier manera, aún en sus desniveles selectivos, "El tiempo del arte", que se puede ver hasta el 3 de enero, posee suficientes elementos de gratificación y reflexión que la hacen ineludible. El catálogo tiene un texto incisivo de Georges Didi-Huberman.

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  • Título: El tiempo es arte en la fundacion Proa
    Autor: Ciudad1
    Fecha: 16/12/2009
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    Se sigue desarrollando hasta el 4 de enero del 2010, en la fundación Proa la muestra "El tiempo es arte" En Av. Pedro de Mendoza 1929, de martes a domingo de 11 a 19 hs.

    Esta exhibición, que presenta obras cumbres de la historia del arte, cuenta con el patrimonio destacado de la Accademia Carrara y la GAMEC, Galeria de Arte Moderna y Contemporánea de Bergamo. Curada por el profesor italiano Giancinto Di Pietrantonio

    Organizada por la  Accademia Carrara, Bergamo. Gamec, Bergamo, Fundación Proa, Argentina la muestra propone un recorrido por cinco siglos de imágenes fundamentales de la historia del arte, de tintoretto a Jeff Wall

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  • Título: Ojos bien abiertos
    Autor: Victoria Verlichak
    Fecha: 09/12/2009
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    El tiempo del arte”. Fundación PROA. Av. Pedro de Mendoza 1929, La Boca. Martes a domingo de 11 a 19. Entrada general $ 10.

    Lúdicos e intensos, los ocho textos de Ben Vautier (Nápoles, 1935), manuscritos en letras blancas de acrílico sobre fondo negro presentes en todas las salas, en cierto modo, guían al visitante a través de “El tiempo del arte. Obras maestras del Siglo XVI al XXI”, la excepcional muestra desplegada en Fundación Proa.

    Curada por Giacinto Di Pietrantonio, principalmente con obras de Accademia Carrara de Bergamo, la exhibición fue enriquecida aquí con piezas de colecciones privadas locales, de MALBA. Pietrantonio la concibió para Galleria d’Arte Moderna e Contemporanea di Bergamo como “Exposición Universal”, exhibiciones de gran envergadura celebradas en el mundo desde la segunda mitad del siglo XIX que mostraban grandes inventos científicos, tecnológicos y del confort. En efecto, “El tiempo del arte” aborda temas, pasiones y expresiones universales quebrando el relato cronológico, una tendencia en ascenso que propone nuevas configuraciones y es práctica tanto en Tate Modern de Londres como en Centro de Arte Reina Sofía de Madrid.

    Ojos bien abiertos para ver el arte de diferentes períodos y soportes en las cuatro salas de Proa, que albergan ocho núcleos temáticos y, antes que plantear un juego de opuestos, toman en cuenta analogías que interactúan entre sí. Poder-Cotidiano, Vida-Muerte, Cuerpo-Mente, Amor-Odio en las más de 100 piezas en exhibición que poseen la capacidad de acelerar y detener el tiempo. El historiador de arte francés Georges Didi-Huberman sostiene que “Siempre, ante la imagen, estamos ante el tiempo. (…) Ante una imagen, tenemos humildemente que reconocer lo siguiente: que probablemente ella nos sobrevivirá, que ante ella somos el elemento frágil, el elemento de paso, y que ante nosotros ella es el elemento del futuro, el elemento de la duración. La imagen a menudo tiene más de memoria y más de porvenir que el ser que la mira” (“La historia del arte como disciplina anacrónica”, reproducido en el muy útil catálogo).

    Con estos conceptos como premisa, el espectador se deslizará sin dificultad de una obra a otra, de épocas pasadas a la contemporaneidad, del poderoso noble veneciano Gerolamo Venier retratado por Tintoretto (Venecia, 1518-1594) al devastador hongo nuclear (objeto/escultura) de León Ferrari (Buenos Aires, 1920); de “Carteles que dicen lo que tú quieres que digan y no carteles que dicen lo que otros quieren que digas”, 1993-1998, la foto de Gilliam Wearing (Birmingham, 1963), al “Martirio di San Giovanni Episcopo”, c.1743, de Giovanni Battista Tiepolo (Venecia, 1696-Madrid, 1770).

    Aquí conversan elocuentemente tanto las ideas de Joseph Kosuth (Ohio, 1945) como las de Marcel Duchamp (Francia, 1887-1968) y Victor Man (Rumania, 1974), quien con neón tacha la frase “We die” (Morimos) inscripta en la pared, en vano intento de borrar lo irrefutable. Prueba de la distancia y afinidad del arte de los últimos cinco siglos son los trabajos del poder y de la mente en potentes pinturas del Papa Inocencio X (tantas veces repetida, citada) y del naturalista Ulises Aldrovandi, atribuidas a Diego Velázquez (Sevilla 1599-Madrid, 1660) y Agostino Carracci (Bologna, 1557-Parma, 1602) respectivamente, en vecindad con la magnífica foto de un cementerio judío de Jeff Wall (Vancouver, 1946) y del “beso” de Jorge Macchi (Buenos Aires, 1963), construido a partir de palabras recortadas de los diarios.

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  • Título: El Tiempo del Arte
    Autor: Libreta Chatarra
    Fecha: 09/12/2009
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    Hasta el 03/01/10, se exhibe en la Fundación Proa una muy buena muestra, ampliamente recomendable, “El tiempo del arte”. La muestra enlaza obras de cinco siglos de arte. La exposición reúne obras de la Academia Carrara y de la Galería de Arte Moderno y Contemporáneo de Bérgamo. La primera está refaccionando sus salas por lo que, aprovechando la oportunidad, ha acercado sus obras a este puntito del Cono Sur. La Fundación Proa puso su casa reciclada, uno de los salones de exposiciones más lindos de la ciudad, al lado del Riachuelo. En suma, un combo interesante de arte, arquitectura y paisaje pintoresco.

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    Sugiero realizar la visita a la exposición del modo accidental que me tocó recorrerla a mí. En un primer intento, recorran la muestra, examinen las obras y traten de fijarse qué les interesa o no. Una vez que hayan terminado de recorrer la muestra, sugiero que esperen la próxima visita guiada. El domingo que visité la muestra, tuve la suerte que dieran la charla el curador Rodrigo Alonso y la crítica de Arte Alicia Arteaga, quienes dieron otra pista para recorrer la exposición que merece mencionarse.

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    La disposición de las obras por parte del curador Giacinto Di Pietrantonio no es casual ni azarosa. Agrupó las obras pivoteando alrededor de distintos conceptos: vida, muerte, cuerpo, mente, poder, cotidiano, amor y odio. En cada pared, está inscripto uno de esos términos. Y las obras elegidas para cada espacio, responde al concepto temático correspondiente, en un diálogo intertemporal entre las piezas.

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    Más aún, hay obras dispuestas en puntos de intersección de los conceptos (por ejemplo, entre amor y odio, se dispone el célebre Cristo crucificado sobre un bombardero norteamericano de León Ferrari); otras ubicadas al final del corredor de un concepto, preanuncia el salón contiguo con otro eje temático.

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    Aconsejo entonces que recorran la muestra prestando atención a estos detalles, munidos de la data que le proporcione la visita guiada. La exposición ganará en dimensiones no perceptibles en una primera impresión.

    Como corolario, pueden sentarse un rato en la mesa de la biblioteca de la Fundación y consultar los libros a disposición relacionados con la muestra. Vale la pena.

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    LINKS:

    La información de la muestra en la Fundación Proa:
    http://www.proa.org/esp/exhibition-the-time-of-art-exhibition.php

    Álbum de fotos personales en Facebook:
    http://www.facebook.com/album.php?aid=170699&id=163209071420&l=592c8a37ce

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    Notas en “La Nación”:

    “La vigencia del pasado” de Ángel Navarro:
    http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1200981

    “Memoria y porvenir” de Adriana Rosenberg
    http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1200721

    “Escenarios universales” de Giacinto Di Pietrantonio:
    http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1200722

    “Arte en dos tiempos” de Mercedes Casanegra:
    http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1200720

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    Notas en “Ñ”:

    “Diálogo de artistas más allá del tiempo” de Ana María Battistozzi:
    http://www.revistaenie.clarin.com/notas/2009/10/03/_-02010942.htm

    “'El tiempo del arte', cien obras maestras del siglo XVI al XXI” de Mercedes Pérez Bergliaffa:
    http://www.revistaenie.clarin.com/notas/2009/09/22/_-02003781.htm

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  • Título: El Tiempo del Arte
    Autor: Libreta Chatarra
    Fecha: 09/12/2009
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    Hasta el 03/01/10, se exhibe en la Fundación Proa una muy buena muestra, ampliamente recomendable, “El tiempo del arte”. La muestra enlaza obras de cinco siglos de arte. La exposición reúne obras de la Academia Carrara y de la Galería de Arte Moderno y Contemporáneo de Bérgamo. La primera está refaccionando sus salas por lo que, aprovechando la oportunidad, ha acercado sus obras a este puntito del Cono Sur. La Fundación Proa puso su casa reciclada, uno de los salones de exposiciones más lindos de la ciudad, al lado del Riachuelo. En suma, un combo interesante de arte, arquitectura y paisaje pintoresco.

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    Sugiero realizar la visita a la exposición del modo accidental que me tocó recorrerla a mí. En un primer intento, recorran la muestra, examinen las obras y traten de fijarse qué les interesa o no. Una vez que hayan terminado de recorrer la muestra, sugiero que esperen la próxima visita guiada. El domingo que visité la muestra, tuve la suerte que dieran la charla el curador Rodrigo Alonso y la crítica de Arte Alicia Arteaga, quienes dieron otra pista para recorrer la exposición que merece mencionarse.

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    La disposición de las obras por parte del curador Giacinto Di Pietrantonio no es casual ni azarosa. Agrupó las obras pivoteando alrededor de distintos conceptos: vida, muerte, cuerpo, mente, poder, cotidiano, amor y odio. En cada pared, está inscripto uno de esos términos. Y las obras elegidas para cada espacio, responde al concepto temático correspondiente, en un diálogo intertemporal entre las piezas.

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    Más aún, hay obras dispuestas en puntos de intersección de los conceptos (por ejemplo, entre amor y odio, se dispone el célebre Cristo crucificado sobre un bombardero norteamericano de León Ferrari); otras ubicadas al final del corredor de un concepto, preanuncia el salón contiguo con otro eje temático.

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    Aconsejo entonces que recorran la muestra prestando atención a estos detalles, munidos de la data que le proporcione la visita guiada. La exposición ganará en dimensiones no perceptibles en una primera impresión.

    Como corolario, pueden sentarse un rato en la mesa de la biblioteca de la Fundación y consultar los libros a disposición relacionados con la muestra. Vale la pena.

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    LINKS:

    La información de la muestra en la Fundación Proa:
    http://www.proa.org/esp/exhibition-the-time-of-art-exhibition.php

    Álbum de fotos personales en Facebook:
    http://www.facebook.com/album.php?aid=170699&id=163209071420&l=592c8a37ce

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    Notas en “La Nación”:

    “La vigencia del pasado” de Ángel Navarro:
    http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1200981

    “Memoria y porvenir” de Adriana Rosenberg
    http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1200721

    “Escenarios universales” de Giacinto Di Pietrantonio:
    http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1200722

    “Arte en dos tiempos” de Mercedes Casanegra:
    http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1200720

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    Notas en “Ñ”:

    “Diálogo de artistas más allá del tiempo” de Ana María Battistozzi:
    http://www.revistaenie.clarin.com/notas/2009/10/03/_-02010942.htm

    “'El tiempo del arte', cien obras maestras del siglo XVI al XXI” de Mercedes Pérez Bergliaffa:
    http://www.revistaenie.clarin.com/notas/2009/09/22/_-02003781.htm

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  • Título: El Tiempo del Arte
    Autor: Vammos salir en Buenos Aires
    Fecha: 09/12/2009
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    Hasta el domingo 3 de enero de 2010, Fundación PROA presenta la exhibición "El tiempo del Arte": obras maestras del Siglo XVI al XXI.

    Curada por Giacinto Di Pietrantonio, destacado curador, profesor de arte y Director de la GAMeC, (Galleria d'Arte Moderna e Contemporanea di Bergamo), la muestra El Tiempo del Arte propone en más de 100 obras, un recorrido por cinco siglos de imágenes trascendentales de la historia del arte.

    Precio: Entrada general: $ 10 | Estudiantes: $ 6 | Jubilados: $ 3 | Informes: 4104 1041



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  • Título: El tiempo del arte - PROA
    Autor: Blog Sofa Lenzetti
    Fecha: 04/12/2009
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    Benjamín Vautier, más conocido como BEN, es un artista plástico. Su actividad le ha llevado a ser agitador público, crítico de arte, poeta, fotógrafo, pintor, decorador y editor de libros. Para él no hay vanguardia sin novedad y no hay riqueza sin multiculturalismo. Ben propugna una máxima artística que resume la espina dorsal de su estética: la importancia de la idea de que todo arte debe significar un choque y ser nuevo.

    Biografía En 1970 BEN dijo que soñaba con ser un artista sin biografía ya que éstas son siempre “ego”. Inmediatamente después, admite que esto es casi imposible, ya que el arte “è sempre ego”. Benjamín Vautier nació en Nápoles (Italia), el 18 de julio de 1935, donde pasaría los 5 primeros años de su vida. De madre occitano-irlandesa y padre suizo-francés, el artista ha vivido en Turquía, Egipto, Grecia e Italia. En 1949, Ben y su madre se mudan a Niza, ciudad donde vive y trabaja actualmente. A los 15 años empezará a trabajar en una librería (Le Nain Bleu). Allí comenzó a hojear libros de arte y decidió que “para que lo bello sea bello es imprescindible que escandalice o haya escandalizado”. Pasa el tiempo y Ben comienza a entablar amistad con diversos artistas, principalmente con los que pasarían a formar la llamada "escuela de Niza". En esos años se encontraría con Fontan, Malaval, Klein, Arman. Dejó el Nain Bleu, y abrió una pequeña papelería, después una tienda de discos de segunda mano. Un día decidió transformarla en una obra de arte, para ello, decoró la fachada sirviéndose de una inmensa acumulación de objetos heteróclitos. A partir de ahí, su biografía es inseparable de su obra. La “boutique” se convirtió en el lugar donde se daba cita la juventud que soñaba con “hacer algo nuevo”. Allí es donde Yves Klein le sugirió la idea de exponer los largos poemas en tinta china que componía. En 1959 se casó con Jacqueline Robert, una gran entusiasta del Nouveau Réalisme, Yves Klein y Duchamp. Ese año, Ben escribió una larga carta a Spoerri, que más tarde se convertiría en el primer manuscrito de su revista "Ben Dieu". En esta publicación, el artista desarrolló su teoría del Nouveau Art, enarbolando la bandera de “en el arte todo es posible”. En 1961, afirmó que se sentía muy envidioso de Manzoni quien firmaba su excrementos y le había robado su idea de las escultura vivientes. Un año después, la carta daría sus frutos, y el artista fue invitado por Spoerri a la Misfits Fair de Londres, donde dice que pasó quince días viviendo en frente de la vitrina de la Galería One. Es el momento de los “Mail Art”, en los cuales se mezclan poesía, apropiación y megalomanía. Allí se encontró con George Maciunas, que le habló de Fluxus y le invitó a unirse al grupo, famoso por sus happenings, sesiones de teatro y conciertos. Allí donde van, se rompen los pianos o las salas se llenan de papeles. Ese mismo año, en el Paseo de los Ingleses de Niza, BEN realizó su famosa performance "Regardez-moi cela suffit", logrando un éxito considerable. En 1964 va a New York para encontrarse con George Brecha, ya que estaba decepcionado por el Nouveau Réalisme, lo encontraba demasiado comercial, y prefería las ideas de Fluxus. A su vuelta fue invitado a participar en el festival de la libre expresión de Jean-Jaques Lebel. El año 1965 es el año de las “acciones callejeras”. Ben publica una revista que él llama “Todo”, distribuye unos panfletos ‘’Me gusta y ataco”. Para el artista se desvanece la frontera entre el arte y la vida. Eventualmente sigue desarrollando su idea de los poemas caligrafiados en acrílico blanco sobre negro, con elementos propios de los tebeos y el cómic. Su caligrafía simple y sus célebres mensajes cortos y directos se han convertido en su característica más significativa. Los años ochenta trajeron el minimalismo y el arte conceptual. La reacción de BEN fue la Figuración Libre, un movimiento de arte figurativo caracterizado por la ausencia del respeto a las reglas clásicas, la utilización de materiales heteróclitos y los colores discordantes En 2004 y 2005, el artista diseñó sellos postales en Francia en los que se podía leer: «Ceci est une invitation» o «Un grand merci ».

    Obra Resulta imposible desligar la obra de BEN de sus frases manuscritas en letras blancas sobre fondo negro. El artista utiliza estos aforismos de manera profunda y lúdica a la vez. Sus mensajes, aparentemente inofensivos, escritos en caligrafía de colores brillantes sobre objetos o sobre fondos negros, se remiten con frecuencia, a profundas reflexiones. Para BEN, el arte no es la finalidad, sino un medio. La obra ya no es la justificación, ni la razón de ser, ni la finalidad de ninguna actividad creadora, sino que es un pretexto, un medio para explorar el inconsciente, estimular el imaginario y provocar una reacción en el espectador. ¿Qué puede entonces, convertirse en una obra de arte? Cualquier cosa. Ben Vautier declaró "auténtica obra de arte: la ausencia de arte". Este artista rechaza cualquier tipo de orden, toda regla o convención Cuenta en su haber, con numerosas esculturas, pinturas, fotografías, instalaciones, incursiones en el cine, libros, poemas, y todo ello, sin olvidar su propia personalidad, que podría ser elevada a categoría de arte. En 1960 realizó su primera exposición individual: “Rien et tout” (Todo y nada). La muestra tuvo lugar en el primer piso de su tienda y estaba inspirada en la idea de los readymades de Duchamp. Ben describió su arte como un arte de apropiación, afirmaba que el arte se encuentra en la intención y que es suficiente con firmar un objeto, todo es arte y todo es posible en el arte. Comienza a buscar sistemáticamente para firmar todo aquello que no ha sido firmado y rescata objetos inverosímiles para estampar su firma en ello. Para ilustrar esta idea, Ben llegó a decir: “Je signe donc: les trous, les boîtes mystères, les coups de pieds, Dieu, les poules, etc. " (Firmo por tanto: en los agujeros, las cajas misteriosas, los puntapiés, Dios, etc.). El artista dio por terminada la acción en 1962 declarando que no firmaría nada más. Como poeta, BEN es un beatnik rezagado. En sus versos se cuela la misma falta de convención y el mismo espíritu « naturel anti-sérieux » que en sus obras plásticas. También ha participado en la redacción de “La Clef”, un atlas etno-lingüístico.Desde su onírica y provocativa página Web, se encarga de avivar la reflexión sobre temas políticos, culturales y sociales. BEN es además, un ferviente partisano del etnismo. En España, la única serie de textos en castellano, firmados por Ben, se ha editado en La Caja Negra.

    Opinión personal
    Creo en la autenticidad que garantiza Vautier, como portador de status de obras de arte ambulantes. Pienso que su misión es realizar una única obra: él mismo, constantemente. Como crítica, voy a mencionar una frase que él declaró: "auténtica obra de arte la ausencia del arte". Me parece que ya sin un mundo al cual explorar, aparece la vanidad de este artista que ya no tiene nada para vivenciar fuera del vacío de sus declaraciones; el llamado nihilismo contemporáneo, donde se perdieron todas las esperanzas, pero sigue vigente la existencia de un mundo ocultado por la sombra del sujeto.

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  • Título: ARTE EN DOS TIEMPOS. OBRAS DE LOS LTIMOS CINCO SIGLOS EN LA FUNDACIN PROA / ESCENARIOS UNIVERSALES. POR GIACINTO DI PIETRANTONIO
    Autor: Diario La Nacin
    Fecha: 03/12/2009
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    UNA MUESTRA ANTOLÓGICA REÚNE EN LA FUNDACIÓN PROA OBRAS DE LOS ÚLTIMOS CINCO SIGLOS.

    El tiempo del arte fue el título elegido por la Fundación Proa para la exposición que en Bérgamo, Italia, su lugar de proveniencia, se llamó Exposición Universal-El arte en la prueba del tiempo . Es evidente que su traducción no era fácil, sobre todo porque en la Argentina no estamos habituados a convivir, como sí lo están los europeos, con algunos íconos o proyectos especialmente preparados para aquellos grandes acontecimientos que fueron las exposiciones universales organizadas a partir de la segunda mitad del siglo XIX en Europa. Es el caso de la centenaria Torre Eiffel, sin la cual París no podría ser imaginada, o el barrio del Eur en Roma, que no fue inaugurado en un acontecimiento similar, como se esperaba, a causa del advenimiento de la Segunda Guerra Mundial.
    Sin embargo, la idea del proyecto de Giacinto Di Pietrantonio, el curador italiano, es realmente de pretensión universal, y su concepto curatorial desde el origen funcionó como un disparador abierto y convocante al diálogo y a la reflexión multidisciplinar. El tema de la muestra no se le ocurrió sólo porque tenía a su disposición las obras históricas de la Accademia Carrara para que fuesen exhibidas y pudiesen viajar, sino que se trasluce en Di Pietrantonio, y en su visión de historiador del arte una preocupación de fondo por nuestro tiempo. Así, estratégicamente, los temas que vertebran la muestra no son artísticos per se -poder/cotidiano, mente/cuerpo, muerte/vida, amor/odio-, sino que reúnen los argumentos centrales y universales de la vida humana de todas las épocas.
    Situado en este comienzo de siglo XXI, el proyecto propone al espectador la experiencia de un recorrido a través de un centenar de obras, en el cual el arte se convierte, una vez más, en instrumento y herramienta de investigación y conocimiento.
    El catálogo realizado en Buenos Aires, un poco distinto del italiano, incluye el texto "La historia del arte como disciplina anacrónica", ensayo de Georges Didi-Huberman, que ofrece a aquellos que quieran profundizar en la exégesis de las obras de la exposición y en su sentido general. El pensador francés postula la imagen como un reservorio de tiempo y de tiempos, receptáculo tanto de una memoria específica como de un porvenir intrínseco.
    En el gran conjunto de obras que encontramos en Proa hasta los primeros días de enero de 2010 hay, en potencia, una multiplicidad cruzada de tiempos que se ponen en juego por medio de la mirada de cada espectador. Didi-Huberman ha designado la posibilidad de este tipo de análisis con el término "anacronismo", que difiere del significado habitual del término. Para él, en este caso, consiste en "el modo temporal de expresar la exuberancia, la complejidad, la sobredeterminación de las imágenes". De manera paralela, aconseja a quienes se interesan por el saber histórico complejizar sus propios modelos de tiempo, atravesar el espesor de memorias múltiples.
    Es así que cuando se entra en la primera sala que agrupa las obras referidas al poder y uno se enfrenta aArco de triunfo para uso personal , obra de 2005 de Jimmie Durham, artista de origen cheroque y activista político, realizada con mínimos elementos y a la que se puede interpretar como aguda humorada dadaísta en tiempos tardomodernos, estamos leyendo, por medio de ella, su memoria histórica. Esa pieza parte de la evocación de los grandes arcos de triunfo de la historia, desde Roma hasta el de la plaza Charles de Gaulle, ex L´ Etoile, en la Avenida Champs-Élysées en París, uno de los más famosos del mundo. Fue construido en conmemoración del triunfo de Napoleón Bonaparte en la batalla de Austerlitz, y aquel hecho histórico se actualiza de manera simbólica en ese monumento, hasta el presente y hacia el futuro. La obra realizada por Durham incluye por contrapartida la grandilocuencia de la gran construcción francesa, para negarla y afirmarse en un lugar donde el poder político queda poco reconocido y su triunfo, menos aún registrado.
    Pero lo que esta exposición nos transmite es la idea de que, a pesar de Marcel Duchamp, presente con su mingitorio, de Andy Warhol y de los artistas fundantes de la contemporaneidad, somos todos hijos de una tradición, la occidental, que comenzó en Grecia y luego tuvo su gran punto de inflexión en el Renacimiento.
    Babel contemporánea
    Si bien la "universalidad" aludida en el título italiano de la exposición no es sólo geográfica, ésta participa también de la idea general y, como tal, alcanzó a artistas europeos en la selección clásica; y a europeos, algún norteamericano y un africano en la selección contemporánea.
    Adriana Rosenberg, directora de Proa, que había visitado la exposición en Bérgamo, consideró que la propuesta de Giacinto di Pietrantonio, vista desde la Argentina, tenía la capacidad y receptividad de albergar obras nacionales y latinoamericanas para completarse. Más aún, pensó que el concepto original se enriquecería sin deformarse, al ampliar y hacer honor, de un modo más exacto, a esa "universalidad".
    A propósito, interesa recordar que pocas décadas atrás el paradigma centro versus periferia parecía reinar férreo en su trono. Sin embargo, a la voz de algo que dio en llamarse "multiculturalismo", vigente hoy tanto en el mundo como en la muestra, aquella estructura de base comenzó a resquebrajarse, y lo que antes pudo pasar por un pintoresquismo exótico empezó a integrar los múltiples lenguajes que forman la Babel contemporánea de las artes visuales del planeta.
    León Ferrari exhibió en el MoMA de Nueva York junto a la suizo-brasileña Mira Schendel y lo hará en el Reina Sofía de Madrid a partir del miércoles próximo; Guillermo Kuitca fue un adelantado en el circuito internacional; Víctor Grippo estuvo en Documenta, en Kassel, entre otras varias exposiciones internacionales, y la Tate Modern de Londres posee obra suya; Jorge Macchi pasa más días del año en el exterior que en Buenos Aires, y así se podría continuar.
    Sin embargo, argentinos y latinoamericanos, aunque ciudadanos del mundo, producen impacto en esta exposición. Para entender este fenómeno es bueno saber que en gran parte de la propuesta curatorial estuvo presente la intención de guardar un equilibrio en el conjunto para que cada obra pudiese ser valorada en su justa medida dentro del ejercicio de lectura de la exhibición.
    En la sala inicial referida al tema del poder, en donde las piezas antiguas giran en torno de la iconografía de reverenciadas figuras políticas y las obras actuales lo cuestionan, Hongo nuclear de Ferrari, ubicado en el centro del espacio, da un salto significativo al referirse directamente a la perversión del poder que puede hacer desaparecer la vida.
    En la sección del cuerpo, los autorretratos de Ana Mendieta, creados con las distorsiones voluntarias de sus facciones, buscaban más realidad que lo que la artista había logrado con su pintura, con lo cual llegó hasta el cuestionamiento del canon de belleza occidental. La ferocidad del propio rostro en la obra de Oscar Bony o la degradación de la imagen del paradigma de la diva que fue Marilyn Monroe en la obra de Hélio Oiticica y Neville d´Almeida, el potente ícono en el que se ha transformado la Civilización occidental y cristiana de Ferrari, o El beso de Macchi, no solamente ensayan el cruce de ciertas fronteras estéticas y artísticas, sino que son elocuentes al traslucir otro tipo de experiencia de vida.
    Además, Ernesto Neto, Gabriel Orozco, Francis Alys, Clorindo Testa, Sergio Avello y los ya nombrados ofrecen a aquella pretensión de totalidad novecentista, ahora sí más completa, el fuerte acento de sus identidades en los temas humanos que han recorrido la historia.

    Por Mercedes Casanegra
    Fuente: ADN Cultura
    Más información: www.lanacion.com
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    ESCENARIOS UNIVERSALES. POR GIACINTO DI PIETRANTONIO

    Cuando escuchamos hablar de El tiempo del arte, nuestros pensamientos no pueden sino remontarse a la Exposición Universal, aquellas grandes ferias que comenzaron a tener lugar a principios del siglo XIX y en las que varios países competían exponiendo las últimas maravillas de la vida moderna. Éstas se presentaban con estilos ligados al pasado, para que los productos industriales fueran digeribles para la sociedad. Nuestra exposición no es una feria de ejemplares de los últimos productos del mundo, sino que plantea temas universales a través de obras de arte que van desde el siglo XVI hasta nuestros días.
    ¿Cómo puede algo parcial representar lo universal? Hablamos de aquello que indaga, con las formas y las imágenes, el poder, lo cotidiano, la mente, el cuerpo, el odio, el amor, la vida y la muerte. Sobre todo porque buscamos estabilidad en un momento en el que lo incierto, la precariedad y la crisis se han apoderado del mundo. En las últimas décadas hemos echado mano a sistemas y códigos fundados en el relativismo de Einstein, en lo indeterminado de Heisenberg, en la filosofía de lo efímero de Nietzsche y de Louis Aragon y la movilidad veloz de Paul Virilio como puntos de referencia constructivos de nuestra existencia, en la que cabe todo: filosofía débil, economía creativa, ciencia relativa, revisión histórica, arte y vida. Eso se ha revelado insuficiente para organizar el caos crítico en el que hemos sido arrojados.
    Es necesario reencontrar valores compartidos que permitan conformar una comunidad. Por eso, quisimos representar escenarios universales y exhibir obras que los abordaran de diferentes maneras. Interrogamos a mucha gente acerca de estos temas por medio de las nuevas tecnologías -el correo electrónico, el chat, Facebook, SMS-, porque queríamos testear sus posibilidades. Los mensajes recibidos contribuyen al intento de crear un hipertexto verbal y visual, que relaciona el patrimonio de la pinacoteca de la Accademia Carrara de Bérgamo con obras modernas y contemporáneas.
    Usamos técnicas hipertextuales para producir sentido -decimos nosotros- o -dirán otros- para banalizar. Preferimos la palabra "vulgarizar", porque creemos en la utilidad de interrelacionar diferentes niveles de la cultura y de la vida. Intentamos cruzar los saberes de una sociedad que ya no es sólo del espectáculo sino también de la escritura hipertextual, en la cual una multitud está reformulando el lenguaje y que muchas veces se parece más a una poesía futurista que a la escritura escolar en la que nos educamos.
    Vale la pena introducir ahora el término "escuela", central para el arte antiguo y en parte para el moderno, que vuelve a surgir con el arte contemporáneo. Para el pasado antiguo, las escuelas presentes en esta muestra fueron decisivas en lo que se refiere a la forma, el estilo, las características y los contenidos, desde el ejemplo más amplio de la escuela toscana del dibujo y la escuela veneciana del color hasta las más localizadas. Los artistas dialogan hoy con el pasado pero no desde un punto de vista de pertenencia geocultural, sino transcultural. La modernidad nos ha dado algunas escuelas memorables -basta pensar en la Bauhaus o en las vanguardias-, que han sido escuelas sui generis, y hoy hay otras, como la del Goldsmith College de Londres, que sólo tienen como característica saliente la transculturalidad, ya que prácticamente carecen de un estilo reconocible.
    Esta relación entre lo antiguo, lo moderno y lo contemporáneo, desde la modernidad en adelante, ha generado un enriquecimiento interdisciplinario que podemos encontrar en todas las obras. Se ha dicho que, después de Duchamp, todo el arte, o casi todo, es conceptual, y termina siéndolo incluso cuando se trata de una "simple" pintura, ya que se construye como un ready-made, o un think-made, o una shape-made... Esto es cada vez más evidente, especialmente a partir de la posmodernidad, o incluso de la neomodernidad, en la que partes de imágenes, de cosas y formas, aunque reconstruidas a partir de lo ya dado o referidas a lo ya hecho, asumen el aspecto de ready-made, con una especificación: que no se está copiando, sino que se está haciendo. Pero ¿haciendo qué cosa? Se presentan y representan las cuestiones cruciales del mundo, en cuya universalidad focaliza esta exposición.

    Por Giacinto Di Pietrantonio - El autor es director de la Gamec y curador de la muestra El tiempo del arte
    Fuente: ADN Cultura
    Más información: www.lanacion.com



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  • Título: La vigencia del pasado
    Autor: Angel M. Navarro
    Fecha: 21/11/2009
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    Aunque las jerarquías tradicionales que otorgaban un lugar de privilegio a la pintura histórica cayeron en desuso, algunos géneros lograron adaptarse y convivir con las nuevas formas de concebir la obra de arte, como lo demuestra la exposición actual en Proa

    La tradición de las Bellas Artes consideró la producción de los artistas a partir de jerarquías que ubicaban en el lugar más alto la pintura histórica, que incluía la representación de escenas de historia sagrada -esto es, temas derivados del Antiguo y del Nuevo Testamento y de las vidas de los santos- y profana, como la mitología. Le seguía el retrato, amplio campo vinculado parcialmente con el anterior en lo que a la historia general se refiere. Luego se ubicaba el paisaje, tema que por su propia naturaleza desarrolló una amplia variedad; la naturaleza muerta y, finalmente, la pintura de costumbres, también llamada pintura de "género", aun cuando cada una de las categorías anotadas constituye un "género" en sí misma. A partir del siglo XVI comienzan a definirse y en el siglo XVII se enriquecen con diferentes tipos y enfoques. Los artistas buscaban la práctica discriminada de una de estas categorías y se convertían muchas veces en especialistas. Un caso ejemplar tal vez sea Tiziano, que realizó espléndidos retratos e innovó al crear el retrato imperial de cuerpo entero, que aplicó nada menos que con Carlos V y con Felipe II.

    Con el advenimiento de las nuevas corrientes en el mundo del arte, estas jerarquías cayeron en desuso, aunque algunos géneros perduran en los procesos de enseñanza, como sucede con la naturaleza muerta, o conviven con las nuevas formas de concebir la obra de arte, como en el caso del retrato. Una muestra de esa convivencia puede verse en la exposición El tiempo del arte, en Proa. La pintura religiosa muestra ejemplos de la Biblia y de la historia de los santos con obras destacables como Caín matando a Abel, de Boccaccio Boccaccino (1466-1493), David con la cabeza de Goliat, de Giovanni Antonio Galli (1585-c. 1651), llamado Spadarino, artista que perteneció al grupo de los caravaggistas romanos encabezados por Bartolomeo Manfredi. La Flagelación de Palmagiovane (Jacopo Negretti, 1544-1628) y Las limosnas de santa Cristina, de Paolo Caliari, conocido como Veronese (1528-1588), muestran aspectos del esplendor del arte veneciano del siglo XVI, mientras que el boceto Martirio de san Juan Obispo, de Giovanni Battista Tiepolo, preanuncia las expresiones modernas del siglo XX.

    En la categoría retratos, vale la pena observar el Retrato de Gasparo Alberti, realizado por Giuseppe Belli (c. 1520-1586), que incluye una partitura de una de sus composiciones sacras, obra única de un artista poco conocido, así como los retratos de Gerolamo Venier por Tintoretto (1518-1594), el de Ulisse Aldrovandi por Agostino Carracci (1557-1602) y el del conde Giovanni Secco Suardo por Giuseppe Vittore Ghislandi, conocido como Fra´ Galgario (1655-1743).

    Otra obra de este artista, la Insignia del barbero Olieta, muestra al personaje, tijeras en mano, junto a un asistente, posiblemente su hijo, y un cliente; este triple retrato-cartel, que era la marca de su empresa, constituye una curiosa muestra del uso del arte en otras épocas. Por ese destino, bien podemos considerar esta obra pintura de género, categoría en la cual se agregan Dos muchachos dibujando, de Giacomo Trecourt (1812-1882), artista del siglo XIX formado en la propia Accademia Carrara, y las dos obras de Job Berckheyde (1630-1693), hermano del famoso Gerrit Adriaensz Berckheyde (1630-1712), pintor de arquitectura de Haarlem. Entrada de una iglesia y Una fiesta popular muestran costumbres, algo típico de la pintura de género. Se incluyen también Recibo de un embajador, de Luca Carlevaris (1665-1731), pintor, grabador y arquitecto de Udine que trabajó en Venecia -ciudad que fue tema de sus obras-, y la curiosa escena con san Rocco aprehendido y llevado a la cárcel, de escuela fruiliana de la segunda mitad del siglo XVI, que denuncia las influencias del manierismo en el norte de Italia.

    En paisaje sólo figura El baño de Diana, de Giovanni Francesco Barbieri, alias Guercino (1591-1666), que sintetiza sus ideas en el tema, mientras que en naturaleza muerta Interior de Carnicería, de Felice Bosselli (1650-1732), Gallo, pavos y pollitos, del lombardo Angelo Maria Crivelli, llamado Crivellone (c. 1769), y particularmente la Vanitas, de Victoria de Sajonia-Coburgo-Gotha (1840-1901), nos enfrentan con tres buenas soluciones de algunos de los diferentes tipos que se desarrollaron a partir del siglo XVI. La última obra, una composición especial que invita a la reflexión ante los reales valores de nuestra vida, fue realizada por una amateur -hija mayor de la reina Victoria y emperatriz consorte de Federico III de Alemania- que sale airosa frente a cualquiera de las que integran la muestra.

    El parangón que el visitante puede establecer en esta exposición es una muestra evidente de la vigencia que tienen estas obras del pasado. Vayan como ejemplos lo cotidiano de los retratos de Fra´ Galgario y el valor expresivo de La Flagelación de Palmagiovane, así como la modernidad que anuncia el boceto de Tiepolo.

    El autor es historiador de arte y de arquitectura, investigador y docente de la Universidad de Buenos Aires

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  • Título: Escenarios universales
    Autor: Giacinto Di Pietrantonio
    Fecha: 21/11/2009
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    uando escuchamos hablar de El tiempo del arte, nuestros pensamientos no pueden sino remontarse a la Exposición Universal, aquellas grandes ferias que comenzaron a tener lugar a principios del siglo XIX y en las que varios países competían exponiendo las últimas maravillas de la vida moderna. Éstas se presentaban con estilos ligados al pasado, para que los productos industriales fueran digeribles para la sociedad. Nuestra exposición no es una feria de ejemplares de los últimos productos del mundo, sino que plantea temas universales a través de obras de arte que van desde el siglo XVI hasta nuestros días.

    ¿Cómo puede algo parcial representar lo universal? Hablamos de aquello que indaga, con las formas y las imágenes, el poder, lo cotidiano, la mente, el cuerpo, el odio, el amor, la vida y la muerte. Sobre todo porque buscamos estabilidad en un momento en el que lo incierto, la precariedad y la crisis se han apoderado del mundo. En las últimas décadas hemos echado mano a sistemas y códigos fundados en el relativismo de Einstein, en lo indeterminado de Heisenberg, en la filosofía de lo efímero de Nietzsche y de Louis Aragon y la movilidad veloz de Paul Virilio como puntos de referencia constructivos de nuestra existencia, en la que cabe todo: filosofía débil, economía creativa, ciencia relativa, revisión histórica, arte y vida. Eso se ha revelado insuficiente para organizar el caos crítico en el que hemos sido arrojados.

    Es necesario reencontrar valores compartidos que permitan conformar una comunidad. Por eso, quisimos representar escenarios universales y exhibir obras que los abordaran de diferentes maneras. Interrogamos a mucha gente acerca de estos temas por medio de las nuevas tecnologías -el correo electrónico, el chat, Facebook, SMS-, porque queríamos testear sus posibilidades. Los mensajes recibidos contribuyen al intento de crear un hipertexto verbal y visual, que relaciona el patrimonio de la pinacoteca de la Accademia Carrara de Bérgamo con obras modernas y contemporáneas.

    Usamos técnicas hipertextuales para producir sentido -decimos nosotros- o -dirán otros- para banalizar. Preferimos la palabra "vulgarizar", porque creemos en la utilidad de interrelacionar diferentes niveles de la cultura y de la vida. Intentamos cruzar los saberes de una sociedad que ya no es sólo del espectáculo sino también de la escritura hipertextual, en la cual una multitud está reformulando el lenguaje y que muchas veces se parece más a una poesía futurista que a la escritura escolar en la que nos educamos.

    Vale la pena introducir ahora el término "escuela", central para el arte antiguo y en parte para el moderno, que vuelve a surgir con el arte contemporáneo. Para el pasado antiguo, las escuelas presentes en esta muestra fueron decisivas en lo que se refiere a la forma, el estilo, las características y los contenidos, desde el ejemplo más amplio de la escuela toscana del dibujo y la escuela veneciana del color hasta las más localizadas. Los artistas dialogan hoy con el pasado pero no desde un punto de vista de pertenencia geocultural, sino transcultural. La modernidad nos ha dado algunas escuelas memorables -basta pensar en la Bauhaus o en las vanguardias-, que han sido escuelas sui generis, y hoy hay otras, como la del Goldsmith College de Londres, que sólo tienen como característica saliente la transculturalidad, ya que prácticamente carecen de un estilo reconocible.

    Esta relación entre lo antiguo, lo moderno y lo contemporáneo, desde la modernidad en adelante, ha generado un enriquecimiento interdisciplinario que podemos encontrar en todas las obras. Se ha dicho que, después de Duchamp, todo el arte, o casi todo, es conceptual, y termina siéndolo incluso cuando se trata de una "simple" pintura, ya que se construye como un ready-made, o un think-made, o una shape-made... Esto es cada vez más evidente, especialmente a partir de la posmodernidad, o incluso de la neomodernidad, en la que partes de imágenes, de cosas y formas, aunque reconstruidas a partir de lo ya dado o referidas a lo ya hecho, asumen el aspecto de ready-made, con una especificación: que no se está copiando, sino que se está haciendo. Pero ¿haciendo qué cosa? Se presentan y representan las cuestiones cruciales del mundo, en cuya universalidad focaliza esta exposición.

    El autor es director de la Gamec y curador de la muestra El tiempo del arte

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  • Título: Memoria y porvenir
    Autor: Adriana Rosenberg
    Fecha: 21/11/2009
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    Es un orgullo presentar la exhibición El tiempo del arte. Obras del siglo XVI al XXI, en colaboración con la Galleria d´ Arte Moderna e Contemporanea de Bérgamo (Gamec), y con el patrimonio antiguo cedido por la Accademia Carrara. Esta muestra es la confirmación del plan expositivo que Proa diseñó para su nueva etapa, que consolida las miradas contemporáneas no sólo acerca del presente sino también de la historia del arte.

    La exhibición reflexiona sobre el valor de las imágenes a través del tiempo. Como señala Didi-Huberman, en su ensayo publicado en nuestro catálogo: "La imagen a menudo tiene más de memoria y más de porvenir que el ser que la mira".

    Este conjunto de obras, reunidas por el curador Giacinto Di Pietrantonio, ratifica el gesto audaz y valiente de proponer un diálogo que atraviesa cinco siglos de historia del arte, al quebrar la cronología temporal y permitir la reflexión sobre las grandes cuestiones que afligen al hombre: el poder, lo cotidiano, el cuerpo, la mente, la vida, la muerte, el amor y el odio.

    El proyecto nació cuando la Accademia Carrara cerró sus puertas en forma temporaria para refaccionar su sede y puso a disposición su colección, uno de los patrimonios más notables de Italia. Proa tomó el compromiso con la Gamec de exhibir la muestra. En la versión local, el curador decidió incluir un destacado grupo de obras de nuestra región, para reflejar cómo, desde distintas culturas, regiones y tiempos, los artistas establecen un territorio común libre de fronteras y nacionalidades. El resultado es una exposición donde se presentan 107 obras, desde el siglo XVI hasta el presente. Fue visitada hasta ahora por más de 10.000 visitantes y por una gran cantidad de escuelas y estudiantes, con los que trabajó el equipo educativo de Proa.

    El tiempo del arte es el resultado de numerosas voluntades y sueños, de artistas, gestores, instituciones y auspiciantes. Juntos decidimos producir esta muestra con el objetivo de contribuir a la evolución de nuestra cultura. Para todos ellos, así como a coleccionistas, a la embajada de Italia y a Tenaris, por el apoyo brindado, nuestro mayor reconocimiento.

    La autora es directora de Fundación Proa

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  • Título: La mirada del curador
    Autor: Alicia de Arteaga
    Fecha: 21/11/2009
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    Las salas de la Fundación Proa reciben en estos días una muestra que es un viaje en el tiempo y en el espacio. Obras de cinco siglos dialogan sin respetar geografías, técnicas y soportes. Allí están el hongo atómico de León Ferrari, la Marilyn intervenida con cocaína por Hélio Oiticica y el retrato baleado de Oscar Bony, que en nuestra portada enfrenta la imagen del papa Inocencio I atribuida a Velázquez.

    La fórmula del contrapunto elegida por el curador Giacinto Di Pietrantonio tiene mucho de provocación. En otro contexto, los cuadros clásicos se asocian a vecinos imprevisibles, como la instalación de Ernesto Neto o la fotografía con backlight de Jerry Wall, y disparan un nuevo registro perceptivo.

    Esta inédita narrativa es un paseo obligado por la historia del arte, con saltos acrobáticos que van de Morandi a Casoratti, de Julian Schnabel a Tintoretto, pensados para derribar los preconceptos pertrechados a menudo en las siempre relativas categorías de estilos y escuelas.

    Finalmente, la visita patentiza la hipótesis del texto de Georges Didi-Huberman, incluido en el catálogo como un cuaderno de bitácora. Sostiene Huberman que "ante una imagen tenemos humildemente que reconocer que probablemente ella nos sobrevivirá, que ante ella somos el elemento frágil, que esa imagen tiene más memoria y porvenir que el ser que la mira".

    Y, en efecto, las regordetas madonnas, tan resistentes al paso de los siglos, nos miran beatíficas al lado del retrato de una anoréxica contemporánea en su lecho de muerte. Nunca como en este caso resulta tan clara la tarea del curador que resignifica cada una de las piezas por su ubicación en el recorrido, pensado como módulos asociados con las ideas de poder, vida, muerte, amor, odio, cotidiano, cuerpo y mente. Se trata de un relato azaroso, hilvanado con los cuadros "textuales" de Ben Vautier. Esas caligrafías reconocibles son como las piedras en el cuento de Hansel y Gretel; evitan que perdamos el rumbo en el laberinto visual.

    El tiempo del arte es también una celebración del primer aniversario del nuevo edificio de Proa y coincide con un momento de creciente interés del gran público por la oferta del arte, expresado en la masiva concurrencia de casi medio millón de personas a la convocatoria de La Noche de los Museos el sábado 14. La muestra se completa con el programa de visitas guiadas, feliz iniciativa que garantiza la función didáctica que toda institución cultural debe tener. Giacinto Di Pietratonio pensó esta muestra según el modelo de las grandes exposiciones universales, con obras de la Accademia Carrara y de la Galleria d´ Arte Moderna e Contemporanea, ambas de Bérgamo, a las que se sumaron piezas de las colecciones Eduardo Costantini, Juan y Pat Vergez, Ignacio Liprandi y Jorge y Marion Helft, entre otros.

    Enriquecida por la selección de arte latinoamericano, la exposición El tiempo del arte es analizada en las páginas siguientes por Mercedes Casanegra y Ángel Navarro. Adriana Rosenberg y Giacinto Di Pietrantonio aportan su personal punto de vista.

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  • Título: Arte en dos tiempos
    Autor: Mercedes Casanegra
    Fecha: 21/11/2009
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    Una muestra antológica reúne en la Fundación Proa obras de los últimos cinco siglos

    El tiempo del arte fue el título elegido por la Fundación Proa para la exposición que en Bérgamo, Italia, su lugar de proveniencia, se llamó Exposición Universal-El arte en la prueba del tiempo . Es evidente que su traducción no era fácil, sobre todo porque en la Argentina no estamos habituados a convivir, como sí lo están los europeos, con algunos íconos o proyectos especialmente preparados para aquellos grandes acontecimientos que fueron las exposiciones universales organizadas a partir de la segunda mitad del siglo XIX en Europa. Es el caso de la centenaria Torre Eiffel, sin la cual París no podría ser imaginada, o el barrio del Eur en Roma, que no fue inaugurado en un acontecimiento similar, como se esperaba, a causa del advenimiento de la Segunda Guerra Mundial.

    Sin embargo, la idea del proyecto de Giacinto Di Pietrantonio, el curador italiano, es realmente de pretensión universal, y su concepto curatorial desde el origen funcionó como un disparador abierto y convocante al diálogo y a la reflexión multidisciplinar. El tema de la muestra no se le ocurrió sólo porque tenía a su disposición las obras históricas de la Accademia Carrara para que fuesen exhibidas y pudiesen viajar, sino que se trasluce en Di Pietrantonio, y en su visión de historiador del arte una preocupación de fondo por nuestro tiempo. Así, estratégicamente, los temas que vertebran la muestra no son artísticos per se -poder/cotidiano, mente/cuerpo, muerte/vida, amor/odio-, sino que reúnen los argumentos centrales y universales de la vida humana de todas las épocas.

    Situado en este comienzo de siglo XXI, el proyecto propone al espectador la experiencia de un recorrido a través de un centenar de obras, en el cual el arte se convierte, una vez más, en instrumento y herramienta de investigación y conocimiento.

    El catálogo realizado en Buenos Aires, un poco distinto del italiano, incluye el texto "La historia del arte como disciplina anacrónica", ensayo de Georges Didi-Huberman, que ofrece a aquellos que quieran profundizar en la exégesis de las obras de la exposición y en su sentido general. El pensador francés postula la imagen como un reservorio de tiempo y de tiempos, receptáculo tanto de una memoria específica como de un porvenir intrínseco.

    En el gran conjunto de obras que encontramos en Proa hasta los primeros días de enero de 2010 hay, en potencia, una multiplicidad cruzada de tiempos que se ponen en juego por medio de la mirada de cada espectador. Didi-Huberman ha designado la posibilidad de este tipo de análisis con el término "anacronismo", que difiere del significado habitual del término. Para él, en este caso, consiste en "el modo temporal de expresar la exuberancia, la complejidad, la sobredeterminación de las imágenes". De manera paralela, aconseja a quienes se interesan por el saber histórico complejizar sus propios modelos de tiempo, atravesar el espesor de memorias múltiples.

    Es así que cuando se entra en la primera sala que agrupa las obras referidas al poder y uno se enfrenta a Arco de triunfo para uso personal , obra de 2005 de Jimmie Durham, artista de origen cheroque y activista político, realizada con mínimos elementos y a la que se puede interpretar como aguda humorada dadaísta en tiempos tardomodernos, estamos leyendo, por medio de ella, su memoria histórica. Esa pieza parte de la evocación de los grandes arcos de triunfo de la historia, desde Roma hasta el de la plaza Charles de Gaulle, ex L´ Etoile, en la Avenida Champs-Élysées en París, uno de los más famosos del mundo. Fue construido en conmemoración del triunfo de Napoleón Bonaparte en la batalla de Austerlitz, y aquel hecho histórico se actualiza de manera simbólica en ese monumento, hasta el presente y hacia el futuro. La obra realizada por Durham incluye por contrapartida la grandilocuencia de la gran construcción francesa, para negarla y afirmarse en un lugar donde el poder político queda poco reconocido y su triunfo, menos aún registrado.

    Pero lo que esta exposición nos transmite es la idea de que, a pesar de Marcel Duchamp, presente con su mingitorio, de Andy Warhol y de los artistas fundantes de la contemporaneidad, somos todos hijos de una tradición, la occidental, que comenzó en Grecia y luego tuvo su gran punto de inflexión en el Renacimiento.

    Babel contemporánea

    Si bien la "universalidad" aludida en el título italiano de la exposición no es sólo geográfica, ésta participa también de la idea general y, como tal, alcanzó a artistas europeos en la selección clásica; y a europeos, algún norteamericano y un africano en la selección contemporánea.

    Adriana Rosenberg, directora de Proa, que había visitado la exposición en Bérgamo, consideró que la propuesta de Giacinto di Pietrantonio, vista desde la Argentina, tenía la capacidad y receptividad de albergar obras nacionales y latinoamericanas para completarse. Más aún, pensó que el concepto original se enriquecería sin deformarse, al ampliar y hacer honor, de un modo más exacto, a esa "universalidad".

    A propósito, interesa recordar que pocas décadas atrás el paradigma centro versus periferia parecía reinar férreo en su trono. Sin embargo, a la voz de algo que dio en llamarse "multiculturalismo", vigente hoy tanto en el mundo como en la muestra, aquella estructura de base comenzó a resquebrajarse, y lo que antes pudo pasar por un pintoresquismo exótico empezó a integrar los múltiples lenguajes que forman la Babel contemporánea de las artes visuales del planeta.

    León Ferrari exhibió en el MoMA de Nueva York junto a la suizo-brasileña Mira Schendel y lo hará en el Reina Sofía de Madrid a partir del miércoles próximo; Guillermo Kuitca fue un adelantado en el circuito internacional; Víctor Grippo estuvo en Documenta, en Kassel, entre otras varias exposiciones internacionales, y la Tate Modern de Londres posee obra suya; Jorge Macchi pasa más días del año en el exterior que en Buenos Aires, y así se podría continuar.

    Sin embargo, argentinos y latinoamericanos, aunque ciudadanos del mundo, producen impacto en esta exposición. Para entender este fenómeno es bueno saber que en gran parte de la propuesta curatorial estuvo presente la intención de guardar un equilibrio en el conjunto para que cada obra pudiese ser valorada en su justa medida dentro del ejercicio de lectura de la exhibición.

    En la sala inicial referida al tema del poder, en donde las piezas antiguas giran en torno de la iconografía de reverenciadas figuras políticas y las obras actuales lo cuestionan, Hongo nuclear de Ferrari, ubicado en el centro del espacio, da un salto significativo al referirse directamente a la perversión del poder que puede hacer desaparecer la vida.

    En la sección del cuerpo, los autorretratos de Ana Mendieta, creados con las distorsiones voluntarias de sus facciones, buscaban más realidad que lo que la artista había logrado con su pintura, con lo cual llegó hasta el cuestionamiento del canon de belleza occidental. La ferocidad del propio rostro en la obra de Oscar Bony o la degradación de la imagen del paradigma de la diva que fue Marilyn Monroe en la obra de Hélio Oiticica y Neville d´Almeida, el potente ícono en el que se ha transformado la Civilización occidental y cristiana de Ferrari, o El beso de Macchi, no solamente ensayan el cruce de ciertas fronteras estéticas y artísticas, sino que son elocuentes al traslucir otro tipo de experiencia de vida.

    Además, Ernesto Neto, Gabriel Orozco, Francis Alys, Clorindo Testa, Sergio Avello y los ya nombrados ofrecen a aquella pretensión de totalidad novecentista, ahora sí más completa, el fuerte acento de sus identidades en los temas humanos que han recorrido la historia.

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  • Título: La atemporalidad de los conceptos humanos
    Autor: Viviana Fischler
    Fecha: 17/11/2009
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    En tanto que seres culturales, somos herederos de ciertos modos de organización a los fines de facilitar el estudio de las diferentes disciplinas. Estos modos, parecen haber sido la mejor elección -en su momento- para garantizar el aprendizaje de manera coherentemente ordenada, por expresarlo de alguna manera. En el caso de la Historia, sobre todo en el mundo occidental, la costumbre es trazar una línea del tiempo periodizada y cronológicamente ordenada. Línea en la que los hombres vamos ubicando acontecimientos de índole diversa, según sea la rama histórica en la cual estemos enfocando nuestros estudios.
    Así es como nos invita El tiempo del arte, la exhibición curada por Giacinto Di Pietrantonio, sugiriendo un diálogo entre obras de arte realizadas a lo largo de un período de tiempo de cinco siglos. Sin embargo, nos basta con ingresar a la FUNDACIÓN PROA, y seguir el derrotero que el curador propone, para reconocer que el título de la muestra no es más que un guiño juguetón al espectador, que cada uno de nosotros es. Lo que en realidad Pietrantonio nos quiere contar, salta a la vista en el instante que descubrimos que: el ordenamiento de las obras no es cronológico. Si bien es cierto, que se encuentran reunidas obras de cinco siglos, éstas no están agrupadas por estilo, escuela o período alguno.
    De entrada, lo que se percibe en las salas, es una cierta sensación de extrañeza, si insistimos en querer organizar -mentalmente- de manera cronológica las obras expuestas, contaminados “literalmente” por el título de la exhibición. Por supuesto que Pietrantonio, al invitarnos a una función que promete ser una cosa cuando en realidad es otra, lo hace a sabiendas de la atracción que pueden ejercer, obras del siglo XVI, XVII, etc., que han viajado a la Argentina especialmente para la ocasión.
    No se puede negar que la carnada es atractiva, y ciertamente funciona. Pero también es innegable, que Giacinto Di Pietrantonio, lúcidamente nos propone -entre otras cosas- la maravillosa oportunidad de reflexionar sobre el lenguaje de la comunicación. Desde el comienzo, y con la palabra Tiempo por él elegida, nos recuerda que la palabrita puede ser utilizada en múltiples acepciones, y puede dar lugar a confusiones. Y además, que no sólo se pueden transmitir ideas, y discutir y compartir (o no) significados a través de las palabras. No es el idioma hablado, el único posible a tales fines. En El tiempo del arte, son las imágenes el exclusivo lenguaje, sin barreras idiomáticas, las que expresan ideas, valores y creencias. Esto es, los conceptos que como luces de un faro, nos guían y condicionan el modo en que transitamos por la vida.
    Entonces, ¿cuál es la acepción etimológica de la palabra Tiempo, que el título de la muestra ostenta? Una que no está en el diccionario, o tal vez sí, pero con una vuelta de tuerca más. La acepción más pertinente, tiene que ver con lo meteorológico y lo climático. Y la vuelta de tuerca radica, en la alusión o adaptación del clima atmosférico, a un clima de época, lo que comúnmente solemos llamar “horizonte de época”. Lo que en nuestro caso particular, estaría refiriendo a un “horizonte humano”, y en tanto que humano, atemporal.
    Es de esta manera que la muestra se exhibe, por medio de núcleos conceptuales. Los cuales permiten concienciar en nosotros “espectadores invitados”, que hay otros modos posibles de organizar conjuntos y sistemas para contar la Historia. Como en este caso, en que se elige contar la historia desde ciertos aspectos que hacen a la humanidad, por medio de imágenes de arte realizadas a lo largo de cinco siglos. Y es llegado a este punto, en que caemos en la cuenta de que, cinco, diez o quince siglos de imágenes, nos estarían contando lo mismo.
    Como si de mesas de debate se tratara, las imágenes del arte se encuentran organizadas conceptualmente, en ocho conjuntos diferentes: el poder, lo cotidiano, el cuerpo, la mente, la vida, la muerte, el amor, y el odio. El objetivo aquí, es facilitar el diálogo entre ellas y nosotros, en un clima de unidad y armonía grupal. Así agrupadas, poseen tal inmediatez visual, que nos movilizan interiormente, estimulando sensaciones de placer o displacer. Estas emociones, nos invitan a reflexionar sobre las esperanzas, angustias y temores de los seres humanos, desde que el mundo es mundo. Y también, a reconocer el hecho de que, la expresión mediante el uso de imágenes “fue y es” una de las herramientas más utilizadas por el individuo, desde siempre.

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  • Título: PLASTICA A PROPOSITO DE LA MUESTRA EL TIEMPO DEL ARTE, EN LA FUNDACION PROA
    Autor: Georges Didi-Huberman
    Fecha: 10/11/2009
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    Arte, historia y anacronismo

    ¿Qué mira un espectador de hoy cuando ve arte del pasado? La exposición que se presenta en Proa en estos días, con obras de los siglos XVI al XXI, reflexiona sobre este problema. Historia del arte y anacronismo de las imágenes.

    Siempre, ante la imagen, estamos ante el tiempo. Como el pobre ignorante del relato de Kafka, estamos ante la imagen como Ante la ley: como ante el marco de una puerta abierta. Ella no nos oculta nada, bastaría con entrar, su luz casi nos ciega, nos controla. Su misma apertura –y no menciono al guardia– nos detiene: mirarla es desearla, es esperar, es estar ante el tiempo. Pero ¿qué clase de tiempo? ¿De qué plasticidades y de qué fracturas, de qué ritmos y de qué golpes de tiempo puede tratarse en esta apertura de la imagen?

    Dirijamos un instante nuestra mirada sobre ese muro de pintura renacentista. Es un fresco del convento de San Marco, en Florencia. Verosímilmente fue pintado en los años 1440 por un hermano dominicano que vivía allí y que más tarde fue conocido como Beato Angelico. Se encuentra a la altura de la mirada, en el corredor oriental de la clausura. Justo más arriba está pintada una Santa Conversación. Todo el resto de la galería está, igual que las celdas, pintado a la lechada. En esta doble diferencia –con la escena figurada arriba, con el fondo blanco circundante–, el muro de fresco rojo, acribillado de manchas erráticas, produce como una deflagración: un fuego de artificio coloreado que lleva incluso la huella de su aparición originaria (el pigmento que fue arrojado a distancia, como lluvia, en fracción de instantes) y que, desde entonces, se perpetuó como una constelación de estrellas fijas.

    Ante esta imagen, de golpe nuestro presente puede verse atrapado y, de una sola vez, expuesto en la experiencia de la mirada. Aunque desde esta singular experiencia han transcurrido –en lo que me concierne– más de quince años, mi “presente reminiscente” no ha terminado, me parece, de sacar todas las lecciones. Ante una imagen –tan antigua como sea–, el presente no cesa jamás de reconfigurarse por poco que la desposesión de la mirada no haya cedido del todo el lugar a la costumbre infatuada del “especialista”. Ante una imagen –tan reciente, tan contemporánea como sea–, el pasado no cesa nunca de reconfigurarse, dado que esta imagen sólo deviene pensable en una construcción de la memoria, si ésta no es obsesiva. En fin, ante una imagen, tenemos humildemente que reconocer lo siguiente: que probablemente ella nos sobrevivirá, que ante ella somos el elemento frágil, el elemento de paso, y que ante nosotros ella es el elemento del futuro, el elemento de la duración. La imagen a menudo tiene más de memoria y más de porvenir que el que la mira.

    Pero ¿cómo estar a la altura de todos los tiempos que esta imagen, ante nosotros, conjuga sobre tantos planos? Y, primero, ¿cómo dar cuenta del presente de esta experiencia, de la memoria que convocaba, del porvenir que comprometía? Detenerse ante el muro de Fra Angelico, someterse a su misterio figural, en eso consistía entrar, modesta y paradójicamente, en el saber que se llama “historia del arte”. Entrada modesta, porque la gran pintura del Renacimiento florentino era abordada justamente por sus bordes: sus parerga, sus zonas marginales, los registros bien –o mal–- llamados “inferiores” de los ciclos de frescos, los registros del “decorado”, de los “falsos mármoles”. Pero, entrada paradójica (y, para mí, decisiva), puesto que se trataba de comprender la necesidad intrínseca, la necesidad figurativa, o mejor figural de una zona de pintura fácilmente aprehensible bajo la etiqueta de “arte abstracto”.

    Se trataba, en el mismo movimiento –en la misma perplejidad–, de comprender por qué toda esta actividad pictórica, en Fra Angelico (pero también en Giotto, Simone Martini, Pietro Lorenzetti, Lorenzo Monaco, Piero della Francesca, Andrea del Castagno, Mantegna y tantos otros también), estaba íntimamente mezclada a la iconografía religiosa, por qué todo ese mundo de imágenes perfectamente visibles no había sido, hasta allí, ni mirada, ni interpretada, ni incluso entrevista en la inmensa literatura científica consagrada a la pintura del Renacimiento. Es así que surgió, fatalmente, la cuestión epistemológica. Es así que el estudio del caso –una singularidad pictórica que un día interrumpió mi paso en el corredor de San Marco– hizo alzar una exigencia más general en cuanto a la “arqueología”, como hubiera dicho Michel Foucault, del saber sobre el arte y sobre las imágenes.

    Positivamente, esta exigencia podría formularse así: ¿en qué condiciones un objeto –o un cuestionamiento– histórico nuevo puede asimismo emerger tardíamente en un contexto tan conocido aparte de, por así decirlo, “documentado” como el Renacimiento florentino? Uno podría con razón expresarse más negativamente: ¿qué es lo que, en la historia del arte como disciplina, como “orden del discurso”, pudo mantener tal condición de enceguecimiento, tal “voluntad de no ver” y de no saber? ¿Cuáles son las razones epistemológicas de tal denegación –la denegación que consiste en saber identificar, en una Santa Conversación, el menor atributo iconográfico y, al mismo tiempo, no prestar la menor atención al pasmoso fuego de artificio coloreado que se despliega justo debajo sobre tres metros de ancho y un metro cincuenta de altura–?

    Estas preguntas muy simples, salidas de un caso particular (que poseen, espero, algún valor ejemplar), comprometen la historia del arte en su método, en su mismo estatuto –su estatuto “científico”, según se gusta decir– como en su historia. Detenerse ante el muro de Fra Angelico era primero intentar dar una dignidad histórica, incluso una sutileza intelectual y estética, a objetos visuales considerados hasta entonces inexistentes, o por lo menos desprovistos de sentido. Se hizo rápidamente evidente que, para llegar un poquito hasta allí, sería necesario tomar otras vías que las fijadas magistral y canónicamente por Erwin Panofsky bajo el nombre de “iconología”: difícil, aquí, de inferir una “significación convencional” a partir de un “sujeto natural”; difícil de encontrar un “motivo” o una “alegoría” en el sentido habitual de esos términos; difícil de identificar un “asunto” bien claro o un “tema” bien distinto; difícil de exhibir una “fuente” escrita que pudo servir de interpretación verificable. No había ninguna “clave” a sacar de los archivos o de la literatura sobre arte, como el mago-iconólogo sabe sacar tan bien de su sombrero la única clave “simbólica” de una imagen “figurativa”.

    Había sido necesario desplazar y complejizar las cosas, volver a preguntar lo que “tema”, “significación”, “alegoría” o “fuente” pueden, en el fondo, querer decir para un historiador del arte. Había sido necesario sumergirse de nuevo en la semiología no iconológica –en el sentido humanista de Cesare Ripa–, que constituía, dentro de los muros del convento de San Marco, el universo teológico, exegético y litúrgico de los dominicos. Y, de rebote, hacer surgir la exigencia de una semiología no iconológica –en el sentido “científico” y actual, salido de Panofsky–, una semiología que no fuese ni positivista (la representación como espejo de las cosas) ni incluso estructuralista (la representación como sistema de signos). Era la misma representación que sería necesario, en verdad, poner en cuestión ante el muro. Con la consecuencia de comprometerse en un debate de orden epistemológico sobre los medios y los fines de la historia del arte en tanto que disciplina.

    Intentar, en definitiva, una arqueología crítica de la historia del arte capaz de desplazar el postulado panofskiano de “la historia del arte como disciplina humanista”. Sería por eso necesario cuestionar todo un conjunto de certezas en cuanto al objeto “arte” –el objeto mismo de nuestra disciplina histórica–, certezas que tienen por trasfondo una larga tradición teórica que corre sobre todo de Vasari a Kant y más allá (especialmente al mismo Panofsky). Pero detenerse ante el muro no es solamente interrogar el objeto de nuestras miradas. Es interrogar en la historia del arte al objeto “historia”, la historicidad misma. Tal es la apuesta del presente ensayo: empezar una arqueología crítica de los modelos de tiempo, de los valores de uso del tiempo en la disciplina histórica que quiso hacer de las imágenes sus objetos de estudio. Cuestión tan vital, tan concreta y cotidiana –cada gesto, cada decisión del historiador, desde la más humilde clasificación de sus fichas hasta sus más altas ambiciones sintéticas ¿no fundan, cada vez, una elección de tiempo, un acto de temporalización?– que es difícil de esclarecer. Muy rápido se manifiesta que nada, aquí, permanece mucho tiempo en la serena luz de las evidencias.

    * Fragmento inicial del libro Ante el tiempo-Historia del arte y anacronismo de las imágenes, incluido en el catálogo de la exposición El tiempo del Arte, Obras Maestras de los siglos XVI al XXI, que se exhibe en la Fundación Proa, Av. Pedro de Mendoza 1929, hasta el 10 de enero.

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  • Título: El tiempo del arte
    Autor: Revista Gente online
    Fecha: 10/11/2009
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    Curada por Giacinto Di Pietrantonio, la muestra El Tiempo del arte propone en más de 100 obras, un recorrido por cinco siglos, del XVI al XXI, de imágenes trascendentales de la historia del arte.

    La propuesta curatorial organiza la exhibición en ocho núcleos que refieren a los temas universales del hombre: Poder, Cotidiano/ Vida, Muerte/Cuerpo, Mente/Amor, Odio. En cada uno de estos grupos, las obras dan cuenta del modo en que los artistas crearon conceptos e imágenes que nos permiten vincular el pasado y el presente.

    La exhibición se podrá visitar hasta el domingo 3 de enero de 2010, de martes a domingos de 11 a 19 en Fundación Proa, avenida Pedro de Mendoza 1929, La Boca, ciudad de Buenos Aires.

    Más información Fundación Proa



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  • Título: Con ms de cien obras, Proa cuenta la historia del arte
    Autor: Laura Casanovas
    Fecha: 09/11/2009
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    La exposición reúne cuadros de los siglos XVI al XXI y fue visitada ya por 8000 personas

    Más de 8000 personas visitaron ya la muestra "El tiempo del arte", que se presenta en estos días en la Fundación Proa, en el barrio de La Boca, y reúne un notable conjunto de más de cien obras de los siglos XVI al XXI.

    Se trata de una propuesta que requiere del espectador una mirada abierta y curiosa para ir del pintor italiano Tintoretto, del siglo XVI, al artista conceptual estadounidense Joseph Kosuth. Y del pintor holandés Job Berckheyde, del siglo XVIII, a las performances del dúo inglés Gilbert & Georges y las fotografías de la cubana Ana Mendieta, de principios de los años 70.

    "Siempre, ante la imagen, estamos ante el tiempo." La frase, del historiador del arte Didi-Huberman, bien puede resumir el carácter de esta exhibición, en la cual los distintos tiempos se encuentran a través de ocho núcleos temáticos, como el poder, el odio, el amor, la vida, la muerte, entre otros.

    Con una propuesta interesante, el curador de la exposición, Giacinto Di Pietrantonio, ofrece al público obras del patrimonio de L´Accademia Carrara y de la Galería de Arte Moderna y Contemporánea de Bérgamo. Y los visitantes no dudan en adentrarse en esa auténtica polifonía de épocas, estilos, soportes, materiales, como se puede ver en las visitas guiadas.

    Experiencias compartidas

    Durante una de las visitas, personas de distintas edades seguían con atención la explicación de la guía, planteaban interrogantes y expresaban opiniones. Y, sobre todo, disfrutaban de ese conjunto, que incluye también obras de coleccionistas locales.

    En el núcleo sobre lo cotidiano, muchos visitantes se detuvieron, por ejemplo, frente a la naturaleza muerta del italiano Giorgio Morandi, de 1959, y la instalación del argentino Victor Grippo. En el piso superior del edificio de la Fundación Proa, los esperaba, mientras tanto, en el núcleo sobre la muerte, un óleo, circa 1743, del italiano Giovan Battista Tiépolo sobre El m artirio de San Juan, y un particular dibujo de Clorindo Testa, de 1987.

    El tema central que abre la muestra es el poder, al que sin duda hace referencia la célebre imagen del papa Inocencio X, del español Velázquez, del que se exhibe una copia. Y, en medio de la sala sobre esa temática, se eleva el impactante Hongo nuclear, del argentino León Ferrari, hecho en poliuretano negro y alambre, en 2007.

    Otro de los núcleos imperdibles es el del cuerpo, tema caro a la historia del arte, que en la muestra aparece tanto vinculado con cierto canon de belleza tradicional como con la ruptura de éste.

    Entre otros artistas cuyas obras se pueden disfrutar, están el representante de la pintura metafísica Giorgio de Chirico; los trabajos del canadiense Jeff Wall y del brasilero Helio Oiticica; el ready made Fuente, de Duchamp, entre los artistas del renacimiento Boccaccio Boccaccino y El Veronese, y los argentinos Guillermo Kuitca y Jorge Macchi.

    Sentido educativo

    "En esta exhibición, hemos fortalecido mucho el programa educativo. Abrimos los martes gratis para todos los estudiantes, maestros y profesores, y también para todos los colegios de la zona. Consideramos que esta muestra tiene obra de una patrimonio tan único y extraordinario que los niños y jóvenes artistas deben poder conocer", comentó a LA NACION la directora de la Fundación Proa, Adriana Rosenberg.

    Por el programa para escuelas se puede consultar al correo electrónico educacion@proa.org y al teléfono 4104-1041. Por otra parte, las visitas programadas son de martes a viernes, a las 15.30 y a las 17.30, y el fin de semana, a las 12, 15.30 y 17.30. La muestra se puede ver hasta el 3 de enero en la sede de Proa, Av. Pedro de Mendoza 1929.

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  • Título: Fundacin Proa
    Autor:
    Fecha: 06/11/2009
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    Ver nota original (Buenos Aires Photographer - Big Pics of BA)

    Recently renovated and reopened Fundacion Proa is a musuem that shows rotating exhibits. They're funded by Technit, the largest private company in Argentina [they make steel tubes for petroleum exploration]. Their money and connections allow them to bring to Buenos Aires exhibits and artists who almost never make it south of the equator. The current show is called The Time of Art and juxtaposes 2nd rate classical painting from the 16th and 17th centuries with better known contemporary artists, with the works mostly coming from a museum in Italy that's under rennovation. The show runs until January.

    Fundacion Proa's location right next to El Caminito in La Boca makes it idea for tourists to stop in and check out some art. Given their focus is mostly international art, however, the museum is more of a benefit for the local population.

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  • Título: Muestra: El Tiempo del Arte en el PROA
    Autor:
    Fecha: 03/11/2009
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    Ver nota original (Agenda Universia)

    Areas: Arte, Cultura y Extensión

    Fecha: del 10/10/2009 al 01/01/2010
    Horas: 11hs
    Lugar: Fundación Proa ( Av. Pedro de Mendoza 1929, La Boca )
    Costo: Entrada general: $ 10 , Estudiantes: $ 6 , Jubilados: $ 3

    Descripción
    Curada por Giacinto Di Pietrantonio, destacado curador, profesor de arte y Director de la GAMeC, (Galleria d'Arte Moderna e Contemporanea di Bergamo), la muestra El Tiempo del Arte propone en más de 100 obras, un recorrido por cinco siglos de imágenes trascendentales de la historia del arte.

    Organiza
    País: Argentina
    Institución: Otras
    URL: http://www.proa.org/

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  • Título: Artculos de prensa El Tiempo del Arte en La Boca Por CapitalFederal.com capitalfederal.com - 07.01.10 Ocultar nota La Fundacin Proa, en el barrio La Boca en la ciudad de Buenos Aires, exhibe los ltimos das de El tiempo del Arte. Obras maestras d
    Autor: Instituto Italiano de Cultura de Buenos Aires
    Fecha: 26/10/2009
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    Ver nota original (Instituto Italiano de Cultura de Buenos Aires)

    Desde el sábado 19 de septiembre y hasta el domingo 3 de enero de 2010, FUNDACION PROA, conjuntamente con la Galería de Arte Moderna y Contemporánea de Bergamo (GaMeC), presenta la exhibición curada por Giacinto Di Pietrantonio, director de la GAMeC y docente de la L´Accademia di Brera de Milán. La muestra propone visitar la historia a través del diálogo entre obras de la antigüedad -partiendo desde el siglo XVI- la modernidad y la contemporaneidad. La propuesta curatorial reúne, además del concepto de tiempo, artistas de diferentes países y disciplinas diversas. El tiempo, la fotografía, la pintura, el video, la instalación, los grandes retratos de la historia, todos dan vida a esta exposición.

     El Tiempo del Arte. Obras Maestras del S. XVI al S. XXI se inscribe en la tradición y en la revisión del tiempo en la historia del arte a través de la supervivencia del museo. Artistas notables como Agostino Carraci, Tiépolo, Velázquez, Piero Paoloni, Joseph Kosuth, Morandi, Gilbert & George, De Chirico y Jeff Wall son algunos de los que integran esta exhibición organizando una propuesta expositiva inédita hasta el presente.

    Desde una lectura contemporánea, Giacinto Di Petrantonio nos propone un universo de reflexiones, imágenes y discursos, donde dialogan las obras entre sí a través del tiempo. El curador llegará a Buenos Aires para participar de la exhibición. Una serie de conferencias, visitas guiadas y encuentros con la prensa se llevarán a cabo a propósito de su visita.

    La muestra cuenta con el apoyo de Tenaris, Organización Techint y con el de la Embajada de Italia en Argentina.

    -

    Informaciones

    Fecha: jueves, 01 de octubre de 2009 - domingo, 03 de enero de 2010

    Horario: Martes a domingos de 11.00 a 19.00 hs.

    Lugar: Fundación PROA (Av. Pedro de Mendoza 1929)

    Organizado por: Fundación PROA

    Informaciones: $10 (general), $6 (estudiantes) y $3 (jubilados)

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  • Título: San Jernimo lee en Proa. Una experiencia religiosa
    Autor: Gustavo Nielsen
    Fecha: 25/10/2009
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    Publicado el 18 de octubre de 2009 en Radar.
    La muestra “El tiempo del arte” en la Fundación Proa responde a una nueva tendencia de exposiciones: la organización temática antes que histórica. Así conviven, bajo temas como “El cuerpo”, “El amor” o “El odio”, obras separadas por trescientos o quinientos años. En medio de ese viaje, Gustavo Nielsen se encontró con una vieja admiración: la figura de San Jerónimo, pintada más de un centenar de veces y siempre leyendo. Este es el ensayo que escribió sobre ese anacoreta expulsado de la Iglesia por leer los libros prohibidos.

    Eusebio Hierónimo de Estridón o Jerónimo de Estridón, llamado San Jerónimo por la Iglesia Católica, fue un estudioso del latín y del griego. Tradujo la Biblia -su libro favorito- del hebreo, para que la pudieran leer todos. El problema del tipo parece ser que no solamente leía textos sagrados sino, también, libros paganos y todo tipo de libros, por los que tuvo sueños en los que lo echaban a patadas de la curia. Pasó su vida leyendo a Cicerón, Horacio, Virgilio, Tácito, Homero, Platón. Pasó su vida leyendo, quiero decir, cuanta cosa con tapas que hubiera en ese tiempo, el año 400. Toda vez que lo retratan en los cuadros sale con un libro en la mano. En el de Domenico Ghirlandaio, pintado mil años después de la muerte de Jerónimo, lo vemos de cuerpo entero, sentado debajo de un baldaquino de oro, pensando y escribiendo. Capaz que traduciendo. O haciendo notas, ya que toda lectura es, en cierto modo, el comienzo inminente de una escritura.Hay cientos de versiones de San Jerónimo atrapado en el acto de leer. La espalda inclinada sobre la tabla de su lugar sagrado, con los ojos, el rostro entregados al papel, el cuello tenso, las manos ocupadas en pasar las páginas o realizar anotaciones. Y nunca hay un solo libro sino varios. Todos abiertos.

    Salvo por el detalle de la computadora que hay sobre mi escritorio, puedo compararme en la iconografía, sin santidad mediante, en este momento de escribir una nota: hay dos libros abiertos en mi tabla, papeles, lápices. Uno de los libros es Habitar, construir y pensar, del arquitecto Miguel Angel Roca, y otro es El tiempo del arte, el catálogo de la nueva exposición que la Fundación Proa ha colgado en estos días y acabo de visitar. Una maravillosa muestra curada por Giacinto di Pietrantonio que se basa en la mezcolanza de obras según nodos temáticos, a la nova usanza del arte: podemos ver un cuadro de 1600 rodeado por un ready-made de Duchamp o una foto de Joel-Peter Witkin, con el único pretexto de estar hablando de un mismo tema. El amor, el odio, la muerte, el cuerpo, la vida, la muerte.

    La idea posmoderna de agrupar las cosas no por escuelas o fechas sino por conceptos deja en el visitante un sabor existencialista. Me explico: en el ítem “cuerpo” hay un cartel de peluquería del siglo XVIII, de Vittore Ghislandi detto Fra’Galgario, la Insignia del barbero Oletta. En el medio del cuadro está Oletta, el dueño de la peluquería, con pinta de joven emprendedor; a la izquierda su empleado, el peluquero, blandiendo sus tijeras en franca mirada homosexual; a la derecha hay una tercera figura, la de un noble. Ese que dice: “Soy cliente de esta peluquería”. ¿Qué diferencia hay con las fotos de Susana Giménez o Graciela Borges colgadas en el local de Miguel Romano frente al Alto Palermo Shopping?

    Pero volvamos al santo y a un cuadro que no está en la muestra, pero que recuerdo con mucho cariño: San Jerónimo en su estudio, de Antonello da Messina, de 1474. Cuando lo vi por primera vez era enorme, porque fue parte de una teórica de arquitectura de Roca, mi maestro. Era el año 1983, el Aula Ralba del Pabellón III de la Ciudad Universitaria, y la Facultad todavía se llamaba de Arquitectura y Urbanismo, sin los Diseños que vinieron después.

    En el cuadro vuelve a aparecer nuestro santo leyendo, cómodamente sentado en una silla de madera ubicada adentro de un pequeño edículo del mismo material. El edículo es como una casita infantil, tiene dos paredes de bibliotecas y está sobreelevado sobre una plataforma. Es un mueble-lugar: tiene un escritorio fijo, una escalinata de tres peldaños para subir a la plataforma y un banco. Y no hay espacio para mucho más que un lector, en este caso vestido con ropajes eclesiásticos.

    Este edículo de madera está inscripto, a su vez, en el espacio enorme de una catedral gótica. Es, a comparación de la catedral, una miniatura. La catedral también está inscripta en un mundo: afuera hay un paisaje, la campiña que podemos ver a través de la ventana que aparece a la izquierda del cuadro.

    Miguel Angel Roca entiende el edículo como un espacio propicio para el aislamiento del acto de leer. Para el recogimiento, la meditación. Se lo ve cómodo a Jerónimo en su gabinete, rodeado de sus papeles y plumas. Todo le es ajeno: en el cuadro aparecen arcos, tracerías, guardas, pájaros, hasta un león, pero él ni los mira. Está leyendo, tensionado por la perspectiva renacentista. No podemos ver qué libro, pero Jerónimo está atrapado por él. Ensimismado, hipnotizado. No puede dejarlo ni un instante. Está quieto, terriblemente estático en su postura, sólo su imaginación se mueve quién sabe por qué caminos y para decirle qué cosas. El recuerdo de ese cuadro lleva implícito el propio placer que yo siento al leer.

    Todo el fenómeno de la lectura está representado en esta imagen: el almacenamiento de los libros de consulta, el libro abierto, el lector, la silla, el escritorio, la luz. Pero Roca ve algo más, la representación idílica de lo que una biblioteca debe ser, algo que será reinterpretado siglos después por Labrouste en la biblioteca de San Genevieve de 1840, por Alvar Aalto en la biblioteca de Viipuri de 1927, por Hans Sharoum en la biblioteca estatal de Berlín de 1964, por Louis Kahn en la biblioteca de Exeter de 1967. Y por cada uno de los maravillosos espacios públicos para leer que existen en el mundo. Roca ve ahí la necesidad de aislar. Es diferente leer en tu casa, en el sillón conocido y con la lámpara que siempre encendemos, que leer en un lugar público. Para leer en un lugar público hay que aislarse del entorno. Jerónimo lo hacía subiendo tres peldaños y sentándose en su nave de madera: así se separaba de la Iglesia. Para poder volar los humanos necesitamos tener una nave.

    A Jerónimo lo culparon de leer a los paganos, a los griegos. La historia dice que se fue al desierto a ganarse su título de santo, con ayuno y oración, cuando la Iglesia no lo dejó usar más el edículo por meterse con los libros prohibidos.

    Yo creo que se fue a leer.

    Dos obras que sí están en la exposición de Proa me llamaron la atención especialmente, porque también tienen que ver con el santo. Digo: consiguieron mi atención por dos razones. La primera es la misma de la forma de la exposición; esa reunión de autores de todos los tiempos, desde Velázquez hasta León Ferrari, empecinados en relatar un mismo concepto o sentimiento. La contigüidad entre las obras relata esa extrañeza; el paseo desde un iluminista lombardo hasta I’m Desperate de Wearing para ilustrar la dupla Poder-Cotidianidad crea un diálogo anacrónico interesantísimo que se formula apenas en un paso. Hay, en ese paso que separa las obras, a veces trescientos, quinientos años. ¡Y están hablando de las mismas cosas con materiales nuevos, culturas nuevas y nuevas geografías!

    La segunda razón es el azar: dos San Jerónimos encontrados en una sala triangular en La Boca. Uno es un cuadro y otro es una instalación. En uno es un lector, en el otro podría ser un disc-jockey. Uno es barroco, el otro contemporáneo: 1625, 1997. Y hablo de azar porque ni en el catálogo van pegados; los pusieron cerca por temática, pero sobre todo por lo bien que quedan en el espacio blanco de la galería.

    El cuadro es San Gerolamo in Meditazione, de Pietro Paolini, un visible cultor de Caravaggio. El santo está en la última etapa de su vida, vestido mitad de eremita, mitad con la túnica cardenalicia. Está pelado, flaco, más de un año sin afeitar. Su única compañía humana es una calavera; los únicos objetos no humanos a hallar sobre la mesa, los libros. Se lo ve preocupado, con la cabeza como siempre, metida entre las páginas. Lo ilumina esa luz del barroco que nunca sabemos de dónde viene, porque al fin de cuentas esta vez está leyendo adentro de una cueva oscura. Lo han echado de la Iglesia. Parece más humano que el retratado por Messina, más sufrido, como gastadito por la existencia. Pero igual de estudioso. Aunque le falte el quiosco.

    Entendemos que ya no lo necesita, porque toda una vida de reclinación sobre su edículo lo hicieron más lector. No precisa ni vela. Allí donde él esté, podrá leer. Pero la curaduría lo invita a más. Giacinto di Pietrantonio, Proa y el azar le acercan una silla, un escritorio, unos estantes, el edículo que le quitaron. Ya no será de cedro o de caoba, ya no tendrá los boatos de la Iglesia, pero será su lugar, a escala del cuadro de Messina. Y el constructor se llama Mario Airó, y el material es un fenólico del más poliya.

    La instalación, que se llama Satellite of Love, reconstruye la nave para leer de la que Roca nos habló en su teórica. En la exposición está ubicada muy próxima al cuadro, por lo que si quisiéramos hacer un experimento de contorsionismo delante de ambas obras, agachándonos lo suficiente para combinar mueble y cuadro en una misma perspectiva, tal vez tendríamos de nuevo a nuestro amigo lector muy bien sentado, con la comodidad que el leer y el escribir precisan. Y hasta podríamos ver a San Jerónimo tomándose un recreo y remixando discos, haciendo scratching para sus amigos, los santos a go-go (la instalación incluye un par de bandejas y el tema de Lou Reed en loop).

    Estas dos obras, que en Proa están separadas metro y medio, se llevan 375 años llenos de pensamiento y arte. Las dos se complementan sin que sus autores lo hayan buscado.

    No es un milagro, es una exposición.

    Cuando vi el original de Messina en la National Gallery de Londres, muchos años después de haberme recibido de arquitecto, me sorprendió por lo pequeño: era casi del tamaño del cuaderno Rivadavia en el que iba escribiendo los avatares de mi viaje. Lo recordaba tan grande de la gran teórica que mi maestro de facultad había dado…

    A la salida de la exposición de Proa le comento a mi socio de mi simpatía por este santo lector desde la época de la cursada. El me dice que recuerda haber recibido un mail de México donde afirmaban que Jerónimo de Estridón era santo no sólo por su condición de anacoreta en el desierto sino porque encontraron su propio cuerpo momificado, cuando lo desenterraron para mudar el cadáver desde la gruta en la que había vivido hasta la Basílica de Santa María Mayor, en Roma. Me comenta también que algo andaba mal con el cuerpo, que cuando lo exhibieron en las catacumbas, el muerto lloró. Sangre, para más datos. Prometió buscarme el dato que le había enviado alguien por e-mail. Como es de predecirse en estos casos, no lo encontró, ni tuvo forma de rastrearlo.

    Me quedo con la creencia firme, interna, más sana por atea y clase B, de que la momificación de San Jerónimo no se debió a que era un santo, ni a la composición química de la tierra del desierto en la que fue enterrado, sino porque leyó muchísimo y porque escribió. Eso te hace, en el 400 o en el 2009, para siempre.

    Eterno de toda eternidad.

    Y estoy seguro de que si le alcanzan una buena novela, el santo dejará de llorar.

    —-
    El tiempo del arte - Obras Siglos XVI al XXI
    Fundación Proa, Pedro de Mendoza 1929, Buenos Aires
    de martes a domingo de 11 a 19h.
    Entrada: $ 10.-



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  • Título: El tiempo del Arte - Obras Siglos XVI al XXI
    Autor:
    Fecha: 20/10/2009
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    Ficha técnica:
    Medida libro cerrado: 27x 21 cm./ Tapa blanda impresa a 4 colores. / 192 páginas / Reproducción fotográficas de obras expuestas / Impreso a cuatro colores / Encuadernación, cosido a hilo / Edición  español.

    La muestra reúne un conjunto de más de cien obras que atraviesan varios siglos de la historia del arte. Partiendo del Siglo XVI y hasta el Siglo XXI,  a través de la mirada del curador Giacinto Di Pietrantonio, quien propone visitar la historia a través del diálogo entre antigüedad, modernidad y contemporaneidad.

    Esta exhibición, que presenta obras cumbres de la historia del arte, cuenta con el patrimonio destacado de la Accademia Carrara y la GAMEC, Galería de Arte Moderna y Contemporánea de Bergamo.

    Curador: Giancinto Di Pietrantonio
    Organización: Accademia Carrara, Bergamo. Gamec, Bergamo, Fundación Proa, Argentina
    Diseño expositivo: Caruso - Torricela
    Consultora Invitada: Mercedes Casanegra
    Asistencia y producción: Sara Fumagalli, Bruna Roccasalva, Camila Jurado y Aimé Iglesias Lukin

    “El tiempo del Arte” está dividida en 8 núcleos temáticos, que dan cuenta de la problemática humana a través de las imágenes de la historia a lo largo del tiempo.

    Poder /Cotidiano / Vida /Muerte / Mente / Cuerpo / Amor / Odio

    INDICE
    18 HE AQUI, EL TIEMPO DEL ARTE
    Giacinto Pi Pietrantonio

    24 LA HISTORIA DEL ARTE COMO DISCIPLINA ANACRONICA
    Georges Didi-Huberman

    50 PODER
    62 COTIDIANO
    82 CUERPO
    94 MENTE
    106 VIDA
    122 MUERTE
    138 AMOR
    154 ODIO
    166 PODER COTIDIANO / Via Facebook .
    168 CUERPO-MENTE / Via Chat
    174 VIDA-MUERTE / Via EmatL
    180 AMOR-ODIO / Via SMS
    184 LISTADO DE OBRAS Y ARTISTAS

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  • Título: Pintura
    Autor: Ambito.com
    Fecha: 16/10/2009
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    Ver nota original (Ambito Financiero )

    Se exhibe «El tiempo del arte», una selección de más de 100 obras maestras del siglo XVI al XXI. Este sábado a partir de las 11, en la Fundación Proa, av. Pedro de Mendoza 1929.

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  • Título: Art in time
    Autor: Marjan Groothuis
    Fecha: 06/10/2009
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    Ver nota original (Buenos Aires Herald)

    The Fundación Proa in La Boca did it once again. They are, without a doubt, the most consistent cultural centre as far as quality is concerned and the recently inaugurated exhibition is no exception to this rule.

    On the contrary, El tiempo del arte (The time of art) offers an ample perspective of art in time, just over five centuries to be precise.

    The objects on display range from 16th century paintings to 21st century installations and photographs, thus necessarily including lots of art movements in its wake. It might sound hard to turn this immensely varied range of works into a coherent show, but a playful approach was probably helpful in circumventing certain pitfalls. Also, to provide a certain context, the works were divided into categories, albeit rather loosely.

    But, maybe most important of all, what's there to see right now in Proa? One of the earliest works on show dates back to the year 1580: a painting by the Italian artist Tintoretti of Gerolamo Venier, a Venetian nobleman. This portrait hangs in the category Power, close to a small text painting by Ben Vautier stating: tutto ? ego (everything is ego), dated 2007.

    This French artist (born in Nice, in 1935) was very closely involved with Fluxus, a popular movement in the nineteen sixties to which unconventional and playful spirit he remains true to this day. In the same category, Christo & Jeanne Claud's proposal for wrapping the Reichstag (the German parliament) can be found. It concerns a sketch dated 1993 and is just another example of how the various works have been quite ingeniously combined.

    And there is humour as well, not surprisingly provided by Vautier. His text painting, including mirror, says it all: Le pouvoir aime se regarder dans son miroir (Power loves to look at itself in its mirror). Or what to think of Jimmie Durham's sculpture Arc de Triumph for personal use?

    In the Day to Day category amongst others 17th century paintings by Job Berkheyde, a Dutch painter fond of moral lessons but also a gorgeous still life by Giorgio Morandi, dating back to 1959. This painting alone is worth the trip to La Boca. Also included here is one of Gillian Wearing's photographs from the series Signs that say what you want them to say and not signs that say what someone else wants you to say. The young man photographed by Wearing, he belongs to the group of the so-called Young British Artists, carries a sign saying "I'm desperate" although his appearance doesn't seem to coincide with his innermost feelings.

    Then there are the Body and Mind categories. In the first, several 17th paintings of shapely young women, amongst others Susana and the elders, can be found, whereas in the second Marcel Duchamp's fountain, his most famous readymade, dating back to 1917, is exhibited next to an early 17th century painting of a meditating Saint Hieronymus. The category Life is also as varied and ranges from a video of the British artist duo Gilbert and George as Singing sculpture to Ernesto Neto's ceiling installation made up of several pairs of tights, the feet filled with spices, amongst others cloves. Then there is Death and works here include Tiepolo's Martyrdom of St. John the Baptist, a painting dating back to ca. 1743 and Jeff Wall's huge picture of a Jewish cemetery (1980), to mention just a few.

    Last but not least, Love and Hate: categories without which there would be nothing really. Love has many faces, ranging from the physical to the spiritual and the unconditional, for example love towards a child or God with saint Cristina, handing alms to the poor (a painting dating back to ca. 1580 and attributed to the studio of Veronese). Hate is probably best represented by Boccaccino, the theme of his early 16th century painting is fratricide, Cain killing his brother Abel (c. 1505).

    As can be concluded from the information above, this show does include quite a few famous names from both older and contemporary art history. It thus provides an excellent opportunity to see some outstanding works of art, quite a few of which were shown at the Venice Biennale for example, in an original presentation that offers a lot of scope for new visions and thoughts.

    An informative catalogue has been published to coincide with the exhibition. Copies are available in Proa's well stocked bookshop.

    For more information, please also see www.proa.org

    El tiempo del arte (The Time of Art), until the beginning of January 2010, Fundación Proa, Avenida Pedro de Mendoza 1929 (next to Caminito). Opening hours: Tuesday to Sunday 11-19 (Fee $10 pesos, with various discounts)

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  • Título: ''El tiempo del arte'', cien obras maestras del siglo XVI al XXI
    Autor: Mercedes Prez Bergliafa
    Fecha: 03/10/2009
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    En Fundación PROA se exhiben obras de destacados artistas, desde pintura hasta fotografía y video

              Como si viniésemos del futuro, del año 2500, así hay que mirar la muestra de arte que se acaba de inaugurar en Fundación Proa. Al menos, eso es lo que quiere que haga el público el curador italiano de la exposición, il signore Giacinto Di Pietrantonio. Porque este señor quiere que la gente intente recorrer la exposición contemplando de la misma manera tanto pinturas muy antiguas, del S XVI, como esculturas ultramodernas creadas en el siglo XXI. Y para eso haría falta observarlas como si existiera mucha distancia temporal entre nosotros y la época de creación de estas obras, para que ella nos saque los prejuicios de encima. Por eso, Di Pietrantonio quiere que hagamos de cuenta que somos seres que venimos del 2500 y miramos 900 o 500 años hacia atrás. Por eso, pongámonos los cascos de una vez, e internémonos en Proa, a ver de qué se trata todo esto.



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  • Título: Dilogo de artistas ms all del tiempo
    Autor: Ana Mara Battistozzi
    Fecha: 03/10/2009
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    Buenos Aires recibe como una novedad una muestra que irrumpe en el sistema de diseño museológico y apunta a movilizar el pasado desde los intereses del presente.


    La historia de las imágenes es una historia de objetos anacrónicos, que sobreviven a quienes los producen y a quienes los consumen, que encierran largas duraciones y tiempos superpuestos. Comprender su multiplicidad requiere una actitud flexible, capaz de moverse sin prejuicios. En términos generales es lo que sugiere George Didi-Huberman y desarrolla en su libro Ante el tiempo, Historia del arte y anacronismo, una reflexión que sale al rescate del anacronismo como medio de acceder a la fecunda encrucijada de dimensiones temporales que habita el mundo de las imágenes y, en varios sentidos, tiene que ver con la exhibición que llegó en estos días a la Fundación Proa.

    Así, no es mera casualidad que esta exhibición, que reúne en un mismo escenario obras de los siglos XVI al XXI, procedentes de la Gallería de Arte Moderna y Contemporánea, la Academia de Carrara y colecciones de este país, lleve por título El tiempo del arte, como si esta dimensión tuviera una cualidad específica y distintiva en este ámbito. Tampoco es extraño que entre los varios textos de su catálogo se haya incluido el primer capítulo del libro de Didi-Huberman, que apareció en Francia en el 2000 y en Buenos Aires en 2006. Es que en los hechos esta muestra coincide con este autor en revisar los rigurosos conceptos de linealidad, sucesión de estilos y escuelas en torno de los cuales no sólo se construyó la historia del arte sino también el diseño de los museos.

    ¿No nos hemos cansado de recorrerlos, aquí y en el resto del mundo, en una deriva que invariablemente nos llevó de la sala de Escuela Italiana del siglo XV a la de Manierismo y luego a la de Barroco para saltar luego a la de Rococó y luego a la escuela del paisaje holandés, inglés y francés de los siglos XVIII y XIX? Y una vez llegado a este punto, debíamos cambiar de institución si queríamos avanzar con las producciones del siglo XX y XI. Ni hablar de mezclar obras de distintos momentos como ocurre en esta muestra o, como hizo también la reciente intervención de la colección del MUSAC en el Museo de Bellas Artes, y también Artempo, Academia e Infinitum, la trilogía de exquisitas exhibiciones que organizó el coleccionista y anticuario belga Axel Vervoordt, y se pudieron ver en el Palazzo Fortuny durante las dos últimas ediciones de la Bienal de Venecia.

    Que el arte contiene una singularidad temporal, que no se corresponde con ordenamientos cronológicos externos, es algo que salta a la vista con sólo pensar en la literatura de Proust, de Joyce o detenerse ante "La limosna de Santa Cristina", la obra salida del taller del Veronese que integra esta muestra. En ella se superponen una representación cortesana del siglo XVI de un relato piadoso de comienzos del cristianismo, que a su vez contiene vestigios de la antigüedad clásica. Ahora bien, ¿es posible detectar una confluencia similar en el caso de la "Naturaleza muerta", de 1959, de Giorgio Morandi, otra de las obras aquí presentes? Seguramente no. ¿Como no mencionar la significativa suspensión del tiempo que opera la obra de este artista?

    La diferencia entre uno y otro es evidente, pero son este tipo de encuentros los que hacen posible la evidencia. En ese sentido es muy cierto el carácter único de la oportunidad que facilita Proa al poner en contacto al público porteño con obras de Tintoretto, Tiépolo, Velázquez y Joel Meter Witkins, Christo, William Wearing y León Ferrari. Pero no sólo por el acercamiento a las grandes figuras de la historia del arte que propone sino por la posibilidad de una experiencia claramente radicada en el presente, que orienta la selección de un determinado pasado.

    Concebida por el curador italiano Giacinto di Pietrantonio, la idea de la muestra surgió en 1997 de un curso que dictó en la Academia de Brera de Milán que se llamó Exposición Universal. El propósito era vincular a artistas de diversas épocas para demostrar que el arte se mantiene en conexión desde distintos tiempos. Aquí propuso seguir ese principio a partir de varios tópicos que dan cuenta de esa permanencia y ordenar la exhibición en capítulos: el Poder, lo Cotidiano, el Cuerpo, la Mente, la Vida, la Muerte el Amor y el Odio, todas cuestiones que han atravesado a los seres humanos desde que el mundo es mundo.

    Así, de entrada, lo primero que enfrenta el espectador es el capítulo del Poder donde emerge el hongo nuclear negro, uno de los poliuretanos de Ferrari de 2007. Presencia inquietante de gran contemporaneidad flanqueada por un retrato de Inocencio X, el papa asociado a Velázquez que ha sido a su vez motivo de relecturas de otros artistas. Y también un dibujo del proyecto de Envolver el Reichstag de Berlín, que Christo y Jean Claude realizaron en 1995. Todo en la vecindad de una intervención del artista Diego Perrone sobre cien retratos del poder realizados por Tiziano, Holbeim, entre otros grandes maestros de la historia que muestra en una pared cercana un inmenso colage de Julian Schnabel y un democrático conde Giovanni Secco que aun en segundo plano, permite a su siervo que ingrese al trascendente mundo de los retratados.

    El Cuerpo es de los capítulos que más conmueven. Como ocurría en Artempo con el encuentro de Bacon y Hans Bellmer, aquí es Margherita Manzelli, quien trae a escena la sombría visión de una joven anoréxica. Su visión, sin duda es más próxima a nuestro tiempo que aquellas deformaciones que urdió Bacon en la posguerra. El tiempo del arte irrumpe en el sistema de diseño museológico y curatorial, una suerte de tendencia contemporánea que apunta a movilizar el pasado desde los intereses del presente. De ella han participado también las mencionadas Artempo e Infinitum. El impacto en cada caso depende de la importancia del material disponible. Irreverentes y movilizadoras estas exhibiciones se plantan ante el desafío de aportar novedad desde el lugar de una erudición histórica precisa y necesaria, pero jamás anquilosada.

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  • Título: El tiempo del Arte
    Autor: Vuenosairez.com
    Fecha: 02/10/2009
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    A partir del sábado 19 de septiembre y hasta el domingo 3 de enero de 2010, Fundación PROA presenta la exhibición "El tiempo del Arte": obras maestras del Siglo XVI al XXI.

    Curada por Giacinto Di Pietrantonio, destacado curador, profesor de arte y Director de la GAMeC, (Galleria d'Arte Moderna e Contemporanea di Bergamo), la muestra El Tiempo del Arte propone en más de 100 obras, un recorrido por cinco siglos de imágenes trascendentales de la historia del arte.

    PROA sitio web (http://www.proa.org/)

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  • Título: Largo derrotero
    Autor: Albino Dieguez Videla
    Fecha: 28/09/2009
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    La muestra "El tiempo del arte", que reúne más de cien obras que atraviesan varios siglos de la historia del arte se exhibe en la Fundación Proa.

    La exhibición va del siglo XVI al XXI, en un recorrido que llega al presente a través de la mirada del curador Giacinto Di Pietrantonio, quien propone visitar la historia a través del diálogo entre antigedad, modernidad y contemporaneidad.

    Esta muestra presenta obras cumbres de la historia del arte y cuenta con el patrimonio destacado de la Accademia Carrara y la Galeria de Arte Moderna y Contemporánea de Bergamo (GAMEC).

    "El tiempo del Arte está dividida en ocho núcleos temáticos, que dan cuenta de la problemática humana a través de las imágenes de la historia a lo largo del tiempo: poder, cotidiano, vida, muerte, mente, cuerpo, amor y odio.

    En cada uno de los núcleos se pueden ver obras antiguas en diálogo con obras modernas y actuales: la fotografía y la pintura, el video, la instalación, las diversas disciplinas artísticas junto a los destacados retratos de personajes célebres.

    Desde una lectura contemporánea, Giacinto Di Pietrantonio propone un universo de posibilidades, imágenes y discursos para reflexionar sobre los grandes temas de la humanidad.

    Obras de artistas como Agostino Carraci, Tiépolo, Velásquez, Piero Paoloni, Joseph Kosuth, Morandi, Leon Ferrari, Helio Oiticica, Gilbert & George, De Chirico y Jeff Wall integran la muestra, abierta hasta el 4 de enero de 2010.eb Pedro de Mendoza 1929.



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  • Título: El tiempo del Arte
    Autor: Melitha Blasco
    Fecha: 28/09/2009
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    El Tiempo del Arte es el nombre de una exposición de obras maestras del siglo XVI al siglo XXI que se está llevando a cabo actualmente hasta el mes de enero del 2010 en la Fundación Proa en el Barrio de La Boca. Está auspiciada por la Galería de Arte Moderno y Contemporáneo de Bergamo,Italia, con el antiguo patrimonio cedido por la Academia de Carrara, Italia.

    La exibición es una profunda reflexión sobre el valor de las imágenes a través del tiempo. Su Curador es Giacinto di Pietrantonio. La exposición propone un diálogo que atraviesa cinco siglos de historia del arte, permitiendo reflexionar sobre los grandes conceptos que afligen al hombre: El poder, lo cotidiano, la mente, el cuerpo, la vida, la muerte, el amor y el odio.
    Se puede apreciar el diálogo entre el retrato del Papa Inocencio X, de Velazquez, junto al Hongo Nuclear de Leon Ferrari (2007). Como estas imágenes enfrentadas encontrarás otras muchas, uniendo el mismo tema en pasado y presente de diferentes artistas de distintas épocas de la historia. Espero la disfruten.

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  • Título: El tiempo del Arte
    Autor:
    Fecha: 23/09/2009
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    Ver nota original (Revista 90+10)

    Hasta el domingo 3 de enero de 2010, Fundación PROA presenta la exhibición El tiempo del Arte. Obras maestras del S. XVI al S. XXI, con el apoyo de la Embajada de Italia en Argentina y el Instituto Italiano de Cultura de Buenos Aires, y el auspicio de Tenaris-Organización Techint.

    El tiempo del Arte. Obras maestras del S. XVI al S. XXI - Fundación PROA

    La muestra, curada por Giacinto Di Pietrantonio, propone con más de 100 obras, un recorrido por cinco siglos de imágenes trascendentales de la historia del arte, organizadas en ocho núcleos que refieren a los temas universales del hombre: Poder, Cotidiano/Vida, Muerte/Cuerpo, Mente/Amor y Odio. En cada uno de estos grupos, las obras dan cuenta del modo en que los artistas crearon conceptos e imágenes que nos permiten vincular el pasado y el presente.

    Partiendo del 1500, obras de Tintoretto, il Veronese, Tiépolo, junto a las de Kosuth, De Chirico, Jeff Wall, Morandi, León Ferrari, Velázquez y muchos otros destacados artistas, se podrán ver en esta exhibición en un diálogo novedoso y audaz.

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  • Título: El tiempo del arte en Fundacin Proa
    Autor: Arte al da
    Fecha: 22/09/2009
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    Tiempo del Arte propone en más de 100 obras, un recorrido por cinco siglos de imágenes trascendentales de la historia del arte

    A partir del sábado 19 de septiembre y hasta el domingo 3 de enero de 2010, FUNDACION PROA presenta la exhibición El tiempo del Arte . Obras maestras del Siglo XVI al XXI.
    Curada por Giacinto Di Pietrantonio, destacado curador, profesor de arte y Director de la GAMeC, (Galleria d'Arte Moderna e Contemporanea di Bergamo), la muestra El Tiempo del Arte propone en más de 100 obras, un recorrido por cinco siglos de imágenes trascendentales de la historia del arte.
    La propuesta curatorial organiza la exhibición en ocho núcleos que refieren a los temas universales del hombre: Poder, Cotidiano/ Vida, Muerte/Cuerpo, Mente/Amor, Odio. En cada uno de estos grupos, las obras dan cuenta del modo en que los artistas crearon conceptos e imágenes que nos permiten vincular el pasado y el presente.
    Partiendo del 1500, obras de Tintoretto, il Veronese, Tiépolo, junto a las de Kosuth, De Chirico, Jeff Wall, Morandi, León Ferrari, Velázquez y muchos otros destacados artistas, se podrán ver en esta exhibición en un diálogo novedoso y audaz.

    Inauguración general Sábado 19-9-09 / 18:30 hs

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    Fundación PROA
    Av. Pedro de Mendoza 1929
    La Boca, Buenos Aires
    4104 1000
    www.proa.org
    -
    Horario
    Martes a domingo de 11 a 19 hrs.
    Lunes cerrado
    -
    Admisión general $10 /
    estudiantes $6 / jubilados $3
    -
    Visitas Guiadas
    Informes: 4104 1041
    educacion@proa.org



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  • Título: "El tiempo del arte", cien obras maestras del siglo XVI al XXI
    Autor: Mercedes Prez Bergliaffa
    Fecha: 22/09/2009
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    Ver nota original (Diario Clarn)

    En Fundación PROA se exhiben obras de destacados artistas, desde pintura hasta fotografía y video.

    COLLAGE DA FORI. UNA DE LAS OBRAS QUE SE PUEDEN VER EN LA MUESTRA, DEL ARTISTA JIRI KOLAR.

    Como si viniésemos del futuro, del año 2500, así hay que mirar la muestra de arte que se acaba de inaugurar en Fundación Proa. Al menos, eso es lo que quiere que haga el público el curador italiano de la exposición, il signore Giacinto Di Pietrantonio. Porque este señor quiere que la gente intente recorrer la exposición contemplando de la misma manera tanto pinturas muy antiguas, del S XVI, como esculturas ultramodernas creadas en el siglo XXI. Y para eso haría falta observarlas como si existiera mucha distancia temporal entre nosotros y la época de creación de estas obras, para que ella nos saque los prejuicios de encima. Por eso, Di Pietrantonio quiere que hagamos de cuenta que somos seres que venimos del 2500 y miramos 900 o 500 años hacia atrás. Por eso, pongámonos los cascos de una vez, e internémonos en Proa, a ver de qué se trata todo esto.

    Y la verdad es que ésta es una muestra en la que hay de todo; desde esculturas de vírgenes amarillo fluorescente hasta pinturas italianas antiguas, venecianas, de la época de los Dogos; desde una cocina con extrañas hornallas, obra de la artista alemana feminista Rosemarie Trockel, hasta el increíble óleo del mismísimo Velázquez, pintado en el S VXII.

    Pero, ¿qué es todo esto, un mejunje?, nos preguntamos. No, nos contestaría el curador. Las obras fueron seleccionadas así para que nosotros nos forcemos a mirar de otra manera.

    Justamente, uno, como público, puede elegir observar esta exhibición de dos formas: una más simple, que es sencillamente disfrutando de cada obra en sí (hay expuestos verdaderos tesoros de la historia del arte europeo que muy rara vez llegan a Buenos Aires); o una un poco más compleja, que es aceptando el desafío del curador de intentar cambiar la mirada.

    Elijamos una o la otra, es necesario saber que la muestra está organizada en torno a cuatro núcleos, cuatro combos temáticos bien fuertes, que son "El poder y lo cotidiano", "El cuerpo y la mente", "La vida y la muerte" y "El amor y el odio".

    "Con esta muestra hablamos de aquello que indaga, con las formas y las imágenes, al poder, lo cotidiano, la mente, el cuerpo, el odio, el amor, la vida, la muerte", explica en el catálogo de la exposición el curador. "Porque buscamos estabilidad, certezas, universalidad, sobre todo en un momento como éste, en el que lo incierto, la precariedad y la crisis se han apoderado del mundo."

    Las obras que se exhiben ahora en Proa son de artistas del siglo XVI en adelante, muy reconocidos internacionalmente. Menciono algunas obras y nombres claves, que no habría que perderse (es probable que para verlos otra vez haya que viajar a Europa o a Estados Unidos, casi nunca vienen estas obras a Sudamérica): la foto del canadiense contemporáneo Jeff Wall; el óleo del 1700 de Luca Carlevarijs (el creador de las escuelas venecianas de pintura); el "Retrato de Gerolamo Venier" del Tintoretto, de 1580; la obra de Anselm Kieffer; el dibujo de 1960 de Cy Twombly; el "Vanitas" de la pintora Victoria di Sajonia, hija de la Reina Victoria de Inglaterra y mujer del emperador de Prusia Federico III.

    En fin: toda la muestra es imperdible, y representa una fusión de gigantes, porque es el resultado de esfuerzos transoceánicos conjuntos, llevados a cabo por la Accademia Carrara de Bérgamo, en Italia (creada a mediados del 1700 con obras de esa época); de la GAMeC (Galleria d Arte Moderna e Contemporanea), también de Bergamo; y de nuestra local Fundación Proa, todas instituciones que prestan obras, curadores y espacios para esta inusual muestra.

    Agende las fechas, que no hay que dejarla pasar: comenzó este fin de semana y se puede visitar hasta principios de enero.

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  • Título: En Proa se recorre el tiempo
    Autor: Alicia de Arteaga
    Fecha: 22/09/2009
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    Veronese, Tiziano, Kieffer, Macchi, Ferrari, Kuitca, Neto y Testa, ¿juntos en la misma sala? Sí. "El tiempo ignora las fronteras temporales y geográficas", dice el curador Giacinto de Pietrantonio, que ha volado de Bergamo a Buenos Aires para montar la muestra "El tiempo del arte", en las salas de Proa hasta el 3 de enero de 2010. La nueva sede de La Boca, ampliada bajo la batuta del arquitecto milanés Bepe Caruso, luce en todo su esplendor. Es sábado por la noche y "una corta brisa ecuestre", diría Lorca, cruza la terraza llena de gente, con vista al puente transbordador.

    Paolo Rocca, número uno de Tenaris, auspiciante de la muestra y de la institución, ha sido el gran impulsor de este encuentro entre las colecciones de la Academia Carrara y la Galería de Arte Contemporáneo de Bergamo, con arte latinoamericano actual procedente de las colecciones del Malba, Vergez, Liprandi y Guglielmino, entre otras.

    Detrás de la escena, pero moviendo con eficacia todos los hilos, ha estado Adriana Rosenberg, presidenta de Proa. Sonriente, recibe los halagos de la crítica y del público mientras sube por la escalera de pino oregón empinada en sus altísimos tacos de Ferragamo.

    Pietrantonio hilvanó la recorrida, que va del retrato del papa Inocencio X de Velázquez hasta el corazón encendido de Sergio Avello, con la obra del conceptual Ben Vautier (Nápoles 1935).

    Esos textos corrosivos ("El poder ama mirarse en su propio espejo", "Tengo el derecho de ser malo") van tejiendo una trama verosímil entre vida cotidiana, cuerpo, amor, mente, poder, odio y muerte. Los módulos son excusas para reunir en un corpus muy singular obras de arte que no tienen nada que ver entre sí, pero que en su excluyente permanencia justifican la reflexión del historiador Didi-Huberman en el prólogo del catálogo: "Ante una imagen tenemos humildemente que reconocer que probablemente ella nos sobrevivirá; que ante ella somos el elemento frágil, el elemento de paso. Que ante nosotros esa imagen es el futuro: tiene más memoria y porvenir que el ser que la mira".



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  • Título: El tiempo del arte
    Autor:
    Fecha: 21/09/2009
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    Ver nota original (Arte al da)

    “El tiempo del arte” reúne un conjunto de más de cien obras que atraviesan varios siglos de la historia del arte. Partiendo del Siglo XVI y hasta el Siglo XXI, arribamos al presente a través de la mirada del curador Giacinto Di Pietrantonio, quien nos propone visitar la historia a través del diálogo entre antigüedad, modernidad y contemporaneidad.
    Esta exhibición, que presenta obras cumbres de la historia del arte, cuenta con el patrimonio destacado de la Accademia Carrara y la GAMEC, Galeria de Arte Moderna y Contemporánea de Bergamo.
    “El tiempo del Arte” está dividida en 8 núcleos temáticos, que dan cuenta de la problemática humana a través de las imágenes de la historia a lo largo del tiempo.
    Poder /Cotidiano / Vida /Muerte / Mente / Cuerpo / Amor / Odio
    En cada uno de los núcleos se pueden ver obras antiguas en diálogo con obras modernas y actuales. La fotografía y la pintura, el video, la instalación, las diversas disciplinas artísticas junto a los destacados retratos de personajes célebres, dan vida a esta exposición.
    Desde una lectura contemporánea, Giacinto Di Pietrantonio nos propone un universo de posibilidades, reflexiones, imágenes y discursos, para reflexionar sobre los grandes temas de la humanidad.
    El curador, resume parte de la muestra en uno de los textos curatoriales: “…He aquí, sin embargo, que quisiera asegurarles que nuestra Exposición … trata de temas universales a través de obras de arte desde el siglo XVII hasta llegar a nuestros días….
    He aquí entonces que hablamos de lo representado y de lo presentado, de aquello que indaga, con las formas y las imágenes, al poder, lo cotidiano, la mente, el cuerpo, el odio, el amor, la vida, la muerte, universales en una copresencia de tiempo, espacio y contenido. ”
    “El tiempo del arte” se inscribe en la tradición y revisión del tiempo en la historia del arte a través de la supervivencia del Museo. Artistas notables como Agostino Carraci, Tiépolo, Velásquez, Piero Paoloni, Joseph Kosuth, Morandi, Leon Ferrari, Helio Oiticica, Gilbert & George, De Chirico y Jeff Wall son algunos de los artistas presentes, organizando una propuesta expositiva inédita hasta el presente.

    Curador: Giancinto Di Pietrantonio

    Organización: Accademia Carrara, Bergamo. Gamec, Bergamo, Fundación Proa, Argentina

    Diseño expositivo: Caruso - Torricela

    Consultora invitada: Mercedes Casanegra

    Asistencia y producción: Sara Fumagalli, Bruna Roccasalva, Camila Jurado y Aimé Iglesias Lukin



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  • Título: Muestra de Proa prueba que el arte es siempre contemporneo
    Autor: Ana Martnez Quijano
    Fecha: 21/09/2009
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    Ver nota original (Diario Ambito Financiero)

    Con más de 100 obras, la muestra «El tiempo del arte» que acaba de inaugurar la Fundación Proa, presenta a algunos grandes maestros de la historia del arte como Tiepolo, Tintoretto y Veronese, junto a los modernos Morandi y De Chirico, que se suman a varios artistas contemporáneos de los más diversos lugares del mundo, como Kosuth, Guillermo Kuitca o Julian Schnabel.

    Para la exhibición porteña, el curador, Giacinto Di Pietrantonio, director de la Galería de Arte Moderno y Contemporáneo de Bérgamo (GAMeC), logró reunir las obras de esta institución con gran parte del patrimonio de la histórica Academia Carrara, también de Bergamo. Una circunstancia fortuita -sumada a los patrocinios de Techint y algunas instituciones de Italia- favoreció el proyecto: la Academia está cerrada en estos meses por refacciones.

    Aunque hay nombres cruciales que integran la exposición para la historia del arte, la verdadera importancia de la muestra consiste en su planteo teórico innovador, que trasciende la importancia de las obras. La exhibición de Proa abre un nuevo rumbo para ver y analizar el arte, viene a reivindicar obras -como las maternidades renacentistas o del barroco- que hasta ayer no se incluían en las muestras contemporáneas, porque se consideraban anacrónicas o anticuadas.

    Al mirar las instituciones del arte en retrospectiva, se debe tener en cuenta que antes de que surgieran los grandes museos de la modernidad, las posesiones se acumulaban sin límite en un prodigioso mix. Después llegaron los especialistas a catalogar esos tesoros con un criterio taxonómico, y las separaron según fuera su territorio de origen, su técnica o escuela particular, entre otras cualidades como la época a la cual pertenecían. A pesar de que la historia del arte no es lineal, los museos de la modernidad y también las exposiciones, se concibieron con un esquema jerárquico que perdura hasta hoy. Durante el recorrido que va del siglo XVI al XXI. Di Pietrantonio explica: «Soy profesor de historia del arte en la Academia de Brera, y siempre hago comparaciones entre las obras de la antigüedad y las contemporáneas. Creo que todo arte es contemporáneo, y así nace esta muestra, que trata de unir el espíritu actual de la GAMeC y el antiguo de la pinacoteca de la Academia».

    Di Pietrantonio cita las fuentes que lo inspiran, antes que nada, el libro «Ante el tiempo», de Georges Didi Huberman (publicado en la Argentina por Adriana Hidalgo), texto que indaga la dimensión de las imágenes a través del tiempo, y que cuestiona qué hay de nuevo en lo arcaico y qué hay de antiguo en lo moderno o contemporáneo. Además, el curador reconoce que le gustaron las muestras «Artempo» y su continuación, «Infinitum», presentadas en el palacio Fortuni durante las últimas bienales de Venecia. Allí, en alegre montón, dialogaban objetos decorativos, muebles y un gabinete de ciencia, con el arte de todos los tiempos, como una escultura egipcia creada hace 5.000 años, junto a las pinturas de Picasso y un video de Bill Viola.

    Lo cierto es que Di Pietrantonio es un curador creativo, se sirve de las nuevas tecnologías y utiliza chat, e-mail, SMS y Facebook. Cuenta que para presentar un amplio mosaico de opiniones en el catálogo, envió algunas preguntas a sus contactos del correo electrónico sobre los temas de la exposición, y que publicó las respuestas.

    La muestra trata sobre las cuestiones esenciales de la vida, como el amor, el odio, la muerte, que por su condición básica, facilitan la comprensión de un complejo punto de su vista que afirma que el tiempo transcurre de un modo especial para el arte.

    El resultado es que la imagen de San José con el niño Jesús en sus brazos pintada en el 1700 por Bazzani, al igual que el retrato de un niño -una pintura del siglo XVII atribuida a Velázquez-, representativos del amor y la ternura por excelencia, están junto a «El beso», dos círculos que se tocan en un punto, que es la visión conceptual que tiene del amor Jorge Macchi. La serie amorosa incluye la caridad, con «La limosna de Santa Cristina», una genuina pintura de Veronese, y la alegría que depara el amor, con un corazón neo pop verde, con lamparitas que se encienden y se apagan, de Sergio Avello.

    Hay una obra significativa de Kiefer, una torre de libros, papeles y anotaciones, que representan el amor al conocimiento; a su lado cuelgan los collages de la contemporánea Jiri Kolàr, que interviene la imagen del amor sensual al repintar la «Maja desnuda» de Goya; está también el amor homosexual de Pierre Klossowsy, y una obra de Ben Vautier, donde se lee: «I am lost». «Estoy perdido de amor», observa el curador, que eligió los elocuentes mensajes de Vautier, que con su brillante ingenio, atraviesan toda la muestra.

    El sector del «Poder» es el más intenso. Uno de los retratos del Papa Inocencio X que pintó Velázquez (copia del original que el artista reiteró varias veces) lo dice todo acerca del ejercicio de la autoridad. Refleja el carácter áspero de un personaje que amaba el arte a pesar de su difícil temperamento. A lo largo de la historia, los sentimientos que transmite el retrato sedujeron a muchos pintores, como Bacon, que realizó varias versiones. El significado de la obra se acrecienta con las miradas que a través de los siglos le ha dedicado la humanidad, confirma las teorías sobre el tiempo dilatado del arte.

    El capítulo dedicado a la «Mente» se abre con el mingitorio de Duchamp y se cierra con una Vanitas de Pietro Paolini del siglo XVII, donde una calavera y unos libros inducen a reflexionar sobre las cuestiones que de verdad importan cuando llega la muerte. «El martirio de San Juan el Bautista» de Tiepolo, una obra pequeña, dramática y fascinante, domina el sector destinado a la «Muerte», junto al retrato de la bellísima «Marilyn» con unas líneas de cocaína, del brasileño Hélio Oiticica, un macabro dibujo de «La peste en Venecia» de Clorindo Testa y una violenta foto de Oscar Bony acribillado.

    Con la estructura de un rizoma, la exposición se extiende sin esfuerzo hacia el arte argentino y latinoamericano contemporáneo, que ha pasado a ocupar un lugar destacado. Para comenzar, en el ingreso a la sala donde se enfrentan el «Amor» y el «Odio», hay un cuadro de la emotiva serie «Siete últimas canciones» de Kuitca, y en el ángulo del fondo se divisa el avión bombardero de León Ferrari.

    El área destinada a lo «Cotidiano» alberga la atractiva fotografía tomada por Gillian Wearing, de un broker rubio con elegante traje oscuro. El personaje sostiene un cartel entre sus manos donde se lee: «Im desperate», mientras mira la cámara con cierta complicidad. La imagen se llama «Signos que dicen lo que tu quieres que digan y no signos que dicen lo que otros quieren que digas».

    Al finalizar el texto del catálogo, el curador señala que ha tratado de entrecruzar saberes en la sociedad de la escritura hipertextual, donde -asegura- una nueva multitud está reescribiendo los significados.

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  • Título: Buenos Aires se embellece con el arte que llega desde Italia
    Autor: Judith Savloff
    Fecha: 21/09/2009
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    Fundación Proa exhibe más de cien piezas creadas entre el siglo XVI y hoy, desde pinturas del Veronés hasta Duchamp y León Ferrari. La exposición incluyó una encuesta sobre el amor hecha por SMS y otra sobre el poder, por Facebook. El Centro Cultural Borges propone trabajos de 34 creadores actuales.

    Los efectos del tiempo son curiosos. Perversos. Pueden llevar a distinguir entre aberraciones, por ejemplo ¿hay buenas y malas decapitaciones?, ¿lindas y feas?

    En el sector dedicado al Cuerpo en la muestra “El tiempo del arte. Obras maestras del siglo XVI al XXI” que se exhibe en Fundación Proa, David, representado como un héroe clásico iluminado, de músculos equilibrados y rostro piadoso, sostiene la enorme cabeza que acaba de arrancarle a Goliat en la espectacular pintura que Giovanni Antonio Galli, llamado Spadarino, pintó cerca de 1650.

    Es una representación de una escena bíblica. Es una versión fundacional de la lucha entre el bien y el mal. Son luces magnificadas, con siglos de acción pedagógica, que brotan de una profunda oscuridad. Pero principalmente el cuadro muestra, en un apartado que invita a reflexionar sobre el Cuerpo, una decapitación. ¿Qué se siente? ¿Dolor? Tal vez, si uno imagina al rey de Francia diciendo “Monsieur Géricault, su naufragio –por la sublime pintura La balsa de la Medusa– no es ciertamente ningún desastre”, aparezca cierta incomodidad. Pero en principio prima el recuerdo del mito, de otras imágenes sobre el mito, biombos, distancia.

    Al lado de David y Goliat, un díptico digital de Roberto Cuoghi, Sin título, de 2009, muestra dos torsos también decapitados. Las mandíbulas destrozadas salpicando sangre. Una boca sin la mitad de los dientes. Un fragmento de oreja por el que asoma una cuchilla. Sus trajes negros. Sus cuellos blancos que se deshojan como flores marchitas.

    Las dos obras, de la Spadarino y la de Coughi, son claramente artificiosas. Contrastan explícitamente representación realista y fantasía. Es más, la de Coughi incluye trazos grises que evocan las formas amputadas. Sin embargo, esa, la más ilusoria y joven, la menos narrativa, explicable, argumentable, la que no está envuelta con moñito para enseñar valores y disvalores, es la que más repele, la que espanta, la que duele.

    Tal vez la diferencia de efectos se deba sencillamente a que una pieza es más potente que la otra. Seguro influye que una apele a vestirse de hermosura y la otra de abyección. ¿Pero no será también que la familiaridad con la iconografía y con la historia de David y Goliat, cierta utilidad de ese relato en el que el pequeño aniquila al gigante, cierta constatación de que siempre fue así y de que así se hace, ayudan a saltear la decapitación, a mirar para otros lados?

    Los efectos del tiempo son efectivamente curiosos. Perversos. ¿Despabiladores? Dudosos. Y deesos y otros efectos del tiempo en el arte y en la vida se trata esta exposición, organizada por la Galería de Arte Moderno y Contemporáneo de Bérgamo (GAMeC).

    Clásicos sobre clásicos. La muestra incluye el Retrato de Gerolamo Venier –noble veneciano– que Tintoretto pintó en 1580. Una naturaleza muerta que Giorgio Morandi realizó en 1959. El óleo Piazza d’Italia que Giorgio de Chirico creó en 1964. Incluye más de cien obras creadas por maestros y grandes artistas de Italia, de Argentina, de buena parte del planeta, durante los últimos quinientos años.

    “La exposición se vale del arte de calidad de diferentes épocas para poner el acento en cuestiones de siempre”, explica Giacinto Di Pietrantonio, director de la GAMeC, profesor de la Academia de Brera en Milán y curador.
    El acento está puesto en Cuerpo/Mente, Poder/Cotidiano, Vida/Muerte y Amor/Odio. No en cuándo y dónde nació el artista, su escuela o su estilo o el punto de la línea de tiempo en el cual se inserta.

    Por eso, en el sector dedicado al Poder, el que abre la exhibición, una copia del retrato del autoritarísimo papa Inocencio X realizado por Velázquez en 1650 se expone junto con una estructura de caños pintados y madera lista para atravesar: Arco de Triunfo para uso personal creada en 2005 por Jimmie Durham, descendiente de cherokees, defensor de los derechos indígenas, nacido en Estados Unidos en 1940 y residente en Berlín.

    Se exponen también junto con la instalación cien cuadritos con reproducciones de retratos de monarcas, retratos famosos, retratos hechos por Tizziano o por Holbein, y retocados por el artista Diego Perrone para que sonrían en vez de asustar, y junto con la escultura Hongo nuclear negro (2007) de León Ferrari, luchador contra las crucifixiones, la tortura, los infiernos de la Sixtina o la última dictadura militar argentina.

    Velázquez pintó a Inocencio embellecido físicamente, absolutista y paranoico, cazador y presa. Se cuenta que cuando el Papa vio el cuadro dijo: “Demasiado real”. Si hubiera recibido el Arco de Triunfo para uso personal, ¿no le hubiera parecido lo mismo?

    Como escribió Ben Vautier (Italia, 1935), en francés, con letras cursivas sobre una tela negra con un espejito adosado “Al poder le gusta mirarse en el espejo”.

    A Vautier le dicen “Príncipe del ego” multicultural. “Todo es ego”, escribió en italiano en otra de sus “pinturas con texto”. ¿Y saben qué? El cuadrito número cien de la instalación de aristócratas felices es un autorretrato de Perrone, el artista.

    Hay dos pizarras Vautier en cada sector de la muestra. Di Pietrantonio las eligió como hilos conductores. No es difícil darse cuenta de por qué. Basta ver A vuestra voluntad, para el arte contemporáneo: una lámina oscura con un dibujito clásico y un platito para limosnas que Vautier realizó en 1991. Un puente entre clásicos y actuales, crítico, irónico, abierto.

    Teoría y Facebook. En Italia esta muestra se llamó “Exposición universal”. Di Pietrantonio escribió que en las exposiciones universales de fines del siglo XIX, en las que los países mostraban las novedades de la ciencia y de la técnica con estilos ligados al pasado, clasificables, dominables, nació un nuevo tipo de universalidad. “Una universalidad –escribió– hecha del Estado-nación y sus productos, en busca de una continua seguridad”.

    A fines del siglo XX, agregó el curador, nos aferramos al relativismo de Einstein, la filosofía de lo efímero de Nietzsche y Louis Aragon, la movilidad veloz de Paul Virilo o la liquidez de Zygmunt Bauman. “Pero todo eso se ha revelado insuficiente para organizar el caos crítico en el que hemos sido arrojados”, concluyó. “He aquí que, por eso, es necesario reencontrar valores compartidos, una ética universal, escenarios comunes que conduzcan a la nueva multitud a conformar una comunidad. Por eso hemos querido representar escenarios universales y exhibir obras que dan cuenta de ellos de diferentes maneras”.

    No sólo se refería a los trabajos de Tiépolo, Víctor Grippo, Helio Oiticica, Francis Alÿs y Jorge Macchi que pueblan la muestra. También hablaba de una “investigación creativa” que él realizó: Di Pietrantonio consultó a todos los contactos de su celular sobre el amor y el odio, a los de su chat sobre cuerpo y mente y a los de su Facebook sobre poder y cotidianidad. Y las respuestas, “La vida: una línea vertical. La muerte: una línea horizontal” o “El poder es aquello que hace ilusionar a quien no es nadie sobre que es alguien”, fueron colgadas entre las creaciones de Palma el Joven, Marcel Duchamp y Gilbert & George. “Usamos técnicas para producir sentido, decimos nosotros, o para banalizar, dirán otros (...) intentamos entrecruzar los saberes de una sociedad que no es tan sólo del espectáculo sino de la escritura hipertextual, donde hay una multitud reescribiendo significados”, explicó. Una multitud con distintos espacios y grados de visibilidad, entre ellos el museo.

    Montaje y desmontaje. Además de las obras y el guión curatorial, impresiona el montaje. Hay mucho distinto pero tan bien desplegado que no apabulla nunca; interpela.

    El espacio Cotidiano reúne, entre otras postales, la naturaleza muerta de Morandi con la foto de un ejecutivo inglés con un papel donde él mismo escribió “I’am desperate” (“Estoy desesperado”) cuando William Wearing (Gran Bretaña, 1963) lo paró en la calle y le preguntó cómo estaba.

    El sector dedicado a Mente invita a relacionar el retrato del naturalista Ulises Aldrovanti, que Agostino Carraci pintó a fines del siglo XVI con una instalación hecha por Mario Airo que recrea el escritorio de San Jerónimo, traductor de la Biblia, que pintó en 1474 Antonello Da Messina. Es una gran estructura de madera, con un globo terráqueo y una consola de DJ que reproduce “Satellite of Love”, la canción de Lou Reed.

    Cuerpo alberga también una flagelación de Cristo pintada por Palma el joven en la primera mitad del siglo XVII; la tétrica pintura de una chica anoréxica, muriéndose en una camilla, de Margherita Manzelli, titulada Las posibilidades son infinitas, y el aforismo de Vautier “Quiero desaparecer”, en francés.

    Vida y Muerte ocupan paredes opuestas. Entre ambas, del techo cuelgan decenas de cruces, estrellas de David, manos de Fátima. Demasiado doradas. Como baratijas críticas “elevadas”. En una pared se despliegan desde una dulce Madonna col Bambino pintada por Pánfilo en 1650 hasta un video de Gilbert & George, Esculturas cantantes (1972). En la otra, desde la plaza vacía de De Chirico hasta la foto intervenida Cementerio judío (1980) del canadiense Jeff Wall.

    Las piezas de Amor y Odio también se exponen enfrentadas. Sobre un muro, La limosna de Santa Cristina, pintada en 1580 por Paolo Caliari, más conocido como el Veronés, símbolo de la caridad cristiana. Sobre el otro, Lucha entre caballeros, de Francesco Simonini, el pintor top de las guerras en la Italia del siglo XVIII. Pero esos extremos se unen mediante la gran escultura Corazón verde con lamparitas (2006) de Sergio Avello y La civilización occidental y cristiana (1965), el cristo crucificado sobre un avión de guerra, de Ferrari.

    La muestra se podrá visitar en avenida Pedro de Mendoza 1929, de martes a domingos de 11 a 19, hasta enero de 2010. Entrada general 10 pesos.

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  • Título: Todo el arte es contemporneo
    Autor: Mercedes Urquiza
    Fecha: 21/09/2009
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    La Fundación PROA expone “El tiempo del arte. Obras maestras del s. XVI al s. XXI”, una muestra que propone un recorrido por la historia del arte a través del diálogo entre artistas antiguos, modernos y actuales, europeos y latinoamericanos, como pocas veces pudo verse: Tintoretto, Velázquez, De Chirico, Francis Alÿs, Gabriel Orozco, Jorge Macchi y Guillermo Kuitca, entre otros. Ciento seis obras exhibidas, en su mayoría, por convenio con la colección de la GAMeC de Bérgamo, Italia.

    Tres siglos. Retrato de Gerolamo Venier, de Tintoretto (1580); Todo es ego, de Ben Vautier (2007); y Una fiesta popular, de Job Berckheyde (1670). Los tres cuadros están exhibidos dentro del mismo núcleo temático, dedicado a los conceptos Poder-Cotidiano.

    Las grandes obras de arte no envejecen. El retrato de un Papa pintado en el lejano siglo XVI puede ser entendido hoy como una metáfora del poder absolutamente contemporánea. Mantiene la misma carga simbólica que hace siglos atrás, cuando los Papas solían marcar el destino de la humanidad. Para un espectador del siglo XXI, la figura de ese Papa remite inevitablemente a cualquiera de los íconos del poder de nuestros tiempos: políticos, empresarios, mafiosos. Cuando una obra es capaz de captar el espíritu de su época, la trasciende y se convierte en una materia universal y atemporal, capaz de encontrarse y dialogar con obras de cualquier momento histórico, con las que comparte el mismo aura.

    Esta es la hipótesis principal de El tiempo del arte. Obras maestras del s. XVI al s. XXI, una muestra que propone un singular recorrido por la historia del arte a través del diálogo entre artistas a priori tan disímiles (temporal y estéticamente) como Velásquez y León Ferrari. Inaugurada ayer en la sede de la Fundación PROA, en el barrio de La Boca, la muestra constituye un sorprendente relato que hilvana reflexiones acerca de una amplia paleta de temas universales a través de un conjunto de obras realizadas a lo largo de 500 años. Se trata de una selección extraordinaria, en la que se cuentan creadores como Tintoretto, Agostino Carraci, Tiépolo, Velázquez, Piero Paoloni, Joseph Kosuth, Gilbert & George, De Chirico, Jeff Wall, Katharina Fristsch, Francis Alÿs, Gabriel Orozco, Ernesto Neto, Víctor Grippo y Jorge Macchi, entre muchos otros.

    Como salta a la vista, en la muestra conviven grandes maestros del Renacimiento con creadores de última generación, y el gran mérito de la muestra es establecer un escenario conceptual en el que todos adquieren una condición contemporánea. Integrada por un conjunto de 106 obras, en su mayoría de la colección de la GAMeC (Academia Carrara de Bérgamo, Italia), pero también de colecciones privadas italianas y argentinas, la muestra plantea cuatro núcleos temáticos: Poder-Cotidiano, Cuerpo-Mente, Vida-Muerte y Amor-Odio. En cada uno de ellos se establecen distintos diálogos y contrastes entre obras que dan testimonio de las diferentes formas en que el arte ha reflexionado a lo largo del tiempo sobre temas inherentes a la condición humana.

    El proyecto de la exposición fue elaborado originalmente en Italia, donde también contaba con obras de la Edad Media que, por razones de conservación, no pudieron ser trasladadas a Buenos Aires. Al saltar el océano, para la versión argentina, se sumó una selección de obras de destacados artistas latinoamericanos que dotan al conjunto de una complejidad aún mayor. Así, la célebre obra La civilización occidental y cristiana, que León Ferrari realizó durante la Guerra de Vietnam, establece un contrapunto con una escena de batalla del siglo XVII de Francesco Simonini, y en ese vínculo se da cuenta de la manera de plasmar la tragedia de la guerra en la obra de dos artistas separados por casi tres siglos. Estas dos obras se encuentran dentro del impactante núcleo Amor-Odio, que marca el final del recorrido de una exposición que no pierde intensidad en ninguno de sus tramos y que está salpicada en todos sus eslabones por la ironía y el humor de las obras/comentarios del artista napolitano Ben Vautier.

    Otro atractivo de esta muestra es que se encarga de resaltar la figura del curador, un rol muchas veces sobreactuado y accesorio, pero que ostenta una categoría de elemento imprescindible en la escena del arte contemporáneo. En este caso, Giacinto Di Pietrantonio, director de la GAMeC, demuestra que un buen curador es, ante todo, un buen narrador. Alguien capaz de establecer un relato a partir de un conjunto de obras de arte, manejando factores como el ritmo, los conceptos y las intensidades en pos de una idea muy clara de lo que se quiere contar. El resultado es una muestra de altísima calidad, donde cada una de las muchas obras maestras que la integran no tiene sentido por sí sola sino como parte de un gran e intenso relato.

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  • Título: EL TIEMPO DEL ARTE EN PROA
    Autor: Mapa de las Artes
    Fecha: 19/09/2009
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    A partir de la segunda quincena de septiembre y hasta finales de diciembre del 2009, Fundación Proa, junto a la Galería de Arte Moderna y Contemporánea de Bérgamo, y con el apoyo de Tenaris, Organización Techint, presenta la exhibición “El tiempo del Arte”.

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  • Título: Muestra en Proa recorre varios siglos de la historia del arte
    Autor: Agencia Tlam
    Fecha: 18/09/2009
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    jueves 17 de septiembre, 1:39 PM

    Buenos Aires, 17 de septiembre (Télam).- La muestra "El tiempo del arte", que reúne más de cien obras que atraviesan varios siglos de la historia del arte, abrirá sus puertas al público desde el próximo domingo en Fundación Proa.

    La exhibición va del siglo XVI al XXI, en un recorrido que llega al presente a través de la mirada del curador Giacinto Di Pietrantonio, quien propone visitar la historia a través del diálogo entre antigüedad, modernidad y contemporaneidad.

    Esta muestra presenta obras cumbres de la historia del arte y cuenta con el patrimonio destacado de la Accademia Carrara y la Galeria de Arte Moderna y Contemporánea de Bergamo (GAMEC).

    "El tiempo del Arte" está dividida en ocho núcleos temáticos, que dan cuenta de la problemática humana a través de las imágenes de la historia a lo largo del tiempo: poder, cotidiano, vida, muerte, mente, cuerpo, amor y odio.

    En cada uno de los núcleos se pueden ver obras antiguas en diálogo con obras modernas y actuales: la fotografía y la pintura, el video, la instalación, las diversas disciplinas artísticas junto a los destacados retratos de personajes célebres.

    Desde una lectura contemporánea, Giacinto Di Pietrantonio propone un universo de posibilidades, imágenes y discursos para reflexionar sobre los grandes temas de la humanidad.

    Obras de artistas como Agostino Carraci, Tiépolo, Velásquez, Piero Paoloni, Joseph Kosuth, Morandi, Leon Ferrari, Helio Oiticica, Gilbert & George, De Chirico y Jeff Wall integran la muestra, abierta hasta el 4 de enero del 2010. (Télam).- mme-mc-gel17/09/2009 17:37



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