Daniel Durand y Matías Heer hablan de editorial Chapita
Entre los libros más vendidos de a Librería Proa, desde su apertura en noviembre de 2008, los de los sellos independientes argentinos están entre los más populares entre el público. Por eso, Proa convocó a Daniel Durand y Matías Heer a hablar su proyecto, editorial Chapita.
¿Cómo empezaron con la editorial?
Empezamos a hacer Del Diego en octubre de 1998 con algunos chicos como José Villa, Mario Varela y otros poetas que ahora tienen su propia editorial, como Damián Ríos de Interzona, Washington Cucurto de Eloísa Cartonera o Garamona de Mansalva. Todos ellos fueron autores de Del Diego, que duró hasta 2001, con libros hechos con tapas hechas en computadora y como no nos alcanzó más el presupuesto para hacerlo, y por razones políticas y económicas, dejamos de hacerlo. En total editamos más o menos 50 autores y con el tiempo se constituyó en la colección de poesía argentina más característica de los ´90, donde más autores de esa generación hay editados y son más conocidos. Y después nació Chapita.
¿Cómo conciben el proyecto Chapita?
Para nosotros, la función principal de la editorial es la difusión de la buena literatura y de la buena poesía. No tenemos una misión social ni política, porque creemos que editando buenos autores y haciendo buenos libros estamos cumpliendo con nuestra función. Nosotros queremos hacer los mejores libros que podemos y difundir a muchos autores que consideramos buenos. Y alrededor de ese objetivo, tenemos otras actividades.
¿Cuáles son las otras actividades que hacen en paralelo a la edición de libros?
Por un lado tenemos un grupo de traducción en el que estamos trabajando hace varios años, con el que traducimos a escritores y poetas, sobre todo muchos anglosajones. Pero no los traducimos de una forma tradicional, sino con un sistema que fuimos desarrollando, que es traducirlos con jerga “chapita”, que es como un slang que se podría clasificar como rioplatense pero que es otra cosa, porque es justamente algo propio, algo “chapita”. Y por otro lado también enseñamos a otros chicos y a grupos de editores del interior a editar sus propios libros. Viajamos a las provincias, les contamos a los chicos como es este oficio, lo vamos difundiendo entre ellos, porque también creemos que es algo que podemos enseñar. En el interior del país y también en Buenos Aires es muy impresionante lo que pasa con las ferias de libros independientes, que son lugares en donde hay muchísima gente talentosa. Nosotros también estamos en esos lugares y nos interesa el intercambio para que cada vez más gente pueda llegar a editar sus propios libros, a tener sus propias editoriales.
¿Cómo fabrican cada libro, que es artesanal y único?
Lo hacemos todo en mi casa. Primero voy, compro, el cartón, lo hago cortar, después lo doblo, lo pegamos, si tenemos el texto diseñamos los interiores en InDesign, PageMaker o Quark Press, imprimimos los interiores y los pegamos a la tapa. A la tapa, antes de pegarla al interior, la serigrafiamos: primero el fondo, después la tipografía, y después lo que nosotros llamamos el “tunning”, que son las cosas que le ponemos arriba de las tapas, como las chapitas o las cosas que vamos inventando. Un día se nos ocurrió la chapita, que calzó perfecto, salió de una manera fácil y fue lo que dio el nombre y queda muy bien. Es todo artesanal, cada libro es único, y por eso también nuestro sistema no es por consignación, como se hace en general el intercambio entre las librerías y las editoriales. Nosotros directamente vendemos los libros a las librerías, porque creemos que son muy valiosos, cada uno por sí mismo.
¿Qué autores reúnen en su proyecto?
Nuestro proyecto es amplio. Ahora estamos editando autores jóvenes, de hasta 25 años. Hay otros más grandes, pero hay muchos de menos de 25, como Matías Heer, que es un gran poeta y traductor, a pesar de sus pocos años. Como él, de su edad, editamos “Pintó el arrebato”, de Oscar Fariña, un texto que originalmente surgió de los blogs, de un fotolog. Entonces la gente lo veía y preguntaba si había surgido del blog. Chapita nació mucho de los blogs, y de hecho uno de los nombres que habíamos pensado al principio era “des-blog” (risas).

